Doce indígenas muertos en dos encuentros y dos niños raptados en una playa del Labrador, cuatrocientos setenta y un años antes de Colón. Pequeño como recuento de víctimas, exacto como plantilla: contacto, comercio, negativa, muerte, represalia, rapto, retirada.
CONNECTIONS · 985–1347 · MATERIAL_CULTURE · From Nórdicos de Groenlandia → Pueblos indígenas de Terranova y Labrador

Los nórdicos llegaron a América en 1021 y se marcharon con dos niños robados

Tres salas de turba en la punta de Terranova, una década de travesías hacia el golfo de San Lorenzo y la primera muerte documentada de indígenas norteamericanos a manos de europeos. Casi nada cruzó en ninguna de las dos direcciones. Este es el caso de control del atlas: cómo se ve una transmisión cuando la cultura receptora no la quiere y los emisores no pueden imponerla.

En 1021 —fecha hoy fijada al año exacto gracias a una tormenta solar registrada en los anillos de los árboles— tripulaciones nórdicas procedentes de una colonia groenlandesa de unas quinientas personas talaban madera en Epaves Bay, en el extremo norte de Terranova. Levantaron ocho construcciones de turba, redujeron el primer hierro de la historia de América y se llevaron a casa nueces cenicientas recogidas en el golfo de San Lorenzo. Cambiaron paño rojo y lácteos por pieles, y se negaron a cambiar hierro. Mataron a ocho hombres que dormían bajo tres barcas de piel volcadas, perdieron a su jefe por la flecha que respondió a aquello y regresaron con dos niños raptados. Después dejaron de venir. Nada suyo entró en el registro indígena. La historia se puso a trabajar novecientos años más tarde.

Una casa alargada y baja, de muros de turba y techo cubierto de hierba, sobre un prado costero abierto bajo un cielo pálido, con el mar al fondo.
Sala reconstruida de turba y madera en el sitio histórico nacional de L'Anse aux Meadows, en Terranova, levantada según el plano de las estructuras nórdicas excavadas a su lado. Las originales —tres salas, cuatro talleres y una fragua— se alzaron en Epaves Bay hacia 1021 y se abandonaron en menos de una década.
Photograph by D. Gordon E. Robertson. Reconstructed Norse long house, L'Anse aux Meadows National Historic Site, Newfoundland and Labrador, 2010. Parks Canada. CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons. · CC BY-SA 3.0

La costa a la que llegaron los nórdicos

En el año 1021 se talaron tres árboles en el extremo de la gran península norte de Terranova, en una ensenada poco profunda hoy llamada Epaves Bay, por gente que empleaba hojas de hierro 3. No habían llegado a una costa vacía. Epaves Bay llevaba algo más de cinco mil años en uso, y la secuencia arqueológica del yacimiento registra al menos cinco ocupaciones indígenas distintas anteriores a los nórdicos y una posterior 4. La tradición arcaica marítima trabajó la ensenada aproximadamente entre 4000 y 1000 a. C. Siguieron los paleoinuit de Groswater, hacia 1000-500 a. C. Las ocupaciones del Dorset medio se datan hacia 400-750 d. C., los complejos de Cow Head y Beaches hacia 800-850, y la tradición de Little Passage —antepasados inmediatos de quienes los ingleses llamarían después beothuk— entre los siglos XIII y XV 4. Los nórdicos se encajaron en un vacío de esa secuencia, y el vacío medía alrededor de siglo y medio.

Esto es lo primero que conviene sostener con firmeza, porque casi todo relato popular de Vinlandia lo invierte. Los nórdicos no fueron los primeros en alcanzar América del Norte, ni los centésimos, ni los diezmilésimos. Llegaron tarde a un continente cuyo litoral septentrional llevaba milenios habitado, cartografiado en la memoria, cazado, pescado y enterrado. Lo que sí fueron es el primer pueblo del hemisferio oriental que llegó y dejó un relato escrito, afirmación mucho más modesta y mucho más interesante.

Quién estaba en la costa en 1021

Tres grandes poblaciones se hallaban al alcance de los desembarcos nórdicos, y no formaban un solo pueblo.

  • Las tradiciones Recent Indian (Beaches y después Little Passage): la isla de Terranova, desde el siglo VIII aproximadamente hasta el contacto europeo. Antepasados de los beothuk. Sus depósitos en el propio L'Anse aux Meadows se sitúan por encima y por debajo del estrato nórdico 4.
  • Los antepasados de los innu: el interior y la costa del Labrador, el país que los nórdicos llamaron Markland.
  • Los paleoinuit del Dorset: el norte del Labrador, la isla de Baffin y el Alto Ártico; una población ártica genética y culturalmente distinta, sin parentesco con los pueblos Recent Indian, que había abandonado la isla de Terranova hacia el siglo VIII 11.

Una cuarta población está llamativamente ausente. Los thule, antepasados de los inuit actuales, aún no se habían expandido por el Ártico canadiense hasta Groenlandia; ese movimiento llega unos dos siglos más tarde. Fueran quienes fueran los que los nórdicos encontraron en 1021, no eran ellos.

Cuál de las tres poblaciones llaman las sagas skrælingar sigue siendo una cuestión genuinamente abierta, y el atlas no fingirá lo contrario. Las descripciones de las sagas —barcas cubiertas de pieles y un arma lanzada desde una pértiga, leída habitualmente como una honda o una forma de balista— apuntan a una cultura material paleoinuit. La densa ocupación Recent Indian en el entorno inmediato de L'Anse aux Meadows apunta a los antepasados de los beothuk. Annette Kolodny, que lee las travesías meridionales de las sagas a la luz de la tradición oral wabanaki, defiende a los antepasados de los mi'kmaq y de otros pueblos del Dawnland, más al sur en el golfo de San Lorenzo 9. Las tres lecturas las sostienen investigadores serios. Ninguna es segura.

