Ni muertos, ni conquista, ni extracción. La factura es un orden de dos escrituras que dio notación visible a una exclusión preexistente —Ki no Tsurayuki escribiendo como mujer en 935 para poder siquiera usar el kana; Murasaki Shikibu negándose hacia 1008 a trazar el carácter 一 ante testigos—; una distinción fonológica que el siglo VIII sabía escribir y el X ya no; nueve siglos en que el derecho, la doctrina y la historia siguieron en una lengua que nadie hablaba; y un reglamento escolar de 1900 que acabó con mil años de formas variantes y cortó al lector común del pasado manuscrito.
CONNECTIONS · 712–1008 · LANGUAGE · From Chino Tang → Japonés de Heian

Japón aprendió a escribirse desgastando los caracteres chinos (h. 900)

Dos silabarios sin inventor, sin fecha de invención y sin decreto —uno abrasado por la mano cursiva, otro recortado de los márgenes de los sutras budistas—, que dieron a la corte de Heian la *Historia de Genji* y un muro que atraviesa su propia alfabetización.

Japón llevaba cuatro siglos escribiendo antes de los kana, y lo hacía en chino, una lengua que allí nadie hablaba. Los silabarios no se diseñaron: se desgastaron —el hiragana, a partir de caracteres cursivos trazados demasiado deprisa; el katakana, recortado de los márgenes de los sutras que los monjes glosaban—. En 905 la corte firmó en kana una antología imperial. Nunca dejó de escribir sus leyes en chino.

Una hoja de caligrafía japonesa en kana, en columnas de escritura cursiva fluida sobre papel pálido decorado, procedente de un manuscrito del siglo XI del Kokin wakashū.
Cuatro poemas del manuscrito Sekido del Kokin wakashū, mediados o finales del siglo XI, tradicionalmente atribuido al calígrafo Fujiwara no Yukinari. Tinta sobre papel decorado. La mano enlaza varias moras sin levantar el pincel y emplea más de una forma de letra para la misma sílaba: la pluralidad gráfica que la normalización de 1900 vendría a cancelar. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Traditionally attributed to Fujiwara no Yukinari. Four Poems from the Sekido Version of the Collection of Poems Ancient and Modern (Sekido-bon Kokin wakashū), mid- to late 11th century. The Metropolitan Museum of Art, New York. CC0 (Open Access) via Wikimedia Commons. · CC0

Una corte que sabía escribir y no sabía escribirse

Hacia el año 800 los japoneses llevaban cuatro siglos escribiendo. Es el dato que el relato popular de los kana pierde una y otra vez, y de él depende todo lo demás. El archipiélago no era analfabeto antes de los silabarios. Era extremadamente letrado, en chino.1

El Estado del ritsuryō, que trasladó su capital a Heian-kyō en 794, funcionaba a base de documentos. Disponía de un código penal y administrativo calcado del estatuto Tang, un Ministerio de Ceremonial, gobernadores provinciales que presentaban registros fiscales, una universidad que enseñaba los clásicos chinos a los hijos de los funcionarios y un establecimiento budista con un canon de miles de rollos. Todo ello estaba redactado en chino literario, por japoneses, para otros japoneses, en una lengua que ninguno de ellos hablaba.2 Los documentos sobre madera —los mokkan—, recuperados por decenas de miles en los yacimientos del período Nara, muestran la misma competencia muy por debajo del nivel cortesano: recuentos, etiquetas, requisiciones, hojas de práctica en las que un escribano ha copiado cuarenta veces un carácter hasta acertarlo.3

De modo que el problema nunca fue que Japón no supiera escribir. Era más estrecho y más incómodo: el japonés no es el chino, y una escritura concebida para el chino no le sirve.

Conviene precisar cuánto costaba adquirir esa alfabetización, porque eso determina quién la tenía. El estudiante de la universidad estatal, el Daigakuryō, trabajaba los clásicos chinos bajo una tradición de lectura transmitida oralmente del maestro al discípulo; el plan de estudios suponía años y las plazas estaban reservadas por rango. Por debajo de ese nivel, los escribanos de los ministerios y las provincias aprendían copiando, y los mokkan conservan sus hojas de ejercicio. En ambos casos el precio de entrada era el mismo: varios años de instrucción sostenida en una lengua extranjera, al alcance de hombres adscritos a una institución. En el Japón de Heian la alfabetización no era una destreza que se adquiriera. Era una posición que se ocupaba.122

Dos lenguas que no encajan

El chino clásico es analítico y carece casi por completo de flexión. El orden de palabras hace el trabajo gramatical; un carácter es una palabra. El japonés es aglutinante. Construye el sentido apilando sufijos sobre raíces —tiempo, negación, causación, cortesía, evidencialidad— y marca la función de cada sustantivo con una partícula que lo sigue. Una oración japonesa es sobre todo gramática. Una oración china es sobre todo léxico.

