Merv en febrero de 1221 y Nishapur el 10 de abril, con cifras medievales de 1.300.000 y 1.747.000 que son retórica y estimaciones modernas de centenares de miles que son inferencias; Bagdad saqueada durante diez días en febrero de 1258 y el califato abasí terminado el día 20, tras quinientos ocho años; setenta años de arrendamiento de la renta, qubchūr cobrado varias veces al año y deuda ortogh que vaciaron aldeas que los ejércitos nunca alcanzaron; los qanats de Jorasán, según la tesis discutida de Petrushevski, dañados sin remedio; la presencia budista en Irán borrada después de 1295 y las comunidades cristianas de Irak despojadas de protección; y los hombres que hicieron la integración —Shams al-Dīn Juvaynī en 1284, Saʿd al-Dawla en 1291, Ṣadr al-Dīn Zanjānī en 1298, Rashīd al-Dīn en 1318, su hijo en 1336— ejecutados por el Estado al que habían hecho solvente.
CONNECTIONS · 1219–1335 · GOVERNANCE · From Imperio mongol euroasiático → Irán persianizado

Lo que los mongoles hicieron a Irán, y lo que Irán les hizo a ellos (1219-1335)

La conquista que se recuerda por haber acabado con la civilización islámica en Irán terminó dentro de ella. A los cuarenta años de Bagdad, los kanes mongoles gobernaban mediante una secretaría persa, en persa y por métodos persas; a los cincuenta, un visir persa escribía a su costa la primera historia del mundo; y el nombre político de Irán, sin uso desde los sasánidas, volvía a la cancillería. La destrucción fue real e irreparable. También lo fue la supervivencia, y esa supervivencia tuvo sus propias víctimas: cinco de los visires que la construyeron fueron ejecutados por el Estado al que hicieron solvente.

El 20 de febrero de 1258 el califa abasí al-Mustaʿṣim fue envuelto en una alfombra y pisoteado hasta morir por caballos a las afueras de Bagdad, poniendo fin a un califato de quinientos ocho años. Doce meses después, Hülegü pagaba un observatorio astronómico en Marāgha. Al año siguiente, el historiador persa que había cabalgado con el ejército hasta Bagdad y la había visto saquear gobernaba la ciudad para sus conquistadores, cargo que conservó veinticuatro años. Este es el registro de lo que vino después: un régimen de la estepa sin aparato fiscal propio contrató a la clase administrativa de la civilización que acababa de destrozar, y quedó absorbido por ella. Los mongoles se convirtieron, edificaron en ladrillo, acuñaron un dinar de ley fija y encargaron la primera historia del mundo que intentó abarcarlo entero. Lo que costó fue Jorasán, el califato, setenta años de depredación fiscal y casi todos los visires que hicieron el trabajo.

Una página de manuscrito persa del siglo XIV: jinetes con arcos y lanzas asaltan una ciudadela fortificada de ladrillo, pintados en una paleta sobria, encima y debajo de columnas de escritura árabe.
Una hoja del Jāmiʿ al-tawārīkh de Rashīd al-Dīn, copiada y pintada en el Rabʿ-i Rashīdī de Tabriz en la segunda década del siglo XIV y hoy Or.MS 20 de la biblioteca de la Universidad de Edimburgo. La escena es el soberano gaznaví Maḥmūd ibn Sebüktegin atacando la ciudadela de Zarang, en Sistán, en 1003: cuatro generaciones de historia dinástica persa, escritas para un kan mongol por un médico nacido judío en Hamadán, en un taller que la propia escritura de dotación de este obligaba a producir dos copias completas al año para siempre. Cuatro años después de redactarse esa escritura, su fundador fue ejecutado y el taller entregado a la soldadesca.
Unknown fourteenth-century painter, Rabʿ-i Rashīdī workshop, Tabriz. Jāmiʿ al-tawārīkh of Rashīd al-Dīn, c. 1307–15. Edinburgh University Library, Or.MS 20. Public domain via Wikimedia Commons. · Public domain

Antes: quién gobernaba realmente Irán en 1219

En la primavera de 1219 las tierras entre el Sir Daria y el golfo Pérsico respondían a ʿAlāʾ al-Dīn Muḥammad, jorezmshah, que había empleado diecinueve años en reunirlas y las perdería todas en tres. Su ejército era turco —caballería qangli y qipchaq, leal menos a él que a su madre, Terken Jatun, que mantenía cancillería y sello propios—. Su tesoro, sus registros de tierras, sus valoraciones fiscales, su correspondencia diplomática y la poesía de su corte eran persas, y los habían producido la misma clase de hombres, a menudo literalmente las mismas familias, durante doscientos años 1. Las mayores ciudades de su imperio —Nishapur, Merv, Herat, Bujará, Samarcanda, Rayy— estaban entre las mayores de cualquier lugar al oeste de China. Nishapur tenía un sistema subterráneo de abastecimiento de agua, una docena de mezquitas aljamas y un mercado del libro. Merv tenía diez bibliotecas, una de las cuales usó el geógrafo Yāqūt durante tres años y de la que escribió como del período más feliz de su vida; se marchó en 1220 justo por delante del ejército mongol 2.

No era una edad de oro y no debe narrarse como tal. Era una sociedad de conquista con un arreglo interno de estabilidad poco común. Desde los gaznávidas a finales del siglo X y los selyúcidas después de 1040, la meseta iraní estaba gobernada por élites militares turcas que leían mal el persa, no sabían valorar una cosecha y no pensaban aprender. Contrataban a quienes sí sabían. El arreglo tenía nombre en la literatura política: el Siyāsatnāma de Niẓām al-Mulk, escrito hacia 1091 para el sultán selyúcida Malikshāh, es un libro entero dedicado a explicar a un soldado turco por qué necesita un secretario persa y cómo evitar que ese secretario lo engañe 3. En 1219 el arreglo tenía tres siglos y a ninguno de los implicados le parecía extraño.

El dīvān era una técnica, y era transportable

El aparato administrativo persa no era una actitud ni una tradición. Era un conjunto preciso de oficinas con procedimientos precisos, y podía entregarse intacto.