Una vitrina de museo con objetos beothuk, entre ellos colgantes de hueso e instrumentos tallados, dispuestos sobre un soporte liso con cartelas impresas.
Material beothuk en el Museo Británico. Los beothuk descienden de la gente de Little Passage cuyos depósitos se sitúan por encima y por debajo del estrato nórdico de L'Anse aux Meadows; si sus antepasados fueron los *skrælingar* de las sagas es una de las tres lecturas que los investigadores mantienen abiertas.
Photograph by Dr Wilson. Beothuk artefacts, Department of Africa, Oceania and the Americas. The British Museum, London. CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons. · CC BY-SA 3.0

Eran economías, no carencias

La costumbre de describir la América del Norte precolonial por lo que le faltaba es una mala costumbre, y distorsiona este expediente en particular, porque la historia de Vinlandia es la de una cultura receptora que no necesitaba nada de lo que traían los emisores.

Los pueblos de la costa de Terranova y el Labrador mantenían en el siglo XI economías de caza de mamíferos marinos y caribú de considerable sofisticación técnica. Disponían de barcas de piel capaces de navegar en aguas abiertas, de arcos, de utillaje de piedra pulida y hueso, de un conocimiento fino del hielo marino, de ciclos estacionales que desplazaban a la población entre las manadas de caribú del interior y las colonias costeras de focas y aves y —en el caso beothuk, documentado más tarde— de un uso elaborado del ocre rojo sobre cuerpos, herramientas, canoas y enterramientos, que dio al pueblo su apodo inglés 10. Sus canoas de corteza de abedul tenían un francobordo alto, adecuado para las travesías costeras. No estaban esperando nada.

Lo que no tenían era metalurgia, ganado doméstico más allá del perro, agricultura cerealística, vela y escritura. Los nórdicos tenían las cinco cosas. En el relato habitual de una transmisión, esa asimetría es el motor: la parte que posee la técnica más dura la transmite, y la cultura receptora se reconstruye en torno al regalo. Eso ocurrió cuando el arcabuz llegó a Tanegashima y cuando el alfabeto llegó al Egeo. No es lo que ocurrió aquí, y la razón de que no ocurriera constituye la sustancia de este expediente.

La vertiente demográfica de la asimetría corría en sentido contrario, y corría con fuerza. Las estimaciones de población para el nordeste precolonial son discutidas y lo seguirán siendo, pero los órdenes de magnitud no admiten duda: los pueblos de Terranova, el Labrador y el golfo de San Lorenzo se contaban en el siglo XI por millares o decenas de millares, mientras que los nórdicos de Groenlandia que en principio podrían haber seguido a los barcos eran unos quinientos, de los cuales quizá noventa llegaron a coincidir alguna vez en Epaves Bay 16. Toda transmisión de este atlas que remodeló una cultura receptora discurrió por un gradiente: de fuerza, de número o de deseo. En esta costa el gradiente de fuerza señalaba a los nórdicos, el de número señalaba a los nórdicos, y el del deseo —el único que por sí solo habría podido llevar a cabo la transmisión— lo bloquearon los propios emisores.

La palabra skræling

El nórdico antiguo skrælingi, plural skrælingar, es la palabra que ambas sagas de Vinlandia emplean para toda persona indígena que los nórdicos encuentran, desde Terranova hasta Markland, y no es neutra. Su derivación más probable procede de una raíz que significa seco, arrugado o encogido; las fuentes islandesas aplicarán después la misma palabra a los inuit thule hallados en Groenlandia. Aplana al menos tres pueblos sin relación entre sí en una única categoría despectiva, y ese aplanamiento es en sí mismo una prueba: los nórdicos no sentían la curiosidad suficiente por la gente que encontraban como para distinguirla.

La Saga de Erik el Rojo ofrece una descripción hostil en el mismo registro. Los nórdicos ven primero embarcaciones —«nueve canoas hechas de pieles» desde las que se blanden «varas semejantes a hocicos»— y luego, de cerca, personas: «Eran hombres bajos, de mal aspecto, con el pelo desordenado sobre la cabeza; tenían los ojos grandes y las mejillas anchas» 6. Esa es la primera descripción física escrita de un indígena americano por un europeo. Es una caricatura redactada por alguien que, como mucho, repetía una historia de doscientos años de antigüedad, y fijó un tono que perduró.

Una colonia de quinientas almas envía barcos al oeste

Groenlandia: una cultura agrícola sin bosque y sin mineral

Las travesías de Vinlandia no salieron de Noruega ni de Dinamarca. Salieron de una colonia de dos generaciones asentada en los fiordos del suroeste groenlandés, fundada hacia 985 por Erik el Rojo tras su destierro de Islandia, y el problema específico de esa colonia explica por completo las travesías 13.

Los nórdicos de Groenlandia eran islandeses por linaje y por derecho: criaban vacas, ovejas y cabras en escuálidos pastos de fiordo, cazaban foca y caribú y exportaban marfil de morsa. Su población en el cambio de milenio rondaba las quinientas personas; en su apogeo del siglo XIII, el Asentamiento Oriental en torno al Eiríksfjörður y el Einarsfjörður, junto con el menor Asentamiento Occidental cerca de la actual Nuuk, pudo sostener entre dos mil y tres mil 13. Les faltaban estructuralmente dos materiales que toda su técnica presuponía. Groenlandia no tiene bosque digno de tal nombre, y cada barco, cada viga de techo y cada duela de barril debía ser madera de deriva, madera importada o madera que había que ir a buscar. Groenlandia no tiene mineral de hierro accesible, y el hierro era el material que hacía de un barco nórdico un barco nórdico.