Escribir japonés con caracteres chinos supone, por tanto, resolver un problema que el chino nunca tuvo que resolver: cómo escribir las desinencias. No existe un carácter para el sufijo de pasado -ki, porque el chino no lo tiene. No existe uno para la partícula de tema wa. Los japoneses habían heredado un sistema de escritura capaz de registrar todos los sustantivos de su lengua y casi nada del tejido conjuntivo que los une.1

Lo resolvieron como lo ha resuelto siempre quien se ha visto en ese trance: desgajando los caracteres de su significado para emplearlos por su sonido. Un carácter como 安, an, «paz», podía servir para escribir la sílaba a, no porque el escribano quisiera decir paz, sino porque el carácter sonaba aproximadamente bien. La erudición moderna llama a esta práctica man'yōgana, por la antología en la que alcanza su desarrollo pleno.4

Una página de antiguo manuscrito japonés escrita densamente en columnas de caracteres chinos, con pequeñas anotaciones entre las líneas.
El Genryaku kōhon Man'yōshū, manuscrito de la antología del siglo XI, cotejado y anotado en 1184 según la inscripción de su último volumen. El japonés se escribe aquí enteramente con caracteres chinos, unos leídos por su significado y otros valiendo solo por su sonido: el sistema que la erudición moderna llama man'yōgana, que empleaba fonográficamente unos novecientos setenta caracteres distintos. Museo Nacional de Tokio.
Genryaku kōhon Man'yōshū, 11th century, collated 1184. Tokyo National Museum. CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons. · CC BY-SA 3.0

La solución del Man'yōshū y lo que costaba usarla

El Man'yōshū, compilado por etapas y sin ningún poema datable después de 759, es el gran monumento de la escritura fonográfica en japonés y la mejor demostración de por qué a la larga tenía que aparecer un silabario.4 A lo largo de sus veinte libros emplea alrededor de novecientos setenta caracteres chinos distintos por su solo valor sonoro, a menudo varios caracteres diferentes para la misma sílaba, escogidos por su aspecto en la página, por el significado que introducen de contrabando, por la alusión o por ninguna razón recuperable.7

Repárese en lo que esto exige de un lector. Al abrir un poema debe decidir, carácter a carácter, si el grafo que tiene delante es:

  • un carácter chino leído por su significado al que se le suple una palabra japonesa (lectura kun);
  • un carácter chino leído por su valor sinojaponés dentro de un compuesto;
  • un carácter chino que vale puramente por una sílaba japonesa, descartado el sentido;
  • un carácter metido en un juego visual o de adivinanza, como escribir la secuencia ni-ku-ku con el grafo de «ochenta y uno», porque ochenta y uno es nueve por nueve y nueve se dice ku.

Los cuatro casos aparecen, a veces en el mismo verso. El Man'yōshū contiene poemas que nadie ha leído nunca a satisfacción general; la apertura del poema 9, la crux llamada Makukamu, lleva mil años suscitando lecturas y sigue sin tener ninguna aceptada.47

Repárese ahora en lo que exige de quien escribe. Para escribir la sola mora ka, un escribano podía trazar 加 (cinco trazos), 迦 (nueve), 賀 (doce) o 甲 (cinco). Escribir fonográficamente un waka de treinta y una sílabas podía requerir sin dificultad doscientas pinceladas. No es un sistema que nadie emplee para garabatear una nota.

Conviene no perder de vista la advertencia de David Lurie. La secuencia de los manuales —caracteres chinos, luego man'yōgana, luego sōgana cursivos, luego hiragana— se lee como una escala de eficiencia creciente ascendida por una nación que encuentra su voz. No fue nada de eso. El Japón antiguo sostuvo varias alfabetizaciones a la vez, empleadas con fines distintos por grupos distintos, que se solaparon y compitieron durante siglos en lugar de sucederse.1 Komatsu Hideo formula el mismo argumento desde el lado japonés y lo lleva más lejos: la genealogía pulcra que va del man'yōgana al hiragana es una reconstrucción moderna impuesta a unos datos que no sostienen una sola línea de descendencia.19

Lo que el siglo VIII oía

El estado «anterior» poseía aún algo que el «posterior» ya no tuvo, y es el renglón más silencioso del pasivo de este expediente.

Las grafías man'yōgana del siglo VIII no son arbitrarias en su elección entre los caracteres disponibles para una sílaba. En unas trece sílabas del japonés antiguo —ki, hi, mi, ke, he, me, ko, so, to, no, mo, yo, ro y sus correlatos sonoros— los escribanos reparten los caracteres disponibles en dos conjuntos constantes y jamás los mezclan. Ishizuka Tatsumaro, discípulo del filólogo Motoori Norinaga, advirtió el patrón a finales del siglo XVIII; fue redescubierto y sistematizado en el XX y se conoce como distinción kō-otsu.27

La distinción es real. El japonés del siglo VIII tenía contrastes vocálicos que el del X ya no tenía, y quienes lo escribían los oían y los anotaban. En el siglo IX los contrastes se derrumban; en el X han desaparecido de la lengua y, lo que resulta decisivo, de la escritura, porque un silabario de un signo por mora no tiene dónde alojarlos.2 Los kana son mejor instrumento que el man'yōgana en todos los aspectos prácticos y peor en este: ya no pueden escribir una distinción que su predecesor escribía.

La transmisión: desgaste, glosa y una corte que deja de importar

Aquí no hay momento fundacional, y la ausencia es lo esencial. Los kana no tienen inventor, ni fecha de invención, ni edicto de promulgación, ni volumen explicativo. Puestos al lado del caso coreano tres siglos más tarde —un rey con nombre, un año documentado, un libro que explica la forma de cada letra—, la escritura japonesa es huérfana. No se diseñó. Se desgastó.