  • El dīvān-i aʿlā, la oficina central, bajo un ṣāḥib-dīvān que en la práctica era el jefe de hacienda del Estado.
  • La contaduría del mustawfī, que llevaba los registros —el daftar— en una escritura contable persa especializada y un vocabulario especializado, con reglas de auditoría que se enseñaban como un oficio.
  • La cancillería del munshī, que producía los documentos salientes del Estado en un persa formal que había desplazado al árabe para ese uso en todo Irán durante el siglo XI.
  • La valoración del jaráy, impuesto sobre la tierra calculado según superficie cultivada, tipo de cultivo y acceso al agua, que exigía una medición y un asiento escrito de cada parcela regada de un distrito.
  • El qanat: una galería de suave pendiente excavada en un abanico aluvial para traer el agua subterránea a la superficie por gravedad, mantenida por un gremio de excavadores especializados. Sin qanats no había en la mayor parte de la meseta agricultura digna de ser valorada, y todo el sistema de valoración estaba construido en torno a ellos 4.

Quienes hacían funcionar todo esto procedían de familias de secretarios hereditarias concentradas en distritos concretos. Uno de esos distritos era Juvayn, en el Jorasán occidental, cuya familia principal había suministrado oficiales de hacienda a un régimen tras otro. En 1219 el cabeza de esa familia, Bahāʾ al-Dīn Juvaynī, servía al jorezmshah como contador mayor. Más tarde serviría a los mongoles en la misma función. Sus dos hijos dirigirían el Estado mongol en Irán. Nada de esto era traición en el sentido que entonces se daba a la palabra; era lo que la familia hacía 5.

Lo que los mongoles tenían en su lugar

El imperio de Gengis Kan tenía en 1219 trece años de existencia como entidad unificada y no poseía administración civil alguna en el sentido que la palabra tenía en Irán.

Lo que sí tenía era formidable. Un ejército organizado decimalmente en unidades de diez, cien, mil y diez mil, que cortaba deliberadamente las líneas tribales. Una guardia de la casa, el keshig, que hacía a la vez de escuela de oficiales y de estado mayor administrativo. Un cuerpo de resoluciones y precedentes, el jasagh o yasa, que regulaba el ejército, la sucesión, la cacería y la casa real. Una escritura —la uigur, adoptada en 1204 de un escriba naimán capturado— y con ella los comienzos de una cancillería escrita. Y una política asentada, sin ningún rubor, de tomar a su servicio a los especialistas capturados: artesanos, ingenieros, intérpretes, escribas 618.

Lo que no tenía era procedimiento alguno para gravar la agricultura sedentaria. La economía política de la estepa se movía por tributo, botín y rebaño; el yasa nada dice sobre cómo valorar un trigal. La carencia era bastante real como para que en la década de 1230, en el norte de China, el administrador kitán Yelü Chuzai tuviera que argumentar ante Ögödei contra una propuesta seria de despoblar la llanura del norte de China y convertirla en pasto; su contraargumento era aritmético: unos campesinos gravados rendirían más plata al año que la que la tierra rendiría jamás como pastizal 5. Ganó. El mismo argumento, en las mismas décadas, se estaba ganando en Irán, y por el mismo método: alguien le enseñó un libro de cuentas a un príncipe mongol.

La transmisión: de Otrar a Tabriz

1219-1223: esto fue una campaña, no un gobierno

La causa inmediata no se discute. En 1218 una caravana comercial patrocinada por los mongoles, de unos cuatrocientos cincuenta mercaderes, fue apresada en Otrar, en la frontera jorezmita, y sus miembros muertos por el gobernador Inalchuq; los enviados que Gengis Kan despachó a reclamar reparación fueron muertos también, uno ejecutado y los demás devueltos rapados 7. La respuesta empezó en 1219 y no fue una razia. Bujará cayó en febrero de 1220, Samarcanda en marzo. Juvaynī conserva lo que un superviviente de Bujará habría dicho después, en seis verbos: «Vinieron, zaparon, quemaron, mataron, saquearon y se fueron» 21. En 1221 Tolui, el hijo menor de Gengis, tomó las ciudades de Jorasán en secuencia: Merv en febrero, Nishapur el 10 de abril, Herat en junio 8.

Lo que ocurrió en esas ciudades es la razón por la que el resto de este registro debe escribirse con cuidado. Es también lo peor documentado que contiene. Nuestra fuente principal para la campaña de Jorasán es el Tārīkh-i Jahāngushā de ʿAṭā-Malik Juvaynī, la Historia del Conquistador del Mundo, escrita entre 1252 y 1260 por un persa que había perdido su país a manos de esos ejércitos mientras estaba empleado por quienes los mandaban. Juvaynī refiere que un sayyid pasó trece días contando los cadáveres de Merv y llegó a 1.300.000, y da 1.747.000 para Nishapur 21. Ningún historiador moderno acepta esas cifras. El análisis que John Masson Smith dedicó en 1975 a los efectivos mongoles y a la población persa concluyó que no existían ejércitos del tamaño necesario para matar y hacer desaparecer a tanta gente en el tiempo disponible, y que las ciudades en cuestión no podrían haber albergado semejantes poblaciones. Las estimaciones actuales para Nishapur rondan los cien o doscientos mil, y aun esas son inferencias 12.

Hay que sostener las tres a la vez, porque de ello depende el registro entero: los millones medievales son retórica, escrita por un hombre con motivos; las horquillas modernas son estimaciones, construidas a partir de capacidad de carga y logística; y los hechos institucionales —una ciudad despoblada, una dinastía extinguida, una moneda retirada— son ciertos. Confundir los tres registros es la manera de narrar mal este período, en una dirección y en la otra.

Durante treinta años tras la muerte de Gengis Kan en 1227, Irán no fue tanto gobernado como arrendado. Una sucesión de supervisores nombrados —Chin-Temür, luego el uigur Körgüz, ejecutado en 1242, luego Argun Aqa, en el puesto de 1243 a 1255— recaudó la renta para Karakórum mediante contratos de arrendamiento fiscal y mediante el ortogh, las sociedades entre el Estado y mercaderes que adelantaban efectivo al tesoro y lo recuperaban, con interés, de quien pudiera ser exprimido 3. Los registros de Argun Aqa muestran una burocracia que se recompone con el personal persa superviviente, sin dirección política alguna sobre para qué servía.