La única exportación de valor de la colonia era el marfil de morsa, cazado en verano en los lejanos terrenos del Norðrsetur, en la costa occidental, y embarcado hacia el este a través de Islandia y Noruega, donde pagaba el hierro, el grano, los ornamentos de iglesia y la jarcia que los groenlandeses no sabían fabricar 13. Esa es la forma de la economía: una sociedad agrícola europea que funcionaba con un subsidio de caza ártica, al extremo de la cadena de suministro más larga del Atlántico Norte medieval, permanentemente a una mala década de la insolvencia. La reconstrucción de Kirsten Seaver subraya que los groenlandeses no eran gente marginal aferrada al borde del mundo: eran una comunidad operativa, constructora de iglesias, pagadora de diezmos y alfabetizada en latín, que sencillamente estaba situada donde no existían los dos materiales más comunes del utillaje europeo.

Una comunidad en esa posición tiene dos opciones cuando necesita madera y hierro: comprarlas a Noruega al otro extremo del comercio de marfil, o ir a buscarlas. El Labrador está a 700 kilómetros de los fiordos groenlandeses. Noruega está a 3.000.

Así que los barcos fueron al oeste, y el primero del que hay constancia fue por accidente.

La negativa de Bjarni y la compra de Leif

La Saga de los groenlandeses —la más antigua y, según la mayoría de los investigadores, la más fiable de las dos sagas de Vinlandia— abre la secuencia con Bjarni Herjólfsson, desviado de su rumbo en la travesía de Islandia a Groenlandia y arrastrado frente a tres costas desconocidas 5. Las describe en orden: una tierra llana y boscosa, luego una segunda de carácter parecido, luego una tercera «alta y montañosa, con glaciares encima» 6. Bjarni no desembarca en ninguna. Busca a su padre, lo encuentra en Herjólfsnes, y las sagas registran que se le reprochó su falta de curiosidad.

Leif Eriksson compró el barco de Bjarni y rehízo la ruta a la inversa, y el acto de dar nombre es uno de los más puramente comerciales de la literatura medieval. Cada tierra recibe el nombre de lo que puede extraerse de ella. La costa de los glaciares se convierte en Helluland, tierra de losas. La costa boscosa se convierte en Markland, tierra de bosque: «Por sus recursos recibirá nombre esta tierra, y se llamará Markland» 6. La tercera se convierte en Vinlandia. No son los nombres de un descubridor. Son los nombres de un inventario de abastecimiento.

El año 1021, al año exacto

Durante cuatro décadas después de que Helge Ingstad y Anne Stine Ingstad identificaran las estructuras nórdicas de L'Anse aux Meadows en 1960, la datación del yacimiento fue un intervalo de radiocarbono: en torno al cambio de milenio, con un margen de una vida humana 78. En 2021 eso cambió.

Margot Kuitems, Birgitta Wallace y sus colegas tomaron tres piezas de madera trabajada de los depósitos nórdicos —abeto, probablemente abeto balsámico, y un enebro o tuya— cada una de las cuales «había sido modificada con herramientas metálicas, como evidencian sus cortes característicamente limpios y de ángulo de entrada bajo», lo que en esa costa y en ese periodo significa nórdicas, porque ninguna población indígena de allí trabajaba la madera con metal 3. En 993 un episodio de radiación cósmica, casi con certeza una tormenta solar, elevó el radiocarbono atmosférico en unas nueve partes por mil en todo el mundo, dejando un pico visible en los anillos de crecimiento de todos los continentes. El equipo localizó el pico de 993, contó hacia fuera hasta el anillo pegado a la corteza y obtuvo veintinueve. Los tres árboles se talaron en el año 1021.

Merece la pena citar textualmente el resumen que el propio artículo hace de lo que esto significa: «Nuestra nueva datación marca un hito para el conocimiento europeo de América y representa el primer momento conocido en que los seres humanos rodearon el globo» 3. La segunda parte es la afirmación mayor. Las poblaciones humanas se habían extendido desde África hacia el este a través de Eurasia y hasta América por el puente de Bering; en 1021 una rama que iba hacia el oeste se encontró con el borde lejano de otra que iba hacia el este, y la especie cerró un círculo que llevaba cincuenta mil años abierto.

Un estudio de 2019 de Paul Ledger, Linus Girdland-Flink y Véronique Forbes complica un poco, y de manera útil, esa pulcritud. El modelado bayesiano del radiocarbono antiguo del yacimiento sitúa el inicio de la actividad nórdica entre 910 y 1030 d. C. y su final entre 1030 y 1145, y el equipo identificó un estrato cultural hasta entonces desconocido, datado en los siglos XII o XIII, que contenía polen de nogal y de lúpulo y especies de coleópteros conocidas en contextos nórdicos de Groenlandia 4. Su lectura es cauta: apunta a «una actividad nórdica esporádica más allá de comienzos del siglo XI» y no a un poblamiento continuo, y plantea la posibilidad de que L'Anse aux Meadows «pudiera haber sido una zona de interacción compartida» 4.

Ocho edificios, noventa personas, menos de una década

Lo que conserva el suelo no es una colonia. Es una base.

Elemento Datos
Construcciones Ocho, en tres conjuntos: tres salas de habitación, cuatro talleres, una fragua
Técnica Turba sobre armazón de madera, a la manera islandesa y groenlandesa
Metalurgia Reducción de hierro de turbera y trabajo de fragua: la primera reducción de hierro en América
Barcos Depresiones costeras interpretadas como cobertizos para embarcaciones; roblones de hierro en cantidad
Objetos personales Un alfiler anular de bronce de tipo nórdico; una fusayola de esteatita
Ocupación Del orden de sesenta a noventa personas como máximo
Duración Menos de una década de uso, probablemente mucho menos en cómputo

La fusayola importa más de lo que su tamaño sugiere. Hilar era trabajo de mujeres en la sociedad nórdica, y su presencia en el yacimiento es uno de los indicios más firmes de que las travesías de Vinlandia llevaban mujeres además de tripulación, algo que las sagas afirman de forma independiente al nombrar a Gudrid Thorbjarnardóttir, que dio a luz en Vinlandia a un hijo llamado Snorri, y a Freydís Eiríksdóttir 12.