Cesan las embajadas

El marco político cambió primero. Japón enviaba embajadas oficiales a la corte Tang desde 630: los kentōshi, misiones de cientos de hombres que cruzaban el mar de China Oriental en naves que a menudo no llegaban, con estudiantes y monjes que permanecían años y regresaban con manuscritos, reliquias, instrumentos y vocabulario. Kūkai y Saichō, fundadores entre ambos de las escuelas Shingon y Tendai, viajaron en la embajada de 804.18

Para 894 estaba prevista una vigésima misión. Sugawara no Michizane —erudito, poeta, el estilista chino más consumado de su generación y el hombre designado para encabezarla— aconsejó al emperador Uda que la cancelase, alegando el desorden de la Tang tardía y el riesgo de la travesía. Uda la canceló. No volvió a zarpar ninguna embajada oficial, y la propia Tang se derrumbó en 907.18

Esto no puso fin al contacto japonés con China; mercaderes y monjes siguieron cruzando y los libros siguieron llegando. Pero sí puso fin a la época en que la política cultural de la corte consistía en importar con calendario estatal. Lo que hizo el siglo IX fue digerir lo que ya tenía. Los kana emergen exactamente en esa ventana.

Desgastar los caracteres

Los caracteres chinos trazados deprisa pierden trazos. No es un fenómeno japonés: es la razón de ser de la mano sōsho, la «hierba», en China, y los escribanos japoneses la habían heredado junto con todo lo demás. Lo que ocurrió en Japón es que las formas cursivas de los caracteres empleados fonográficamente siguieron erosionándose más allá del punto en que aún se reconocían como los caracteres de los que procedían, y entonces se detuvieron, porque una marca que ha perdido toda su redundancia no puede perder más y seguir siendo legible.

El resultado es un conjunto de grafos cuya ascendencia se ve en cuanto se señala y no se ve de otro modo:

Carácter de origen Sonido Resultado cursivo (hiragana) Resultado abreviado (katakana)
安 an, «paz» a あ —
阿 a a — ア (solo el elemento izquierdo)
以 i, «por medio de» i い —
伊 i i — イ (solo el elemento izquierdo)
宇 u, «alero» u う ウ (solo el elemento superior)
加 ka, «añadir» ka か カ (solo el elemento izquierdo)
幾 ki, «cuántos» ki き —
呂 ro ro ろ ロ (solo el elemento superior)
奈 na na な ナ (solo el elemento superior)
留 ru ru る ル (solo el elemento inferior)

Las dos columnas de la derecha proceden de dos operaciones distintas, y este es el hecho estructural más importante de la escritura japonesa. El hiragana es el carácter entero, ligado y abrasado. El katakana es un fragmento del carácter, recortado y conservado. No son dos estilos de una misma escritura. Vienen de prácticas distintas, hechas por gente distinta, por razones distintas.310

El lado del hiragana es anónimo. Nadie deja constancia de haberlo hecho. Lo que sobrevive es el producto: cerámica exhumada en noviembre de 2011 del solar de la residencia kioteña de Fujiwara no Yoshimi (813-867), anunciada por el Instituto Municipal de Investigación Arqueológica de Kioto el 28 de noviembre de 2012, con hiragana cursivo ligado en líneas continuas y con alusiones literarias. Nishiyama Ryōhei, de la Universidad de Kioto, que examinó los fragmentos, calificó el hallazgo de precioso precisamente por esas líneas ininterrumpidas: no es experimentación, es fluidez.12 Las piezas datan de mediados del siglo IX y retrasan unos cincuenta años la atestación del kana cursivo maduro, situándolo en vida de un ministro en ejercicio.

Ese detalle merece frase propia. El hiragana fluido más antiguo que conservamos se tiró en el recinto de uno de los hombres más poderosos del país, en la generación anterior al Kokin wakashū. Fueran cuales fueran las asociaciones posteriores de la escritura, estuvo en uso en la cúspide del orden político desde el principio.

Leer en voz alta: el katakana salido de los márgenes

El katakana viene de la dirección contraria: no de escribir japonés, sino de leer chino.

Un monje japonés ante un sutra en chino literario no lo leía en chino. Lo leía como japonés, reordenando las palabras sobre la marcha y supliendo las partículas y desinencias verbales que el chino no escribe: la práctica llamada kundoku, «lectura por glosa». John Whitman ha demostrado que no se trata de una excentricidad japonesa, sino de una técnica asiático-oriental general, atestiguada en Corea y en las esferas kitán y tangut.10 Para ejercerla con seguridad sobre un texto difícil, y para enseñarla, el lector debía inscribir su análisis en la página: marcas que indicaban a qué carácter saltar a continuación, puntos colocados en posiciones fijas alrededor de un carácter para señalar qué partícula lo seguía (el sistema okototen) y pequeños signos fonéticos para las desinencias mismas.911

Esos signos tenían que ser pequeños, rápidos e inconfundibles contra las columnas del texto principal. Los caracteres man'yōgana enteros no eran nada de eso. Así que los glosadores los recortaron, no por abrasión cursiva sino por amputación, conservando un elemento identificable del carácter y desechando el resto. 伊 conserva su radical izquierdo y se convierte en イ. 呂 conserva su caja superior y se convierte en ロ. 八 permanece tal cual como ハ. La angulosidad del katakana, que parece una decisión de diseño, es consecuencia del comportamiento del pincel en un canalillo de dos milímetros.

El testimonio sustancial más antiguo es el Tōdaiji fujumonkō, borrador de sermones budistas compuesto en el Tōdaiji entre 796 y 830 aproximadamente, cuyo esquema okototen y cuyo vocabulario lo vinculan a la escuela Hossō.89 En julio de 2003 un equipo de investigación de Nara informó de marcas semejantes a イ y リ, grabadas con punzón de bambú afilado en una copia del período Nara del Kegon-kyō conservada en el Tōdaiji: inscripciones sin tinta que retrasarían la práctica hasta el siglo VIII.3

El estudio de Tsukishima Hiroshi sobre el kanbun kundoku de Heian estableció el punto que gobierna todo lo demás: la tradición de glosa desarrolló convenciones, léxico y gramática propios, distintos del japonés que nadie hablaba, y se transmitió dentro de instituciones —linajes de templos, casas eruditas— que tenían todas las razones para mantenerla estable.11 El katakana nació, pues, institucional, masculino, clerical y adherido al chino. Nunca tuvo que pelear por su legitimidad, porque nunca se presentó como rival de nada.