1256: Hülegü llega con el encargo de quedarse

El quriltai de 1251 que eligió a Möngke gran kan decidió también que las tierras del islam pasarían a ser un apanage gengiskánida bajo su hermano Hülegü, con un ejército permanente y el encargo explícito de gobernar en vez de saquear 6. Ahí está la bisagra. Todo lo anterior es conquista; todo lo posterior es administración.

Hülegü cruzó el Oxus en enero de 1256. La fortaleza nizarí ismailí de Alamūt capituló en diciembre del mismo año, y de ella salieron dos cosas que pesarían enormemente. Una era Naṣīr al-Dīn Ṭūsī, el polígrafo que había pasado décadas en cortes ismailíes y que entraba ahora al servicio de Hülegü, donde permaneció hasta su muerte en 1274. La otra era una biblioteca. Juvaynī, que viajaba con el ejército, recibió libre disposición de la colección de Alamūt y describe en su propia historia lo que hizo con ella: apartó los coranes y los manuscritos científicos e históricos para conservarlos e hizo quemar las obras doctrinales ismailíes 21. Es una frase de honestidad inusual en un historiador de corte, y dice exactamente de qué clase de transmisión se trataba: ni preservación ni destrucción, sino criba, por un hombre a quien un ejército invasor acababa de entregarle la autoridad de cribar.

Bagdad, febrero de 1258

Hülegü llegó a Bagdad en enero de 1258. El asedio propiamente dicho empezó hacia el 29 de enero; la ciudad se rindió el 10 de febrero; el saqueo se prolongó los días siguientes; el califa abasí al-Mustaʿṣim fue ejecutado el 20 de febrero, envuelto en una alfombra y pisoteado por caballos para que ninguna sangre real tocase el suelo 713.

Las estimaciones de bajas van desde los doscientos mil que el propio Hülegü reclamó en su carta a Luis IX hasta los ochocientos mil y más de las fuentes árabes; las cifras modernas más bajas rondan los noventa mil. Como en Nishapur, la respuesta honesta es que el número es irrecuperable y que esa irrecuperabilidad forma parte de lo que ocurrió.

Lo cierto es institucional, y es el hecho más grande de este registro. El califato abasí existía desde 750. El 20 de febrero de 1258 dejó de existir. Toda potencia suní de Marruecos a Bengala derivaba su legitimidad formal de un califa en Bagdad; después de esa fecha no hubo califa en Bagdad, y los Estados sucesores tuvieron que inventarse la legitimidad con otros materiales. Los mamelucos de El Cairo instalaron en tres años a un abasí refugiado como figura decorativa, lo que indica cuánto se echaba de menos el cargo 17.

La parte de la historia que no resiste el examen es la que todo el mundo repite. La afirmación de que los mongoles destruyeron las bibliotecas de Bagdad, arrojaron los libros al Tigris hasta que corrió negro de tinta y acabaron con ello con la ciencia islámica no está respaldada por las pruebas. La reconstrucción que Michal Biran ha hecho de las bibliotecas del Bagdad ilkánida a partir de diccionarios biográficos y colofones de manuscritos encuentra en la ciudad una economía erudita en funcionamiento a una generación de 1258, con la madrasa Mustanṣiriyya activa, licencias de enseñanza expedidas y libros copiados, comprados, dotados en waqf y trasladados 11. Algunas bibliotecas fueron destruidas. El comercio del libro en Bagdad, no. Ṭūsī, entretanto, llevaba instrumentos y manuscritos al norte, a un observatorio que la conquista estaba a punto de financiar.

Una miniatura persa que muestra a un soberano sentado en un pabellón abovedado, rodeado de asistentes con turbante y de un grupo de figuras congregadas ante él.
La conversión de Ghazan al islam, de un manuscrito de Rashīd al-Dīn hoy en la Biblioteca Nacional de Francia, Supplément persan 1113. Ghazan pronunció la shahada en junio de 1295 y tomó el trono en noviembre, primer ilkán que gobernó como musulmán. La pintura registra una reconciliación; no registra que el mismo año trajo la destrucción de los templos budistas de Azerbaiyán y el fin de cuarenta años de protección ilkánida para las comunidades cristianas de Irak.
Manuscript of Rashīd al-Dīn, Jāmiʿ al-tawārīkh, fourteenth century. Bibliothèque nationale de France, Supplément persan 1113, f. 239r. Public domain via Wikimedia Commons. · Public domain

La contratación de los Juvaynī

En septiembre de 1260 un ejército mameluco derrotó en ʿAyn Yālūt, en Galilea, a una fuerza mongola reducida. Hülegü ya se había retirado hacia el este al conocer la muerte de Möngke el año anterior, y la expansión occidental se detuvo definitivamente en el Éufrates 17. Desde entonces el apanage de Hülegü se convirtió en algo nuevo en la experiencia mongola: un Estado gengiskánida con frontera fija, sin conquistas disponibles y con una base fiscal que ahora había que mantener viva en lugar de desollar.

Los hombres contratados para hacerlo eran la familia que ya lo venía haciendo. ʿAṭā-Malik Juvaynī —el historiador, que había cabalgado con el ejército hasta Bagdad y la había visto saquear— fue nombrado gobernador de Bagdad, la Baja Mesopotamia y Juzestán en 1259, y conservó el cargo hasta su muerte el 5 de marzo de 1283: veinticuatro años 21. Su hermano menor Shams al-Dīn Juvaynī pasó a ser ṣāḥib-dīvān de todo el Ilkanato en 1263 y dirigió sus finanzas veintiún años. El persa se convirtió en la lengua de la cancillería ilkánida. La práctica contable persa se convirtió en la práctica contable ilkánida: el manual al-Murshid fī al-ḥisāb, escrito en persa por Ḥasan ibn ʿAlī al-Qāshānī y analizado por Ryoko Watabe, muestra al Estado ilkánida temprano valorando la capitación qubchūr mediante un procedimiento censal que es técnica burocrática persa aplicada a una exacción mongola 23.