Birgitta Wallace, que trabajó en el yacimiento para Parques Canadá a lo largo de cuatro décadas, estableció la interpretación que ha prevalecido: L'Anse aux Meadows fue una puerta de entrada, una base de invernada y un punto de transbordo a la entrada de una región mucho más amplia; no la Vinlandia de las sagas, sino la puerta que conducía a ella 216.

Las nueces cenicientas y hasta dónde bajaron los barcos

El objeto más informativo del yacimiento es una nuez.

Se recuperaron tres nueces cenicientas —Juglans cinerea— y un nudo de nogal ceniciento trabajado en los depósitos nórdicos 12. El nogal ceniciento nunca ha crecido en Terranova. No crece en cientos de kilómetros a la redonda de L'Anse aux Meadows. Las masas silvestres más próximas están en el nordeste de Nuevo Brunswick y en el valle del San Lorenzo, y ocupan casi exactamente el mismo territorio que la vid silvestre, con la que comparten temporada de maduración. Alguien las llevó hacia el norte.

La nuez cenicienta hace, por tanto, lo que ninguna frase de saga puede hacer: prueba materialmente que los nórdicos que operaban desde Epaves Bay alcanzaron el sur del golfo de San Lorenzo, grosso modo la comarca del Miramichi y la bahía de Chaleur, donde crece la vid y donde están presentes los bancos de arena, los ríos y las frondosas de la descripción del Hóp en las sagas 12. Vinlandia no era un lugar. Era un litoral de varios centenares de kilómetros del que la base terranovense constituía la bisagra septentrional.

La explicación que da Wallace de por qué se abandonó pese a todo ese litoral es lo más lúcido que se ha escrito sobre el episodio en términos económicos. Vinlandia ofrecía uvas y madera, ambas disponibles en Europa; lo que le «faltaba» eran «los demás elementos esenciales: metales de lujo, especias, textiles, armas y armaduras, y los vínculos familiares, políticos, religiosos y personales» 16. La travesía desde Groenlandia superaba los 2.500 kilómetros, más lejos que la ruta a Noruega. Y la colonia groenlandesa disponía de tierra abundante sin explotar en casa y no tenía nada parecido a la población necesaria para trabajar una segunda frontera.

Qué cambió y qué fue sustituido

Aquí el expediente rompe la pauta de todas las demás entradas de este atlas, y conviene enunciar la ruptura sin adornos. Lo que cambió en la cultura receptora fue, hasta donde cinco décadas de excavación permiten determinar, nada.

El comercio que consta en el expediente

Hubo comercio, y ambas sagas lo describen con suficiente detalle como para resultar creíbles.

En la Saga de Erik el Rojo, la partida de Thorfinn Karlsefni en el Hóp comercia con gente que llega por agua y quiere una sola cosa: «ese pueblo, en sus compras, prefería el paño rojo; a cambio tenía pieles que dar, y cueros del todo grises» 6. Los nórdicos se quedaron sin paño y empezaron a cortarlo en tiras cada vez más estrechas; la saga anota, con lo que se lee como admiración ante un buen mercado, que «los skrælingar seguían dando por él tanto como antes, o más» 6. En la Saga de los groenlandeses la moneda es el lácteo: Karlsefni «pidió a las mujeres que les sacaran productos lácteos, y en cuanto vieron los lácteos ya no quisieron comprar otra cosa», y lo que vino en sentido inverso fueron «pieles grises, marta cibelina y toda clase de pellejos» 6.

Leído con atención, se trata de una transacción de comercio de pieles exactamente del tipo que dominaría esa misma costa a partir del siglo XVI —pieles hacia fuera, textiles y novedades hacia dentro—, ocurrida quinientos años antes, en miniatura y durante una sola temporada.

El embargo de Karlsefni

Queda una cláusula más, y es la frase de mayor alcance de ambas sagas.

«Los skrælingar desataron entonces sus fardos y los ofrecieron, queriendo cambiarlos por armas, pero Karlsefni prohibió a sus hombres comerciar armas con ellos» 6.

Los comerciantes indígenas sabían lo que querían. No era paño ni queso; con eso se conformaron. Querían hierro, y el mando nórdico comprendió de inmediato que el hierro era la única mercancía que no podía dejarse cruzar, porque el hierro constituía todo el margen de ventaja nórdico en un lugar donde estaban en inferioridad numérica. El primer embargo de armas de la historia de América se decretó antes de que terminara el primer invierno, y recayó sobre el hierro.

Esa decisión es el gozne de todo el expediente. Los nórdicos llegaron con la técnica que, cinco siglos más tarde, reestructuraría el continente. La retuvieron a sabiendas. La transmisión fracasó en parte porque los emisores se negaron a realizarla, y esa negativa dice algo que las sagas no formulan: ambas partes comprendían perfectamente lo que estaba en juego en el intercambio. La gente de la playa no se maravillaba ante prodigios. Evaluaban a un socio comercial, identificaban el único artículo que merecía la pena y lo pedían. Se lo negaron, y siguieron negándose a interesarse por los sustitutos.

Lo que quizá cruzó: los indicios discutidos

Se han propuesto tres conjuntos de indicios de que material nórdico llegó a manos indígenas, y los tres están discutidos. El atlas da a cada uno su formulación más fuerte y su objeción.