Poner las letras en orden

Un conjunto de signos no es todavía una escritura. Lo es cuando todos coinciden en cuáles son los signos y —para enseñar, indizar, recitar— en qué orden vienen. Japón produjo dos respuestas a esa pregunta, ambas salidas de la erudición budista, y sigue usando las dos.

La primera es el gojūon, los «cincuenta sonidos»: una retícula de cinco vocales de ancho y nueve o diez series consonánticas de alto, en el orden a-i-u-e-o y k-s-t-n-h-m-y-r-w. Esa secuencia no es arbitraria ni es china. Es el orden sánscrito, clasificado por el punto de articulación de la consonante —velares, luego sibilantes, luego dentales, luego nasales, y así sucesivamente—, llegado a Japón a través del shittan, el estudio de la escritura siddham en la que se consignaban los mantras del budismo esotérico. Kūkai trajo materiales siddham de Chang'an en 806.183 La tabla más antigua que se conserva con esta disposición figura en el Kujakukyō ongi, comentario fonético del Sutra del Pavo Real fechado hacia 1004-1028.24 Los escolares japoneses siguen aprendiendo su silabario en un orden que unos gramáticos indios establecieron para el sánscrito y que unos monjes japoneses importaron para salmodiarlo correctamente.

La segunda es el iroha, un poema que emplea cada una de las sílabas de la lengua exactamente una vez: un pangrama perfecto y, de propina, una declaración budista sobre la impermanencia. La tradición lo atribuye a Kūkai; la atribución es imposible, pues la lengua del poema pertenece a una fase del japonés posterior a la suya. Aparece por primera vez, escrito en man'yōgana, en el Konkōmyō saishōōkyō ongi de 1079, guía de lectura del Sutra de la Luz Dorada.253

Ambas ordenaciones son, pues, productos de la lectura de la escritura budista. El silabario que se recuerda como la escritura nativa, femenina y literaria recibió su orden alfabético de la fonología sánscrita y su mnemotecnia de un comentario de sutra, y ninguno de esos hechos fue jamás un secreto. Sencillamente no forman parte del relato que se cuenta.

Los testimonios fechados

La transmisión no tiene fecha única, pero sí una serie de superficies donde puede sorprenderse:

Fecha Testimonio Qué muestra
712 Kojiki Ō no Yasumaro plantea el problema sin rodeos: el japonés no puede escribirse solo en chino, y escribirlo fonográficamente resulta insoportablemente largo
tras 759 Man'yōshū La escritura fonográfica en su máxima extensión: unos 970 caracteres en uso sonoro, con las distinciones kō-otsu intactas
h. 796-830 Tōdaiji fujumonkō La glosa en katakana sustancial más antigua, con okototen
h. 850-867 Fragmentos cerámicos del solar de Fujiwara no Yoshimi, Kioto Hiragana cursivo fluido con alusión literaria, excavado en 2011, anunciado en 2012
894 Cancelación de los kentōshi Fin de la importación continental con calendario estatal
905 Kokin wakashū Primer encargo imperial escrito en kana; prefacio en kana de Tsurayuki junto al prefacio en chino de Yoshimochi
935 Tosa nikki Primera prosa literaria sostenida en kana, escrita por un hombre con voz de mujer
h. 1000 Makura no sōshi La prosa cortesana como instrumento de juicio e ingenio
h. 1000-1012 Genji monogatari La novela vernácula extensa
h. 1008-1010 Murasaki Shikibu nikki El arreglo descrito desde dentro, por alguien a quien constriñe

Qué cambió y qué fue sustituido

905: el Estado firma en kana

El Kokin wakashū fue encargado por el emperador Daigo y presentado en 905, la primera de veintiuna antologías de poesía japonesa ordenadas por la corte.13 Su alcance para la escritura es institucional más que literario: es el momento en que la corte estampa su sello sobre un documento redactado en kana. Poemas en japonés los había habido siempre; lo que no había existido era un texto oficial, canónico, encargado por el emperador, en la escritura vernácula.

La antología lleva dos prefacios, y la pareja resume todo el argumento. Ki no Yoshimochi escribió uno en chino literario: el prefacio mana, «de caracteres verdaderos». Ki no Tsurayuki escribió el otro en kana. El de Tsurayuki se abre así:

La poesía japonesa tiene por semilla el corazón humano y florece en una miríada de hojas de palabras.13

Es la primera pieza sostenida de crítica literaria en japonés, y se ha dicho de ese pasaje que es el texto de prosa profana más comentado de la tradición.23 Pero adviértase lo que significa la presencia de dos prefacios. La corte no decidió que la antología fuera en japonés. Decidió que la antología fuera en japonés y además debidamente presentada en chino. El prefacio chino no era una cortesía. Era la versión que hacía oficial el libro.