Nada de esto exigía que los mongoles admirasen la civilización persa, y en general no la admiraban. Bastaba con que quisieran renta y con que la máquina de recaudarla estuviera allí, intacta en lo esencial, con su personal y dispuesta.

El tráfico corría también en sentido contrario

La segunda mitad de la transmisión es aquella para la que el relato de la atrocidad no tiene sitio. Como el Ilkanato y el Yuan de Kublai en China pertenecían a ramas de la misma familia, personal y textos circularon entre Tabriz y Dadu a una escala que nada en la historia euroasiática había permitido antes. El estudio que Thomas Allsen dedicó a ese tráfico describe el imperio como una «cámara de compensación» cultural y sostiene que el intercambio no fue un subproducto de la conquista sino una política deliberada: las cortes compartían conscientemente entre sí los recursos especializados de sus dominios 5.

El agente más claro de todo ello fue Bolad Chingsang, un mongol que había dirigido las oficinas agrícolas y censorias de Kublai en China, llegó a Irán en embajada en 1285 y sencillamente se quedó: veintiocho años, hasta su muerte en 1313. Fue el informante principal de Rashīd al-Dīn sobre historia mongola, administración china, agronomía china y medicina china, y buena parte de lo que el Jāmiʿ al-tawārīkh dice de la mitad oriental de Eurasia salió de su boca 57.

Qué se movió Sentido Testimonio
Tradición dinástica mongola y práctica administrativa china Dadu → Tabriz El testimonio de Bolad Chingsang a lo largo del Jāmiʿ al-tawārīkh
Esfigmología y farmacología chinas Dadu → Tabriz El Tānksūqnāma, compilación de medicina china de Rashīd al-Dīn, hacia 1313
Astronomía calendárica china Dadu → Marāgha Un astrónomo chino en Marāgha desde 1259, llamado Fūmenjī en las fuentes persas
Papel moneda chino Dadu → Tabriz El edicto del chao de 1294
Convención pictórica china: bandas de nubes, dragones, profundidad del paisaje Dadu → Tabriz La pintura de manuscritos ilkánida a partir de 1300 aproximadamente
Instrumentos y tablas astronómicas islámicos Marāgha → Dadu Los instrumentos islámicos de Yamāl al-Dīn en la Oficina de Astronomía de Kublai, 1267
Textos médicos y geográficos persas y árabes Tabriz → Dadu Los catálogos de la biblioteca imperial de los Yuan

Las dos últimas filas importan tanto como las cinco primeras. No se trataba de un flujo unidireccional de un oriente refinado hacia un occidente arrasado. Era un circuito, y el Ilkanato era uno de sus dos polos.

Lo que cambió, y lo que sustituyó

Irán vuelve a ser una palabra

La consecuencia más duradera del dominio mongol en Irán es un nombre.

Tras el colapso sasánida de 651 no había vuelto a existir entidad política alguna llamada Irán. La meseta era un conjunto de provincias del califato —Yibāl, Fars, Jorasán, Azerbaiyán— y luego un conjunto de sultanatos sucesores. Īrān sobrevivía como geografía literaria y legendaria, el mundo del Shāhnāma, sin referente administrativo alguno. Bajo los ilkanes vuelve como término político. El estudio que Dorothea Krawulsky dedica al vocabulario territorial ilkánida abre precisamente con eso —Zur Wiederbelebung des Begriffes «Īrān» zur Īlḫānzeit, sobre la reanimación del concepto de Irán en la época ilkánida— y rastrea Īrānzamīn y el título regio pādishāh-i Īrān en el uso cancilleresco e historiográfico ilkánida 8. La lectura mundial que Bert Fragner hace del mismo material lo dice sin rodeos: el Ilkanato es donde Irán vuelve a ser gobernable como unidad, y la idea sobrevive a sus gobernantes 10.

Les sobrevive con mucho. Los yalayiríes, los timúridas, los Aq Qoyunlu y por fin los safávidas heredan todos una geografía política en la que Irán es algo que puede gobernarse en bloque. También, con el tiempo, el Estado moderno.

La ironía no es sutil y el registro debe decirla en voz alta. Los conquistadores recordados por destruir Irán son quienes devolvieron su nombre al mapa.

Las reformas de Ghazan, 1298-1304

Ghazan se convirtió al islam en junio de 1295 y tomó el trono en noviembre del mismo año: primer ilkán que gobernó como musulmán, al frente de una élite mongola que se convirtió con él o poco después 13. Lo que siguió fue el intento de reconstrucción fiscal más serio que emprendió Estado sucesor mongol alguno.

El programa, tal como lo consignó quien en gran medida lo diseñó y ejecutó, venía a ser este:

  1. Valoración fija y publicada. Las obligaciones fiscales de cada distrito fijadas en una cifra definida e inscritas en tablillas de piedra o metal expuestas en la mezquita del distrito, de modo que los recaudadores no pudieran inventarse exigencias.
  2. Supresión de las exacciones repetidas. El qubchūr se había cobrado dos y tres veces en un mismo año por agentes rivales; los decretos de Ghazan establecieron una única recaudación anual con calendario declarado.
  3. Reforma del yam. La posta de relevos la usaban los funcionarios como subvención privada de transporte, requisando caballos a las aldeas del recorrido; las tablillas paiza que autorizaban su uso fueron retiradas y reexpedidas de forma restringida.
  4. Normalización monetaria. Un dinar de peso y ley fijos, acuñado con un patrón uniforme en todo el dominio, que sustituía las variaciones locales que hacían casi imposible la contabilidad entre provincias.
  5. Concesiones de tierra en lugar de paga en efectivo. A las unidades del ejército se les asignaron tenencias iqṭāʿ, inscritas en el daftar, tanto para aliviar el tesoro como para dar a la soldadesca mongola interés en que la tierra produjera y no en que fuera saqueada.
  6. Recuperación de tierras abandonadas. Decretos que ofrecían exención fiscal por varios años a quien restableciera el cultivo en tierras salidas de uso: una admisión, en el lenguaje mismo de las reformas, de cuánto se había abandonado 3.