  1. El material de Helluland. El Helluland Archaeology Project de Patricia Sutherland examinó cuatro yacimientos Dorset —Nanook, en el valle de Tanfield, al sur de la isla de Baffin; Nunguvik, al norte de Baffin; Avayalik, en el norte del Labrador; Willows Island, en la bahía de Frobisher— y comunicó hilo hilado de estilo escandinavo, maderas entalladas y decoradas, piedras de afilar de tipo europeo con trazas de aleación de cobre y de hierro reducido, una pala de hueso de ballena de forma nórdica groenlandesa, palos de cuenta, pelo de rata del Viejo Mundo y construcciones de piedra y turba 12. Sutherland lee en ello un contacto sostenido, quizá un puesto comercial. La objeción es rotunda: el Museo Real de Ontario califica los objetos solo de indicio «posible» de contacto, y algunos críticos han concluido que «no parece haber pruebas arqueológicas convincentes de que se produjera contacto». La disputa no está resuelta y se volvió institucionalmente agria.
  2. El penique de Maine. Un penique de plata de Olaf Kyrre de Noruega, acuñado entre 1065 y 1080, recuperado en 1957 por un excavador aficionado en el yacimiento Goddard, en Naskeag Point (Maine), un asentamiento indígena con una amplia red de intercambio ocupado hacia 1180-1235. Kolbjørn Skaare, de la Universidad de Oslo, identificó la moneda y la publicó en 1979 15. La moneda es sin duda auténtica. Su procedencia no lo es: la levantó sin control arqueológico un coleccionista, y la lectura del depósito fraudulento sigue viva.
  3. El estrato de solapamiento de L'Anse aux Meadows. El depósito de los siglos XII-XIII descrito en 2019, con sus ecofactos de asociación nórdica situados en un horizonte que podría ser de filiación indígena, es el más reciente y el más prudente de los tres. Sus propios autores lo describen como algo que plantea «más preguntas que respuestas» 4.

Repárese en lo que no figura en esta lista: un solo objeto nórdico excavado con seguridad en un contexto indígena intacto en Terranova, y una sola adopción indígena de una técnica nórdica en cualquier parte.

Lo que no cruzó: el registro de la cultura receptora

La prueba negativa es la más sólida de este expediente, y es de una nitidez poco frecuente.

La secuencia de Little Passage en la isla de Terranova discurre sin interrupción desde el siglo XII aproximadamente hasta el contacto europeo del XVI, y de ahí a los beothuk del periodo histórico, y no muestra hierro alguno, ninguna forma de origen nórdico, ningún cambio de utillaje, ningún cambio en el patrón de asentamiento y ninguna discontinuidad que nadie haya podido atribuir a los sucesos de 1021 410. Nunca se ha identificado con seguridad un préstamo léxico nórdico en beothuk, en innu-aimun ni en mi'kmaq. No se ha recogido ninguna tradición oral indígena del encuentro que los investigadores acepten como independiente de las sagas, aunque Kolodny sostiene que ciertas tradiciones wabanaki sobre extranjeros portadores de piedra conservan algo de ella 9. En términos materiales, el paso nórdico por Terranova es casi arqueológicamente invisible desde el lado indígena.

Ninguna de las dos condiciones se daba aquí. Las culturas receptoras querían hierro y se lo negaron; no querían paño ni queso lo bastante como para reorganizarse en torno a ellos. Y los nórdicos no podían obligar, porque eran sesenta o noventa al extremo de una línea de suministro de 2.500 kilómetros, y en los litorales que sondeaban había poblaciones mayores en varios órdenes de magnitud. Wallace juzga que solo el este de Nuevo Brunswick albergaba una población mi'kmaq lo bastante densa como para ofrecer una «resistencia formidable» a cualquier avance nórdico 16.

Lo que cambió del lado nórdico

La única cultura alterada de manera mensurable por las travesías de Vinlandia fue la que las emprendió, y aun ahí el cambio fue informativo antes que material.

Vinlandia entró en el registro escrito del norte de Europa y allí se quedó. Adán de Bremen, que redactó hacia 1075 su Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum sobre la autoridad del rey Svend Estridsen de Dinamarca, da noticia de una isla del océano «llamada Winland, porque allí crece la vid silvestre y da el mejor vino», donde «las mieses brotan en abundancia sin haber sido sembradas» 18. Esa noticia, escrita apenas cincuenta años después de la tala de los árboles de Epaves Bay, es la referencia escrita más antigua que se conserva al continente americano procedente de alguien del hemisferio oriental. Ocupa cuatro frases, y de ella no se siguió nada durante cuatrocientos años.

El conocimiento no se convirtió en proyecto. Se convirtió en un topónimo de una crónica y, dos siglos después, en dos sagas.

Conviene ser preciso sobre por qué no siguió nada, porque las respuestas habituales son erróneas. No fue que los nórdicos olvidaran: la entrada analística de 1347 demuestra que no. No fue que se perdiera la ruta: Markland estaba a una semana de los fiordos groenlandeses. Ni siquiera fue, en lo esencial, que los skrælingar fuesen hostiles, aunque la conclusión de Karlsefni así lo afirme. Fue que la única sociedad que poseía a la vez los barcos y el conocimiento geográfico para actuar sobre Vinlandia contaba unos centenares de personas, estaba ya plenamente ocupada en mantener dos asentamientos en Groenlandia y carecía de excedente demográfico, de Estado, de capital y de institución alguna capaz de montar una empresa colonial. El conocimiento reposaba en el único lugar de Europa que no podía utilizarlo. Cuando la propia Groenlandia se hundió —el Asentamiento Occidental desaparecido a mediados del siglo XIV, el Oriental mudo después de la década de 1450—, el conocimiento se hundió con ella y sobrevivió únicamente como literatura, en Islandia 13.

Markland: tres siglos de extracción discreta

Un hilo sí continúa, y es el que muestra en qué consistía realmente la relación.

Los anales islandeses registran, bajo el año 1347, la llegada a Islandia de un barco pequeño procedente de Groenlandia, desviado de su rumbo de regreso, con una tripulación de diecisiete o dieciocho hombres y un cargamento de madera tomada en Markland 17. Es una anotación rutinaria sobre una travesía rutinaria, y precisamente por eso importa. Trescientos veintiséis años después de 1021, los groenlandeses seguían cruzando el estrecho de Davis para cortar madera en la costa del Labrador, y la cosa era tan poco notable que el analista solo la menciona porque el barco acabó en el país equivocado.