Un fragmento de caligrafía japonesa del siglo XI: columnas de kana cursivo fluido que descienden sobre papel envejecido.
El Kōya-gire, segunda mano: fragmento del manuscrito más antiguo que se conserva del Kokin wakashū, escrito hacia 1050. La tradición lo atribuía al propio Ki no Tsurayuki; en realidad es un siglo posterior a él, lo que resume bastante bien cómo se ha recordado la escritura de Heian. Las columnas se apartan de la vertical y se recomponen, cadencia imposible en caracteres chinos y propia de los kana cursivos.
Kōya-gire, fragment of the Kokin wakashū, second group, early 11th century. Reproduced in Shogei, vol. 5, no. 6 (Tokyo: Heibonsha, August 1935). Public domain via Wikimedia Commons. · Public domain

935: Tsurayuki finge ser mujer

Treinta años después, de regreso de su mandato como gobernador provincial de Tosa, el mismo Ki no Tsurayuki escribió en kana un diario de viaje de cincuenta y cinco días. Lo abrió anunciando que los diarios los escriben los hombres y que él —escribiendo como mujer— se proponía intentar uno de todos modos.14

El Tosa nikki es el texto fundacional de la prosa literaria japonesa y empieza con un disfraz. El disfraz delata la regla que esquiva: nikki designaba el registro fechado, oficial, en lengua china, que un funcionario varón llevaba de los asuntos de la corte, y el hombre que quisiera escribir otra cosa —algo con sentimiento, en su propia lengua, en su propia escritura— tenía que salirse de su propio sexo para hacerlo. Tsurayuki era el poeta más distinguido de su generación y un alto funcionario. Podía escribir cualquier cosa. Escribió esto, con esta voz, porque la alternativa no existía en el registro que quería.

Lo que sigue en los setenta y cinco años siguientes es una de las concentraciones de logro literario más densas de cualquier lengua. El Taketori monogatari, el Ise monogatari, el Kagerō nikki, el Libro de la almohada de Sei Shōnagon, la Historia de Genji de Murasaki Shikibu: un cuerpo de ficción en prosa y escritura personal en lengua vulgar que, en esa fecha, no tenía equivalente en ninguna parte del mundo, y escrito en buena medida por mujeres.23

La segunda habitación

Resulta tentador, y es falso, describir esto como una sustitución del chino por el kana. Nada fue sustituido. Lo que el siglo X construyó fue una división del trabajo, y se mantuvo novecientos años.

Lo que permaneció en chino literario:

  • Los códigos jurídicos y toda la documentación administrativa y fiscal
  • Las historias oficiales, hasta el Nihon sandai jitsuroku de 901
  • La totalidad del canon budista y prácticamente todo el comentario doctrinal
  • La correspondencia diplomática
  • El plan de estudios de la universidad estatal y la erudición asociada
  • Los diarios oficiales fechados de los cortesanos varones —el Midō kanpakuki de Fujiwara no Michinaga, por ejemplo, redactado en los mismos años que el Genji
  • La medicina, la ciencia calendárica, la adivinación

Lo que pasó al kana:

  • La poesía waka y las antologías imperiales
  • La ficción en prosa: los monogatari
  • Los diarios y memorias personales, incluidos los de hombres cuando no eran oficiales
  • La correspondencia privada
  • Los textos devocionales y populares dirigidos a lectores sin chino

El arreglo no lo impuso nadie. Ningún edicto asignaba el chino al derecho y el japonés a la poesía; ninguna oficina vigilaba la frontera. Se mantuvo por lo que cada escritura servía y por quién estaba formado en ella, mecanismo más duradero que una norma. Fujiwara no Michinaga, regente de hecho desde 995 y el hombre más poderoso de Japón, llevaba su diario oficial —el Midō kanpakuki, del que se conservan porciones de su puño y letra— en chino literario, en los mismos años en que las mujeres de la casa de su hija producían el Genji. No obedecía una prohibición. Escribía la clase de documento que escribía.23

El estudio regional de Peter Kornicki plantea con nitidez la comparación: toda cultura letrada de la esfera sinográfica —Corea, Vietnam, los Estados kitán y tangut— construyó alguna versión de este arreglo, y en cada caso la escritura vernácula ocupó el espacio que la china declinaba llenar, en vez de desplazarla.18 La versión japonesa solo fue insólita por la rapidez y la calidad con que se amuebló el lado vernáculo.

La letra plural

Cambió una cosa más y, como después se deshizo, es fácil pasarla por alto. Los kana que usaron los siglos X y XI no eran un conjunto cerrado de unos cuarenta signos. Eran un conjunto abierto de varios centenares.

Como cada grafo descendía de un carácter chino completo, y como para la mayoría de las sílabas había habido más de un carácter disponible, el escribano heredaba una elección: la mora ka podía escribirse a partir de 加, o de 可, o de 閑, cada uno abrasado hasta una forma distinta. Todas eran correctas. Una mano avezada se movía entre ellas dentro de una misma línea, eligiendo según la forma del trazo anterior, según la corrida de la columna, según el peso de tinta que quedara en el pincel. Los grandes manuscritos decorados —el Kokin wakashū Sekido-bon, el Sanjūrokunin kashū reunido en el Nishi Honganji hacia 1112— son hermosos de un modo sin equivalente europeo justamente por esto: la escritura no es la transcripción del poema, es una ejecución suya, dispersa sobre papel teñido y salpicado de oro, en columnas que se rompen y reanudan.2223

Dicho de otro modo, el juicio caligráfico estaba incorporado a la alfabetización ordinaria en vez de reservado a especialistas. Escribir en kana era tomar varias decenas de decisiones estéticas por línea. No es poca cosa haberlo tenido, ni poca cosa haberlo perdido; la pérdida ocurre en 1900 y pertenece a la sección del coste que sigue.