El estudio institucional de Ann Lambton es el tratamiento de referencia, y lleva una advertencia que conviene repetir: poseemos los decretos, no el cumplimiento. La fuente de las reformas de Ghazan es abrumadoramente el Tārīkh-i Mubārak-i Ghāzānī de Rashīd al-Dīn, escrito por el visir que redactó las reformas, en alabanza del soberano que las ordenó 3. Es un informe propio de parte interesada. Lo que puede confirmarse de manera independiente —el patrón monetario, por los cuños y tesorillos conservados— se verifica. Buena parte del resto no puede ponerse a prueba.

El Jāmiʿ al-tawārīkh: la historia del mundo como producto administrativo

Rashīd al-Dīn Faḍlallāh Hamadānī nació hacia 1247 en una familia judía de Hamadán, se formó como médico, se convirtió al islam hacia los treinta años, entró al servicio ilkánida como médico de corte y llegó a visir en 1298. Ocupó el cargo veinte años. Hacia 1300 Ghazan le encargó una historia de los mongoles; Öljeitü, que le sucedió en 1304, amplió el encargo hasta algo sin precedentes 7.

El Jāmiʿ al-tawārīkh —la Suma de crónicas— es la primera obra histórica en cualquier lengua que intenta seriamente abarcar todo el mundo conocido partiendo del supuesto de que todas sus partes caben en un mismo libro. Tiene secciones sobre los mongoles y los turcos, sobre las dinastías preislámicas e islámicas de Irán, sobre los árabes, sobre los judíos, sobre los francos de Europa, sobre la India y sobre China 22. Se documentó como documenta una oficina de inteligencia: mediante informantes, cada uno especialista en su materia, reunidos a costa del visir. Bolad Chingsang para los mongoles y China. Un monje budista cachemir, Kamalashrī, para la India y para un resumen de la vida del Buda que es el más antiguo relato del budismo escrito por un erudito musulmán a partir de una fuente budista. Un fraile franco para Europa, razón por la cual el libro contiene una lista de papas 5725.

Rashīd al-Dīn resolvió además el problema de la difusión del modo más característico que tenía a mano un visir ilkánida: lo dotó. La escritura de waqf del Rabʿ-i Rashīdī, su fundación en un arrabal de Tabriz —un barrio con mezquita, hospital, madrasa, molino de papel y escritorio, estudiado en detalle por Birgitt Hoffmann—, obligaba a la fundación a producir cada año dos copias completas de sus obras, una en árabe y otra en persa, cotejadas con el ejemplar maestro y enviadas a ciudades designadas por su nombre 9. Un fragmento superviviente de la copia árabe de 1314 está en la biblioteca de la Universidad de Edimburgo con la signatura Or.MS 20; otro está en la colección Khalili 16. Esas son las páginas que encabezan este registro.

El estudio que Stefan Kamola dedica a la composición de la obra explicita su función política: el Jāmiʿ al-tawārīkh es un dispositivo de legitimación, construido para instalar a una dinastía de ocupantes militares extranjeros en el registro histórico persoislámico como soberanos de derecho 7. Es cierto, y no es una desmitificación. El libro es una pieza de propaganda estatal que además resulta ser el texto fundacional de un género, y ambas mitades de esa frase sostienen el peso.

Marāgha, y la aritmética que sobrevivió al imperio

En 1259, antes de que el Ilkanato fuera formalmente nada, Hülegü autorizó a Ṭūsī a construir un observatorio en Marāgha, en Azerbaiyán, y a financiarlo con rentas de waqf: decisión financiera que importó más que la fundacional, puesto que la renta de la dotación mantuvo la institución en marcha más de medio siglo, más allá de la muerte tanto de su mecenas como de su fundador 1920.

Marāgha no era un astrónomo con un cuadrante. Era una institución de investigación con plantilla, biblioteca y talleres de instrumentos, cuyo elenco incluyó a Muʾayyad al-Dīn al-ʿUrḍī, Quṭb al-Dīn al-Shīrāzī, el magrebí Muḥyī al-Dīn al-Maghribī y al menos un astrónomo chino, designado en las fuentes persas en una forma que suele rendirse Fūmenjī, cuyos métodos calendáricos entraron en la discusión 5. Doce años de observación produjeron el Zīj-i Īlkhānī, las tablas astronómicas ilkánidas, concluidas hacia 1272 y dedicadas al kan que las había pagado.

La producción teórica sobrevivió a las tablas. Los recursos matemáticos desarrollados en Marāgha y en su tradición sucesora para sustituir el ecuante de Ptolomeo —el par de Ṭūsī, el lema de ʿUrḍī— reaparecen, sin atribución, en la obra de Copérnico dos siglos y medio después, correspondencia documentada por primera vez en los años cincuenta y aceptada desde entonces como exigente de alguna vía de transmisión, aun donde esa vía sigue sin probarse 1920.

El chao: la única importación china que fracasó de plano

En 1294 el tesoro estaba vacío. El ṣāḥib-dīvān de Gaykhātū, Ṣadr al-Dīn Aḥmad Jālidī Zanjānī, propuso la solución que había funcionado a los Yuan: imprimir dinero. Los billetes se copiaron de cerca de los billetes chinos, hasta con una inscripción en chino, y la primera emisión circuló en Tabriz el 19 de shawwal de 693 —12 de septiembre de 1294—, con la negativa a aceptarla castigada con la muerte 24.

Los precios se multiplicaron por más de diez en días. Los mercaderes cerraron sus puestos, buena parte de la población abandonó la ciudad y el tráfico de los bazares se detuvo por completo. El edicto se retiró en pocas semanas. Gaykhātū fue derrocado y estrangulado en marzo de 1295; sus contemporáneos Rashīd al-Dīn y Waṣṣāf atribuyen ambos su caída a una revuelta faccional de la nobleza mongola más que a la moneda, aunque la moneda no había ayudado 24.

Es el fracaso más instructivo del registro. El papel moneda chino funcionaba porque el Estado Yuan podía imponer un monopolio, reabsorber los billetes por vía fiscal y hacer de ellos el único medio legal. El Ilkanato no podía nada de eso, y un mercader de Tabriz con trescientos años de dírhams de plata a sus espaldas no tenía motivo para fingir lo contrario. La transmisión no consiste en copiar una buena idea. Consiste en si vino con ella el sustrato institucional que hacía funcionar la idea.