Esa es, en una frase, la forma de la relación nórdica con América del Norte: ni poblamiento, ni conquista, ni intercambio, sino una extracción de madera pequeña, persistente y no documentada de una costa cuyos habitantes no tuvieron voz en el asunto. La entrada de 1347 es el último registro escrito de un europeo que alcanza América antes de Colón.

Cuál fue el coste

La transmisión fracasó. Las muertes, no.

Ocho hombres bajo tres barcas

La Saga de los groenlandeses sitúa el episodio en la expedición de Thorvald Eriksson, la segunda de las travesías de Vinlandia, uno o dos años después de la de Leif. La partida de Thorvald dobla un cabo que le gusta lo suficiente como para decir, según la formulación de la saga: «Aquí es hermoso, y aquí querría yo construir mi casa». Después:

«Volvieron entonces al barco y vieron tres montículos en la arena, tierra adentro desde el cabo, y fueron allí a investigar y vieron tres barcas de piel y tres hombres bajo cada una. Dividieron su partida y los capturaron a todos, salvo a uno que escapó con su barca. Mataron a los otros ocho y regresaron al cabo» 6.

Nueve hombres dormían, o se resguardaban, bajo tres barcas de piel volcadas en una playa. Los nórdicos se dividieron en tres grupos para poder tomar las tres barcas a la vez, lo que significa que la acción fue planeada y no fruto del pánico. Se apoderaron de los nueve. Uno escapó. Mataron a los ocho restantes.

No se aporta ningún motivo: ni robo, ni amenaza, ni provocación, ni siquiera la fórmula de la ofensa al honor que la narrativa saguística islandesa suele suministrar para hacer inteligible una muerte. Los hombres son hallados, apresados y muertos, y el relato pasa al regreso al cabo. Es la primera muerte documentada de indígenas norteamericanos a manos de europeos, y su rasgo literario más llamativo es que el texto no considera que requiera explicación.

Krossanes

La represalia llegó ese mismo día. Una fuerza numerosa de barcas de piel bajó por el fiordo; los nórdicos se defendieron tras los escudos fijados a la regala; y Thorvald recibió una flecha por el hueco entre el costado del barco y el escudo.

«He recibido una herida bajo el brazo —dice en la saga—, y una flecha voló entre el costado del barco y el escudo, bajo mi brazo, y aquí está la flecha, y esta será mi muerte. Os aconsejo ahora que preparéis vuestro regreso cuanto antes, y me llevaréis a aquel cabo que me pareció el más apropiado para asentarse… Allí me enterraréis y pondréis cruces a mi cabeza y a mis pies, y lo llamaréis Krossanes desde ahora» 6.

El cabo de las cruces. El primer europeo que muere en el continente norteamericano queda enterrado bajo una cruz cristiana en una tierra que él mismo había elegido, en una secuencia donde la propia saga coloca esa elección inmediatamente antes de la matanza de ocho de quienes vivían allí. El texto dedica una página entera al ritual funerario de un solo nórdico y una oración subordinada a la muerte de ocho hombres indígenas. Ese desequilibrio no es una glosa del atlas: es la arquitectura propia de la fuente primaria, y todos los relatos de Vinlandia escritos desde entonces la han heredado.

El Hóp y Freydís con la espada

La Saga de Erik el Rojo registra el segundo encuentro violento, en el Hóp, durante la expedición de Karlsefni, y este empieza como comercio y se tuerce.

Un toro de la partida de Karlsefni «salió corriendo del bosque y bramó con fuerza», y los comerciantes se dispersaron; cuando volvieron, lo hicieron en número y en armas, «una gran muchedumbre de barcas de skrælingar que caía sobre ellos como una corriente», con «hondas o catapultas» que lanzaban algo lo bastante pesado como para desbaratar una línea acorazada 6. Los nórdicos rompieron filas y huyeron. La desbandada la detuvo Freydís Eiríksdóttir, embarazada e incapaz de seguir el paso, que recogió la espada de un muerto, se descubrió el pecho y lo golpeó con el plano de la hoja: «Al verlo se asustaron, corrieron a sus barcas y huyeron» 6.

El recuento de bajas de la saga es preciso y escaso: «Cayeron dos de los hombres de Karlsefni y cuatro de los skrælingar» 6. Y la conclusión que extrae Karlsefni es el epitafio de toda la empresa: que «aunque la tierra fuese escogida y buena, la guerra y el terror pesarían siempre sobre ellos», y que por tanto debían volver a casa 6.

Queda una muerte más que anotar, y es de nórdicos contra nórdicos. La Saga de los groenlandeses atribuye a Freydís una expedición posterior en sociedad con dos hermanos islandeses, Helgi y Finnbogi, que terminó cuando ella provocó una disputa e hizo atar y matar a su gente: «Todos los hombres fueron muertos, pero las mujeres quedaron, y nadie quiso matarlas. Entonces dijo Freydís: “Ponedme un hacha en la mano”. Así se hizo, y allí mató a las cinco mujeres, abatiéndolas ella misma» 6. Cinco mujeres, muertas a hachazos por la hija de Erik el Rojo, en Vinlandia. Sea lo que sean las sagas por lo demás, no son un relato heroico.

Dos niños tomados en Markland

El último acto documentado de las travesías de Vinlandia es un rapto, y es el hecho menos conocido de este expediente.

De regreso a casa, los barcos de Karlsefni recalaron en Markland —la costa del Labrador— y hallaron en tierra un grupo pequeño: un hombre barbado, dos mujeres, dos niños. Los nórdicos se llevaron a los dos niños. Los adultos escaparon. La saga informa entonces, sin comentario, de lo que se hizo con ellos: «Les enseñaron su lengua y los bautizaron» 6. Registra su testimonio en nórdico —que su madre se llamaba Vætilldi y su padre Uvægi, que dos reyes gobernaban a su pueblo, de nombre Avaldamon y Avaldidida— y registra que los barcos los llevaron a Groenlandia para invernar en la casa de Erik 6.