La escritura mixta y la larga carrera del katakana

Lo tercero en surgir, y lo que de hecho se impuso, no fue ninguno de los dos silabarios por separado. El kanji-kana majiribun —caracteres chinos para las palabras plenas, kana para la gramática— es la forma que el japonés moderno sigue adoptando, y aparece pronto. El manuscrito Suzuka-bon del Konjaku monogatarishū, custodiado en la Universidad de Kioto y datado en el siglo XII, es su gran testimonio temprano: una vasta colección de más de mil relatos de la India, China y Japón, escrita en caracteres con katakana haciendo el trabajo flexivo.20

Una página de manuscrito japonés del siglo XII en la que grandes caracteres chinos alternan con pequeños katakana angulosos que marcan las desinencias gramaticales.
Una página del Konjaku monogatarishū Suzuka-bon, siglo XII, custodiado en la Biblioteca de la Universidad de Kioto. Los caracteres chinos portan las palabras plenas; pequeños katakana angulosos portan las partículas y las desinencias verbales. Es el kanji-kana majiribun: la escritura mixta que el japonés moderno sigue usando y la forma en que el Estado Meiji imprimiría sus estatutos setecientos años después.
Suzuka-bon Konjaku monogatarishū, vol. 27, 12th century, Kyoto University Library. Facsimile in Nihon koten bungaku taikei, vol. 25 (Tokyo: Iwanami Shoten, 1962). CC0 via Wikimedia Commons. · CC0

Adviértase cuál de los silabarios cumple esa función. Como el katakana había nacido siendo aparato erudito para leer chino, no arrastraba ninguna de las asociaciones del hiragana con el sentimiento privado y era, por tanto, el que podía mezclarse en un texto serio sin rebajar su registro. Esa herencia llegó lejísimos. Cuando el Estado Meiji empezó a imprimir estatutos, ordenanzas, manuales militares, telegramas y formularios oficiales a finales del siglo XIX, los imprimió en caracteres y katakana. El Rescripto Imperial sobre la Educación de 1890 está en caracteres y katakana. El derecho japonés se escribió así hasta las reformas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.3

La glosa popular —hiragana para las palabras japonesas, katakana para las extranjeras— describe, pues, un arreglo que apenas tiene ochenta años. Durante su primer milenio el katakana fue la escritura del Estado, y el hiragana la de todo aquello que al Estado no le interesaba.

Cuál fue el coste

Nadie murió por los kana. Aquí no hay conquista, ni extracción, ni población sometida, ni biblioteca quemada. La factura propia de la transmisión es pequeña, y lo honrado con una factura pequeña es desglosarla con exactitud en lugar de inflarla.

El muro dentro de la corte

El coste más nítido es el que la corte de Heian se infligió a sí misma, y su mejor testigo es la escritora que más tenía que perder.

Murasaki Shikibu, hija del funcionario provincial y sinólogo Fujiwara no Tametoki, había aprendido chino literario de niña escuchando las lecciones de su hermano y adelantándolo. Sirvió en la casa de la emperatriz Shōshi desde alrededor de 1006. En su diario, escrito hacia 1008-1010, consigna que una dama de honor, Saemon no Naishi, había dado en llamarla Nihongi no mitsubone, «Nuestra Señora de las Crónicas», después de que el emperador, al oír leer capítulos del Genji, comentara que su autora debía de haber leído el Nihon shoki. El apodo no era un cumplido. La señalaba como mujer que exhibía un saber que no le correspondía exhibir.15

Su respuesta, en sus propias palabras, es que desde entonces ha dejado de escribir siquiera el carácter 一 —«uno», un solo trazo horizontal— allí donde alguien pueda verlo. Se describe evitando las inscripciones de los biombos.15 En otro lugar anota que había estado leyendo poesía china con la emperatriz en secreto, en ratos sueltos en que no había nadie cerca, y que le había parecido mejor no decírselo a nadie.15

Esto no es la metáfora de un coste. Es un coste: una contracción concreta, fechada y autoinfligida, impuesta por una norma que el orden de dos escrituras puso a disposición. El arreglo no creó la exclusión de las mujeres de la vida pública, más antigua y más amplia. Lo que hizo fue dotar a esa exclusión de una notación: un modo de marcar, en la forma visible de un texto, a qué lado del muro se situaba quien lo escribía.

Cuánto de esto es un hecho de Heian y cuánto es moderno

Aquí el expediente ha de ser cuidadoso, porque la versión de esta historia que la mayoría de los lectores ha encontrado es en buena medida un invento moderno, y repetirla sin crítica sería un fallo en sí mismo.

El relato corriente dice: el kana era onnade, «mano de mujer», la escritura nativa femenina, frente al otokode, «mano de hombre», masculina y extranjera; las mujeres tenían vedado el chino; y la gloria de la literatura de Heian es la gloria de una feminidad nativa reprimida que encuentra su voz. El estudio de Tomiko Yoda rastrea ese relato desde la filología nativista del siglo XVIII hasta los departamentos de literatura nacional de la universidad japonesa moderna, y muestra cuánto trabaja al servicio de un argumento del siglo XX sobre la identidad nacional en lugar de describir la práctica del siglo X.16 La afirmación de que a las mujeres de Heian se les prohibía el saber chino no resiste el contacto con los textos: el Libro de la almohada de Sei Shōnagon exhibe saber chino continuamente y es recompensada por ello dentro del propio libro, y los especialistas del período han documentado suficiente trato de mujeres con el chino como para hacer insostenible una prohibición tajante.17

La versión defendible es más estrecha y, si acaso, más incómoda. La restricción no recaía sobre la competencia, sino sobre la exhibición. Una mujer podía leer chino. No podía ser vista haciéndolo. El diario de Murasaki es prueba exactamente de esa distinción —no describe un muro que la dejara fuera, describe una actuación que ha de sostener—, y es la actuación, no la prohibición, lo que la escritura hizo legible.