Lo que fue desplazado

La transmisión no fue aditiva. Hubo cosas que se fueron.

  • El califato como institución legitimadora. Después de 1258 la realeza iraní ya no podía autorizarse desde Bagdad. Los ilkanes se autorizaron a sí mismos por la ascendencia gengiskánida y por la teoría persa del gobernante justo que suministraron Ṭūsī y Rashīd al-Dīn, y esa combinación —genealogía de la estepa más realeza persa— se convirtió en la licencia que usó toda dinastía iraní y centroasiática posterior 13.
  • La cuota restante del árabe en la alta cultura iraní. El árabe ocupaba la teología, el derecho y buena parte de la ciencia. Bajo los ilkanes el persa se llevó una cuota decisiva de la historiografía, de la administración y a la larga de la ciencia; el Zīj-i Īlkhānī se compuso en persa.
  • La primacía de Bagdad. Un centro de gravedad milenario se desplazó al noroeste azerbaiyano. Tabriz, Marāgha y Sulṭāniyya pasaron a ser el eje del mundo persanizado, y allí siguieron hasta los safávidas.
  • El predominio institucional suní en la meseta. Desaparecida la autoridad abasí e indiferentes los ilkanes durante cuarenta años, las instituciones chiíes y sufíes se expandieron de un modo que antes habría sido mucho más difícil. Öljeitü se convirtió al chiismo duodecimano en 1310 y acuñó en su moneda los nombres de los doce imanes 1314.
  • Una presencia budista en Irán que duró unos cuarenta años y luego fue borrada. Hülegü y Argun patrocinaron a monjes budistas y levantaron templos en Azerbaiyán; tras la conversión de Ghazan en 1295 los templos fueron destruidos o reconvertidos, y casi nada sobrevive sobre el suelo 1315.
Una enorme cúpula de ladrillo revestida de cerámica turquesa sobre un tambor octogonal ceñido por ocho minaretes esbeltos, recortada en solitario contra un cielo pálido.
El mausoleo de Öljeitü en Sulṭāniyya, levantado entre aproximadamente 1302 y 1312 y hoy patrimonio mundial de la UNESCO. Un kan mongol —bisnieto del hombre que saqueó Bagdad— yace bajo la mayor cúpula de ladrillo del mundo islámico, alzada por albañiles persas en un idioma arquitectónico persa, en una ciudad que él fundó como capital en la meseta iraní. El edificio es el arreglo de este registro convertido en un solo objeto.
Mardetanha (2011). Mausoleum of Öljeitü (Gonbad-e Soltaniyeh), Soltaniyeh, Iran. CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons. · CC BY-SA 3.0

Lo que costó, y quién pagó

Los tres registros, otra vez

El coste de esta transmisión es enorme, extraordinariamente bien documentado en el plano institucional y extraordinariamente mal documentado en el plano demográfico. Al lector se le debe la distinción.

Retórica. Los 1.300.000 de Juvaynī en Merv y los 1.747.000 en Nishapur; los 800.000 y más de las fuentes árabes en Bagdad. Son cifras escritas para transmitir enormidad, por autores que tenían motivos: Juvaynī, para demostrar la terrible justicia de los amos a los que servía; los cronistas árabes, para conmemorar una catástrofe. Son testimonio de cómo se vivieron y entendieron los hechos. No son recuentos.

Estimación. El análisis de efectivos de Smith, la capacidad de carga de las áreas urbanas excavadas y la supervivencia de los registros fiscales sitúan los muertos de Nishapur entre cien y doscientos mil, y los de Bagdad entre noventa mil y doscientos mil 12. Son inferencias de banda ancha.

Certeza. Un califato de quinientos ocho años terminó el 20 de febrero de 1258. Merv, una de las grandes ciudades del mundo islámico, nunca recuperó su rango y su emplazamiento es hoy un parque arqueológico. Una moneda se emitió en Tabriz el 12 de septiembre de 1294 y se retiró en pocas semanas. Seis de los visires del Ilkanato fueron ejecutados por el Estado que administraban. Esto no son estimaciones.

Treinta y cinco años de naufragio fiscal

La parte del coste que el relato de la atrocidad omite por completo es lo que pasó entre la conquista y las reformas, y causó a la agricultura iraní más daño acumulado que cualquier saqueo aislado.

La valoración que hace Petrushevski en la Cambridge History of Iran es que las siete décadas que van de los años veinte a los noventa del siglo XIII constituyen un período de declive económico colosal, causado tanto por las prácticas administrativas de los conquistadores como por la destrucción de la conquista misma 2. Los mecanismos están documentados y son prosaicos: la renta arrendada al mejor postor, que recuperaba su puja con margen; el qubchūr cobrado varias veces en un mismo año por agentes de príncipes distintos, cada uno con mandato válido; los financieros ortogh adelantando efectivo contra recaudaciones futuras a tipos que garantizaban el impago; la requisa sin compensación de animales de tiro y forraje a lo largo de las rutas del yam; y, al final de la cadena, cultivadores que abandonaban la tierra porque la valoración excedía lo que la tierra podía producir. Los propios decretos de reforma de Ghazan son la mejor prueba de la magnitud: un Estado no ofrece exenciones de varios años por restaurar campos a menos que se hayan abandonado muchísimos campos 3.

El riego, y una incertidumbre honesta

Petrushevski sostiene además que el daño fue estructuralmente irreversible en el nordeste por lo que se destruyó: los qanats. Un qanat representa décadas de excavación acumulada, exige mantenimiento continuo y no puede reconstruirlo una población reducida en una temporada ni en una generación. Según esa tesis, la destrucción de los sistemas de qanats de Jorasán convirtió un paisaje de poblamiento relativamente continuo en ciudades-oasis aisladas, y el patrón persistió durante siglos 24.

La tesis ha sido muy discutida desde entonces. Sus críticos señalan que las pruebas son en gran medida literarias, que la arqueología regional es desigual y que el Irán del siglo XIV absorbió además la peste, la guerra civil y las campañas de Tamerlán, cualquiera de las cuales puede llevarse parte de la culpa. La posición del atlas es que el mecanismo es real y está bien entendido, que su atribución específica a 1220-1222 es discutida, y que el registro lo dice en vez de elegir la versión más espectacular.