Dos niños fueron arrancados de una playa del Labrador por extraños armados, transportados al otro lado del estrecho de Davis, despojados de su lengua y de su religión y utilizados como informantes. Esto ocurrió cuatrocientos setenta y un años antes de que Colón embarcara cautivos taínos de La Española hacia España. Nada más se sabe de ellos. Las sagas no consignan sus nombres originales: solo los nombres de los padres a los que se los quitaron.

Pequeño retrato en miniatura a la acuarela de una joven beothuk de tres cuartos, con una prenda clara de cuello alto, pintado sobre marfil.
Demasduit, pintada en San Juan en 1819 por lady Henrietta Martha Hamilton, semanas después de que unos colonos la apresaran en el lago Red Indian y mataran a su marido Nonosabasut. Murió antes de que acabara el año; su sobrina Shanawdithit, la última beothuk conocida, murió en 1829. Se trata de una catástrofe colonial del siglo XIX, no de un hecho nórdico del XI, y el expediente mantiene separadas ambas facturas.
Lady Henrietta Martha Hamilton. Portrait of Demasduit (Mary March), watercolour on ivory, 1819. Library and Archives Canada, Acc. No. 1977-14-1. Public domain via Wikimedia Commons. · Public domain

La factura, contada

La práctica del atlas es contar, así que aquí está la cuenta. El coste humano documentado de la transmisión de Vinlandia, según las dos sagas, es el siguiente:

Episodio Muertos Raptados
Krossanes, expedición de Thorvald 8 hombres indígenas —
Krossanes, represalia Thorvald Eriksson —
Hóp, expedición de Karlsefni 4 indígenas, 2 nórdicos —
Markland, viaje de regreso — 2 niños indígenas
Expedición de Freydís, interna Helgi, Finnbogi y sus hombres; 5 mujeres nórdicas —

Doce indígenas muertos y dos niños raptados, frente a un tributo europeo de Thorvald, dos hombres en el Hóp y la partida que Freydís destruyó. Medido contra la peste antonina o la trata atlántica, esto es un error de redondeo, y el atlas no va a inflarlo hasta convertirlo en lo que no fue. Medido como secuencia, es exacto: contacto, comercio, negativa a ceder la técnica decisiva, matanza no provocada, represalia, batalla, rapto, retirada. Todos los elementos de la pauta posterior a 1492 están presentes en 1021, a escala de doce, porque las condiciones demográficas que después harían de ello una catástrofe continental aún no existían.

La factura que no es de los nórdicos

Los beothuk —descendientes de la gente de Little Passage cuyos depósitos se sitúan por encima y por debajo del estrato nórdico de L'Anse aux Meadows— dejaron de existir como pueblo en el siglo XIX. Un recuento inglés de 1768 los cifraba en unos 350, quizá la mitad de una cifra anterior; en 1811 el número registrado era 72 10. En marzo de 1819 una partida de colonos apresó a una mujer llamada Demasduit en el lago Red Indian y mató a su marido Nonosabasut cuando este trató de impedirlo; rebautizada Mary March y retratada en San Juan por lady Henrietta Martha Hamilton, murió antes de que acabara el año. Su sobrina Shanawdithit, la última beothuk conocida, murió de tuberculosis en San Juan el 6 de junio de 1829 10.

Este no es el coste de la transmisión nórdica, y el atlas no se lo va a imputar. Las causas fueron inglesas y de los colonos de Terranova: el desalojo de los ríos salmoneros y de las zonas costeras de caza de focas de las que dependían los beothuk, la violencia deliberada, la tuberculosis y ochocientos años de distancia respecto de cuanto sucedió en 1021. La reconstrucción de Ingeborg Marshall, que sigue siendo la obra de referencia, es de principio a fin una historia del siglo XIX 10.

La distinción hay que hacerla de forma explícita, porque la alternativa —dejar que un expediente nórdico absorba una catástrofe beothuk porque ambas ocurrieron en la misma isla— es exactamente el modo de fallo que este atlas existe para evitar. Los costes pertenecen a las transmisiones que los causaron. Este no pertenece a esta. Se consigna aquí porque quienes lo pagaron son el mismo pueblo cuyos antepasados expulsaron a los nórdicos, y porque un expediente que mencionara a los beothuk solo como comparsas de una historia vikinga cometería su propia forma de borrado.

La posteridad del relato

El último coste de Vinlandia es el uso que se hizo de ella, y ese no es en absoluto del siglo XI.

A partir de la década de 1830 las sagas de Vinlandia se pusieron al servicio, en Estados Unidos y en Canadá, de una carta fundacional: la prueba de una llegada primera, blanca y protestante, oponible a las reivindicaciones católicas e italianas sobre Colón y, más discretamente, a la anterioridad indígena en su conjunto. In Search of First Contact, de Annette Kolodny, es el tratamiento definitivo de lo que ella llama la angustia angloamericana del descubrimiento: el largo esfuerzo por hallar en las sagas una fundación que excluyera tanto a los inmigrantes como a quienes ya estaban aquí 9. La piedra rúnica de Kensington, la torre de Newport, el Leif Erikson Day y todo un estante de libros decimonónicos que sostienen que América no fue descubierta por Colón pertenecen a esta historia.

Su emblema es el mapa de Vinlandia. Yale lo presentó en 1965, tras siete años de estudio, como un mapa del siglo XV que mostraba la Vinlanda Insula al oeste de Groenlandia. En 2021 un equipo de Yale dirigido por Raymond Clemens, conservador de la Beinecke, demostró mediante fluorescencia de rayos X y microespectroscopía Raman que los trazos y el texto del mapa están dibujados con una tinta que contiene titanio y bario, la firma de un pigmento de blanco de titanio fabricado por primera vez en la década de 1920. La declaración de Clemens no admitía matices: «El mapa de Vinlandia es falso. Aquí no cabe ninguna duda razonable» 19. Kirsten Seaver había establecido la demostración documental de la falsificación diecisiete años antes 14.