Los hombres, por su parte, escribían kana constantemente, de Tsurayuki a Michinaga, y los fragmentos de la residencia de Yoshimi muestran hiragana fluido dentro de la casa de un ministro ya en la década de 860. El orden de dos escrituras fue asunto de género literario y de ocasión mucho antes de ser asunto de sexo.161

Una fonología que ya no podía escribirse

El segundo renglón es el colapso kō-otsu descrito más arriba, y debe enunciarse sin melodrama ni desdén. Quienes escribían en el siglo VIII distinguían dos series en unas trece sílabas y anotaban la distinción con constancia; quienes escribían en los siglos IX y X ya no lo hacían, y los kana no ofrecen medio alguno de hacerlo.27 La distinción estaba desapareciendo del habla en esa misma ventana, de modo que la escritura no la mató. Pero el resultado es que el registro fonológico del japonés antiguo solo existe en el sistema que los kana sustituyeron, y que un lector japonés que hoy se acerque al Man'yōshū lee una lengua cuyo sistema de sonidos su propia escritura no sabe representar.

1900: el reglamento que mató las variantes

El último renglón no es obra de la corte de Heian, y el expediente debe decirlo con claridad. Pero pertenece a la misma cuenta, porque lo que destruyó era aquello de lo que los kana estaban hechos.

A lo largo de toda su historia los kana habían sido plurales. Nunca hubo un hiragana por mora. Quien escribiera en el siglo X, en el XVI o en el XIX disponía de varias formas admitidas para la mayoría de las sílabas, descendientes de caracteres de origen distintos, y elegía entre ellas por el ritmo, por el aspecto de la línea, por el enlace con el grafo anterior y el siguiente. Esa pluralidad es la razón de la belleza del Kokin wakashū Sekido-bon y del Sanjūrokunin kashū del Nishi Honganji.

El reglamento de aplicación de la Tercera Ordenanza de Escuela Elemental, dictado por el Ministerio de Educación en 1900, fijó una forma de hiragana por mora para la enseñanza primaria.21 Todo lo demás pasó a ser hentaigana, «kana variante», categoría que no necesitó existir hasta el momento en que existió la norma. Las variantes no dejaron de usarse por decisión de quienes escribían. Salieron de las escuelas y después, en una generación, del público lector, y el resultado práctico es que la mayoría de los japoneses alfabetizados de hoy no sabe leer un documento manuscrito anterior a la época de sus bisabuelos.322 Varios centenares de formas de letra con mil años de uso continuo a sus espaldas fueron retiradas de la memoria activa de una cultura por un solo reglamento administrativo sobre la escuela primaria.

La cuenta

Expuesta llanamente, la factura de la transmisión dice así:

  1. Cero muertos, cero conquista, cero extracción. Los kana los hicieron escribanos que escribían deprisa. Nadie fue desplazado, gravado ni matado por ellos.
  2. Una notación para una exclusión preexistente. El orden de dos escrituras dio a la corte un modo visible de marcar desde qué posición se escribía, documentado en el disfraz de Tsurayuki en 935 y en la autocensura de Murasaki hacia 1008.
  3. Un registro fonológico vuelto inescribible. Las distinciones kō-otsu que el siglo VIII anotaba no pueden escribirse en la escritura que lo sucedió.
  4. Nueve siglos de autoridad partida. El derecho, la doctrina, la historia y la erudición siguieron en una lengua que nadie hablaba hasta el movimiento de vernacularización de Meiji, con todo lo que eso implica sobre quién podía participar en ellas.
  5. La normalización de 1900, que puso fin a mil años de pluralidad gráfica y separó al lector común del pasado manuscrito.

Frente a eso: un sistema de escritura en uso continuo desde hace mil cien años; el Kokin wakashū, el Tosa nikki, el Libro de la almohada y la Historia de Genji; y la demostración —bastante rara como para enunciarla— de que una cultura puede tomar una escritura construida para una lengua en nada parecida a la suya y, sin diseñador, sin decreto y sin plan, desgastarla hasta que le siente bien.

Conviene decir con claridad por qué el balance sale donde sale. La mayoría de los expedientes del atlas sobre sistemas de escritura ponen en presencia a un donante y a un receptor unidos por alguna relación política, y la factura suele escribirse en el espacio que los separa. Aquí no existe tal espacio. La Tang no envió los kana; la Tang ignoraba que los kana existieran; para cuando el hiragana fue fluido, la Tang había caído. Lo que Japón hizo con los caracteres chinos lo hizo a varios miles de kilómetros y, después de 894, sin canal diplomático. No había de quién extraer ni a quién resistir.

La consecuencia es que los costes de este expediente son todos internos: cosas que la corte de Heian y sus sucesores se hicieron a sí mismos, y en su mayor parte sin advertirlo. Eso los hace fáciles de infravalorar, porque no hay una víctima con nombre como la que aporta una conquista. La respuesta del atlas es contar lo que puede fecharse: un disfraz en 935, una mujer que hacia 1008 decide no trazar un único trazo horizontal, una distinción vocálica que deja de ser escribible entre el siglo VIII y el X, y un reglamento ministerial en 1900. Cuatro renglones fechados, ninguno de ellos una muerte, y que juntos enuncian con justicia lo que cuesta una escritura cuando no cuesta casi nada.