Los visires

He aquí el coste que casi nadie narra, y es aquel por el que se escribió este registro.

La clase administrativa persa se hizo cargo del Estado mongol en Irán. El Estado mongol la mató después, uno tras otro, con cargos que solían ser de envenenamiento y solían ser inventados, a intervalos de aproximadamente una década, mientras duró el Ilkanato.

Visir Cargo desempeñado Fin
ʿAṭā-Malik Juvaynī Gobernador de Bagdad, 1259-1283 Detenido y procesado dos veces en sus últimos años; murió el 5 de marzo de 1283
Shams al-Dīn Juvaynī Ṣāḥib-dīvān, 1263-1284 Ejecutado el 16 de octubre de 1284, acusado de envenenar a Abaqa
Saʿd al-Dawla Ṣāḥib-dīvān, 1289-1291 Muerto el 3 de marzo de 1291 mientras Argun agonizaba; siguieron ataques contra las comunidades judías
Ṣadr al-Dīn Zanjānī Ṣāḥib-dīvān bajo Gaykhātū, autor del chao Ejecutado en 1298
Rashīd al-Dīn Faḍlallāh Visir, 1298-1318 Ejecutado el 13 de julio de 1318, a unos setenta años, acusado de envenenar a Öljeitü
Ghiyāth al-Dīn Muḥammad Visir, 1327-1335, hijo de Rashīd al-Dīn Ejecutado en 1336; el Rabʿ-i Rashīdī saqueado por segunda vez

Léase la columna de la derecha. Seis de los administradores más capaces del mundo islámico del siglo XIV, titulares del cargo que hacía solvente al Ilkanato, y cinco de ellos muertos por ejecución.

El caso de Rashīd al-Dīn sostiene el conjunto. Había servido a dos kanes durante veinte años, construido el Rabʿ-i Rashīdī, escrito la primera historia del mundo, reformado la moneda y dotado un hospital. En 1318 su rival Tāj al-Dīn ʿAlī Shāh presentó el cargo de que había envenenado a Öljeitü cuatro años antes. Fue ejecutado el 13 de julio junto con su hijo, y su cabeza fue paseada por las calles de Tabriz mientras una multitud coreaba las palabras que las fuentes conservan —«Esta es la cabeza del judío que profanó el nombre de Dios, caiga sobre él la maldición de Dios»—, tratándose de un hombre que llevaba cuarenta años siendo musulmán, muerto con su origen en el pliego de cargos 79. Sus bienes fueron confiscados, su fundación entregada a la soldadesca y su biblioteca —el escritorio que producía dos copias de su obra al año, a perpetuidad, según los términos de su propia dotación— saqueada. Su hijo la rehízo, ocupó el visirato ocho años y fue ejecutado en 1336, tras lo cual fue saqueada de nuevo 9.

La factura de los conversos

La conversión de Ghazan en 1295 suele escribirse como el final feliz de esta historia, el punto en que los conquistadores se suman a los conquistados. Lo fue. Fue también una licencia.

Los templos budistas de Azerbaiyán fueron destruidos o reconvertidos, y a los monjes se les dio a elegir entre el islam y la marcha. Iglesias y sinagogas fueron atacadas en los primeros meses. Las comunidades cristianas de Irak y Azerbaiyán —nestorianos que habían gozado del favor ilkánida durante cuarenta años porque las madres y esposas de los kanes eran a menudo cristianas— perdieron esa protección para siempre, y la violencia contra ellas en la década de 1290 y de nuevo en 1310 fue lo bastante grave como para constituir una bisagra en la historia del cristianismo oriental de la región 13. La caída de Saʿd al-Dawla en 1291 ya había ido seguida de una campaña contra los judíos bajo dominio ilkánida, y 1318 puso la coda.

Nada de esto es una nota a pie de página de la transmisión. El arreglo entre el poder mongol y la administración persa se hizo en idioma islámico, y quienes no encajaban en ese idioma pagaron el encaje.

El ajuste de cuentas

Entonces, ¿cuál fue la factura y qué se compró?

Comprado: un Estado. Irán como unidad política gobernable con un nombre, por primera vez en seiscientos años. Una tradición administrativa persa llevada intacta a través de una catástrofe y entregada a todos los regímenes sucesores hasta hoy. Un observatorio de investigación cuyas matemáticas llegaron a Copérnico. El primer intento de historia del mundo. Una tradición de pintura de manuscritos que fundió la convención paisajística china con el arte del libro persa y produjo, en dos generaciones, el Gran Shāhnāma mongol. Un circuito euroasiático de especialistas que funcionó en ambos sentidos durante ochenta años.

Pagado: las ciudades de Jorasán, con un número de muertos que no puede contarse y que ciertamente se contaba por centenares de miles. El califato abasí. Setenta años de depredación fiscal que vaciaron aldeas a las que los ejércitos nunca llegaron. El riego del nordeste, en parte y de forma discutible. La presencia budista y buena parte de la cristiana en Irán. Y los hombres concretos —Shams al-Dīn, Saʿd al-Dawla, Ṣadr al-Dīn, Rashīd al-Dīn, Ghiyāth al-Dīn— que hicieron el trabajo real de la integración y fueron ejecutados por él por quienes salieron beneficiados.

El relato popular dice que los mongoles acabaron con la civilización islámica en Irán. No lo hicieron. Fueron absorbidos por ella, se convirtieron a ella, pagaron su siglo de erudición más ambicioso y le devolvieron su nombre político. El relato popular se equivoca de un modo que importa, porque la corrección no consuela. Una civilización que sobrevive a su conquista no es una civilización que haya sido perdonada. Es una que siguió trabajando entre los escombros, a sueldo de los conquistadores, enterrando a sus administradores sobre la marcha.