Los nórdicos no conquistaron América del Norte. No la colonizaron, ni la convirtieron, ni la comerciaron hasta la dependencia, ni le transmitieron nada. La alcanzaron, mataron a doce personas, robaron a dos niños, cortaron madera en ella durante tres siglos y se volvieron a casa. El daño hecho en su nombre se hizo novecientos años más tarde, por gente que necesitaba que la historia significara algo que no significaba.

Lo que siguió

Dónde vive esto hoy

El sitio histórico nacional de L'Anse aux Meadows, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1978 El año 1021, la primera fecha de precisión calendárica de una presencia europea en América El Leif Erikson Day y, más ampliamente, la tradición de la anterioridad nórdica en la memoria pública norteamericana El mapa de Vinlandia, presentado por Yale en 1965 y probado falso en 2021 Las sagas de Vinlandia, el primer relato europeo escrito de un contacto con indígenas americanos La madera de Markland, traída a través del estrecho de Davis al menos hasta 1347

Referencias

  1. Wallace, Birgitta Linderoth. Westward Vikings: The Saga of L'Anse aux Meadows. St. John's: Historic Sites Association of Newfoundland and Labrador, 2006. en
  2. Wallace, Birgitta. "The Norse in Newfoundland: L'Anse aux Meadows and Vinland." Newfoundland and Labrador Studies 19, no. 1 (2003): 5-43. en
  3. Kuitems, Margot, Birgitta L. Wallace, Charles Lindsay, Andrea Scifo, Petra Doeve, Kevin Jenkins, Susanne Lindauer, Pinar Erdil, Paul M. Ledger, Veronique Forbes, Caroline Vermeeren, Ronny Friedrich, and Michael W. Dee. "Evidence for European Presence in the Americas in ad 1021." Nature 601, no. 7893 (2022): 388-391. en
  4. Ledger, Paul M., Linus Girdland-Flink, and Veronique Forbes. "New Horizons at L'Anse aux Meadows." Proceedings of the National Academy of Sciences 116, no. 31 (2019): 15341-15343. en
  5. Eyrbyggja saga; Groenlendinga saga; Eiriks saga rauda. Islenzk fornrit IV, edited by Einar Ol. Sveinsson and Matthias Thordarson. Reykjavik: Hid islenzka fornritafelag, 1935. is primary
  6. The Vinland Sagas: The Norse Discovery of America. Groenlendinga saga and Eirik's Saga, translated with an introduction by Magnus Magnusson and Hermann Palsson. Harmondsworth: Penguin Classics, 1965. Passages also checked against the Icelandic Saga Database editions of Groenlendinga saga and Eiriks saga rauda. en primary
  7. Ingstad, Helge. Vesterveg til Vinland: oppdagelsen av norrone boplasser i Nord-Amerika. Oslo: Gyldendal Norsk Forlag, 1965. no
  8. Ingstad, Anne Stine, and Helge Ingstad. The Norse Discovery of America. 2 vols. Oslo: Norwegian University Press, 1985. en
  9. Kolodny, Annette. In Search of First Contact: The Vikings of Vinland, the Peoples of the Dawnland, and the Anglo-American Anxiety of Discovery. Durham, NC: Duke University Press, 2012. en
  10. Marshall, Ingeborg. A History and Ethnography of the Beothuk. Montreal and Kingston: McGill-Queen's University Press, 1996. en
  11. Fitzhugh, William W., and Elisabeth I. Ward, eds. Vikings: The North Atlantic Saga. Washington, DC: Smithsonian Institution Press in association with the National Museum of Natural History, 2000. en
  12. Sutherland, Patricia D. "The Norse and Native North Americans." In Vikings: The North Atlantic Saga, edited by William W. Fitzhugh and Elisabeth I. Ward, 238-247. Washington, DC: Smithsonian Institution Press, 2000. See also the Helluland Archaeology Project reports on the Nanook, Nunguvik, Avayalik and Willows Island sites. en
  13. Seaver, Kirsten A. The Frozen Echo: Greenland and the Exploration of North America, ca. A.D. 1000-1500. Stanford: Stanford University Press, 1996. en
  14. Seaver, Kirsten A. Maps, Myths, and Men: The Story of the Vinland Map. Stanford: Stanford University Press, 2004. en
  15. Skaare, Kolbjorn. "En norsk penning fra 11. arh. funnet pa kysten av Maine, USA." NNF-Nytt 2 (1979): 4-17. no
  16. Wallace, Birgitta. "L'Anse aux Meadows: Different Disciplines, Divergent Views." In Viking Settlements and Viking Society: Papers from the Proceedings of the Sixteenth Viking Congress, edited by Svavar Sigmundsson. Reykjavik: University of Iceland Press and Hid islenzka fornleifafelag, 2011. en
  17. Islandske Annaler indtil 1578, edited by Gustav Storm. Christiania: Det norske historiske Kildeskriftfond, 1888. The Markland entry appears under the year 1347. no primary
  18. Adam of Bremen. Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum, book IV, chapter 39, composed c. 1073-1076. English translation: History of the Archbishops of Hamburg-Bremen, translated by Francis J. Tschan. New York: Columbia University Press, 1959; revised edition 2002. la primary
  19. "Beinecke Library's Vinland Map Determined to Be a Fake." Yale University Library news release, 1 September 2021, reporting the X-ray fluorescence and Raman microspectroscopy analysis led by Raymond Clemens. en

Lecturas adicionales

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OsakaWire Atlas. 2026. "The Norse reached America in 1021 — and left with two stolen boys" [Hidden Threads record]. https://osakawire.com/es/atlas/vinland_norse_north_america_1021/