Lo que siguió

Dónde vive esto hoy

El hiragana (ひらがな) El katakana (カタカナ) El japonés de escritura mixta (漢字仮名交じり文) El canon del waka y las antologías imperiales La prosa cortesana de Heian: la Historia de Genji, el Libro de la almohada El furigana y la anotación ruby El hentaigana, como escritura de diseño y ceremonia

Referencias

  1. Lurie, David B. Realms of Literacy: Early Japan and the History of Writing. Cambridge, MA: Harvard University Asia Center, 2011. en
  2. Frellesvig, Bjarke. A History of the Japanese Language. Cambridge: Cambridge University Press, 2010. en
  3. Seeley, Christopher. A History of Writing in Japan. Brill's Japanese Studies Library 3. Leiden: E. J. Brill, 1991; reprinted Honolulu: University of Hawai'i Press, 2000. en
  4. 万葉集 (Man'yōshū), compiled in stages, no poem datable after 759. Genryaku kōhon manuscript, 11th century, Tokyo National Museum. ja primary
  5. 古事記 (Kojiki), presented to the court in 712, with the preface of Ō no Yasumaro. ja primary
  6. 犬飼隆 (Inukai Takashi). 『上代文字言語の研究』. 東京: 笠間書院, 1992; 増補版 2005. ja
  7. Miyake, Marc Hideo. Old Japanese: A Phonetic Reconstruction. London: RoutledgeCurzon, 2003. en
  8. 東大寺諷誦文稿 (Tōdaiji fujumonkō), composed c. 796–830. Tōdaiji, Nara. ja primary
  9. Alberizzi, Valerio Luigi. “An Introduction to Kunten Glossed Texts and Their Study in Japan.” Dossiers d'HEL 7 (2014): 21–30. Société d'Histoire et d'Épistémologie des Sciences du Langage. en
  10. Whitman, John. “The Ubiquity of the Gloss.” Scripta 3 (2011): 95–121. en
  11. 築島裕 (Tsukishima Hiroshi). 『平安時代の漢文訓読語につきての研究』. 東京: 東京大学出版会, 1963. ja
  12. 京都市埋蔵文化財研究所 (Kyoto City Archaeological Research Institute), announcement of 28 November 2012 on ninth-century hiragana-inscribed earthenware excavated in November 2011 from the Fujiwara no Yoshimi residence site, Nakagyō-ku, Kyoto. Comment by Nishiyama Ryōhei, Kyoto University. ja primary
  13. 古今和歌集 (Kokin wakashū), presented 905, with the kana preface of Ki no Tsurayuki and the mana preface of Ki no Yoshimochi. Translated by Laurel Rasplica Rodd with Mary Catherine Henkenius as Kokinshū: A Collection of Poems Ancient and Modern. Princeton: Princeton University Press, 1984. ja primary
  14. 紀貫之 (Ki no Tsurayuki). 土佐日記 (Tosa nikki), 935. Textual witnesses include Fujiwara no Teika's 13th-century copy and Fujiwara no Tameie's copy of 1236. ja primary
  15. 紫式部 (Murasaki Shikibu). 紫式部日記 (Murasaki Shikibu nikki), c. 1008–1010. Translated by Richard Bowring as Murasaki Shikibu: Her Diary and Poetic Memoirs. Princeton: Princeton University Press, 1982. ja primary
  16. Yoda, Tomiko. Gender and National Literature: Heian Texts in the Constructions of Japanese Modernity. Durham, NC: Duke University Press, 2004. en
  17. Mostow, Joshua S. “Mother Tongue and Father Script: The Relationship of Sei Shōnagon and Murasaki Shikibu to Their Fathers and Chinese Letters.” In The Father-Daughter Plot: Japanese Literary Women and the Law of the Father, edited by Rebecca L. Copeland and Esperanza Ramirez-Christensen. Honolulu: University of Hawai'i Press, 2001. en
  18. Kornicki, Peter Francis. Languages, Scripts, and Chinese Texts in East Asia. Oxford: Oxford University Press, 2018. en
  19. 小松英雄 (Komatsu Hideo). 『日本語書記史原論』. 東京: 笠間書院, 1998; 補訂版 2000. ja
  20. 今昔物語集 (Konjaku monogatarishū), Suzuka-bon manuscript, 12th century. Kyoto University Library. Facsimile in 『日本古典文学大系』 vol. 25. 東京: 岩波書店, 1962. ja primary
  21. 小学校令施行規則 (Enforcement regulations for the Third Elementary School Order), Ministry of Education, 1900, fixing one hiragana form per mora for elementary instruction. ja primary
  22. Kornicki, Peter F. The Book in Japan: A Cultural History from the Beginnings to the Nineteenth Century. Handbook of Oriental Studies. Leiden: Brill, 1998. en
  23. Shirane, Haruo, Tomi Suzuki, and David Lurie, eds. The Cambridge History of Japanese Literature. Cambridge: Cambridge University Press, 2016. en
  24. 孔雀経音義 (Kujakukyō ongi), phonetic commentary on the Mahāmāyūrī sutra, c. 1004–1028 — the earliest surviving syllabary table in gojūon order. ja primary
  25. 金光明最勝王経音義 (Konkōmyō saishōōkyō ongi), 1079 — the first appearance of the iroha pangram, written in man'yōgana in seven lines. ja primary

Lecturas adicionales

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OsakaWire Atlas. 2026. "Japan learned to write itself by wearing Chinese characters down (c. 900)" [Hidden Threads record]. https://osakawire.com/es/atlas/japanese_kana_from_kanji_900/