Lo que siguió

Dónde vive esto hoy

Irán como unidad política con nombre propio, continua desde el Ilkanato hasta hoy El persa como lengua de cancillería y administración, de Anatolia a Bengala La historia universal como género, descendiente del Jāmiʿ al-tawārīkh Los recursos matemáticos de Marāgha que reaparecen en Copérnico La convención paisajística china dentro de la pintura de manuscritos persa La ascendencia gengiskánida más la teoría persa de la realeza como licencia de toda dinastía iraní y centroasiática posterior El asentamiento institucional del chiismo duodecimano en la meseta iraní La práctica de cancillería safávida y mogola levantada sobre el precedente ilkánida

Referencias

  1. Boyle, John Andrew, ed. The Cambridge History of Iran, Volume 5: The Saljuq and Mongol Periods. Cambridge: Cambridge University Press, 1968. en
  2. Petrushevsky, I. P. “The Socio-Economic Condition of Iran under the Īl-Khāns.” In The Cambridge History of Iran, Volume 5: The Saljuq and Mongol Periods, ed. John Andrew Boyle. Cambridge: Cambridge University Press, 1968. en
  3. Lambton, Ann K. S. Continuity and Change in Medieval Persia: Aspects of Administrative, Economic and Social History, 11th–14th Century. Bibliotheca Persica, Columbia Lectures on Iranian Studies 2. Albany: State University of New York Press, 1988. en
  4. Lambton, Ann K. S. Landlord and Peasant in Persia: A Study of Land Tenure and Land Revenue Administration. London: Oxford University Press, 1953. en
  5. Allsen, Thomas T. Culture and Conquest in Mongol Eurasia. Cambridge Studies in Islamic Civilization. Cambridge: Cambridge University Press, 2001. en
  6. Allsen, Thomas T. Mongol Imperialism: The Policies of the Grand Qan Möngke in China, Russia, and the Islamic Lands, 1251–1259. Berkeley: University of California Press, 1987. en
  7. Kamola, Stefan. Making Mongol History: Rashid al-Din and the Jamiʿ al-tawarikh. Edinburgh Studies in Classical Islamic History and Culture. Edinburgh: Edinburgh University Press, 2019. en
  8. Krawulsky, Dorothea. Īrān — das Reich der Īlḫāne: eine topographisch-historische Studie. Beihefte zum Tübinger Atlas des Vorderen Orients, Reihe B. Wiesbaden: Reichert, 1978. See especially “Zur Wiederbelebung des Begriffes ‘Īrān’ zur Īlḫānzeit,” 11–17. de
  9. Hoffmann, Birgitt. Waqf im mongolischen Iran: Rašīduddīns Sorge um Nachruhm und Seelenheil. Freiburger Islamstudien 20. Stuttgart: Franz Steiner Verlag, 2000. de
  10. Fragner, Bert G. “Iran under Ilkhanid Rule in a World History Perspective.” In L’Iran face à la domination mongole, ed. Denise Aigle, 121–131. Bibliothèque iranienne 45. Tehran: Institut Français de Recherche en Iran, 1997. en
  11. Biran, Michal. “Libraries, Books, and Transmission of Knowledge in Ilkhanid Baghdad.” Journal of the Economic and Social History of the Orient 62, no. 2–3 (2019): 464–502. en
  12. Smith, John Masson, Jr. “Mongol Manpower and Persian Population.” Journal of the Economic and Social History of the Orient 18, no. 3 (1975): 271–299. en
  13. Jackson, Peter. The Mongols and the Islamic World: From Conquest to Conversion. New Haven: Yale University Press, 2017. en
  14. Melville, Charles. “The Mongols in Iran.” In The Legacy of Genghis Khan: Courtly Art and Culture in Western Asia, 1256–1353, ed. Linda Komaroff and Stefano Carboni. New York: Metropolitan Museum of Art; New Haven: Yale University Press, 2002. en
  15. Komaroff, Linda, ed. Beyond the Legacy of Genghis Khan. Islamic History and Civilization 64. Leiden: Brill, 2006. en
  16. Blair, Sheila S. A Compendium of Chronicles: Rashid al-Din’s Illustrated History of the World. Nasser D. Khalili Collection of Islamic Art 27. London: Nour Foundation in association with Azimuth Editions and Oxford University Press, 1995. en
  17. Amitai-Preiss, Reuven. Mongols and Mamluks: The Mamluk-Īlkhānid War, 1260–1281. Cambridge Studies in Islamic Civilization. Cambridge: Cambridge University Press, 1995. en
  18. Morgan, David. The Mongols. 2nd ed. The Peoples of Europe. Oxford: Blackwell, 2007. en
  19. Saliba, George. Islamic Science and the Making of the European Renaissance. Transformations: Studies in the History of Science and Technology. Cambridge, MA: MIT Press, 2007. en
  20. Ragep, F. Jamil. Naṣīr al-Dīn al-Ṭūsī’s Memoir on Astronomy (al-Tadhkira fī ʿilm al-hayʾa). 2 vols. Sources in the History of Mathematics and Physical Sciences 12. New York: Springer-Verlag, 1993. en primary
  21. Juvaynī, ʿAṭā-Malik. The History of the World-Conqueror. Translated by John Andrew Boyle. 2 vols. Manchester: Manchester University Press, 1958. fa primary
  22. Rashīd al-Dīn Faḍlallāh. Jamiʿu’t-tawarikh: Compendium of Chronicles — A History of the Mongols. Translated by Wheeler M. Thackston. 3 vols. Sources of Oriental Languages and Literatures 45. Cambridge, MA: Harvard University, Department of Near Eastern Languages and Civilizations, 1998–99. fa primary
  23. Watabe, Ryoko. “Census-Taking and the Qubchūr Taxation System in Ilkhanid Iran: An Analysis of the Census Book from the Late 13th-Century Persian Accounting Manual al-Murshid fī al-Ḥisāb.” The Memoirs of the Toyo Bunko, 2015. en
  24. Encyclopaedia Iranica, s.v. “ČĀV” (čāv/čāo, paper money), on the issue of 19 Šawwāl 693 / 12 September 1294 at Tabriz. en
  25. Aigle, Denise. The Mongol Empire between Myth and Reality: Studies in Anthropological History. Islamic History and Civilization 111. Leiden: Brill, 2015. en

Lecturas adicionales

Citar este artículo
OsakaWire Atlas. 2026. "What the Mongols did to Iran, and what Iran did back (1219-1335)" [Hidden Threads record]. https://osakawire.com/es/atlas/mongol_iran_integration_1260/