La magnitud del colapso
Lo que realmente muestran las cifras
Los sistemas biológicos que sustentan la civilización humana se deterioran a un ritmo sin precedentes en la historia documentada. ✓ Hecho establecido Las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas han caído en promedio un 73 % desde 1970 [1], y la UICN clasifica actualmente 47.187 especies como amenazadas de extinción [3]. No se trata de proyecciones: son mediciones de pérdidas ya consumadas.
El Informe Planeta Vivo 2024 (Living Planet Report), elaborado por WWF y la Sociedad Zoológica de Londres, rastrea 34.836 tendencias poblacionales en 5.495 especies de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios [1]. La cifra principal —un declive medio del 73 %— representa la erosión más pronunciada de vida vertebrada jamás registrada en la era moderna. ✓ Hecho establecido No es un cambio marginal. Es una transformación estructural de la composición biológica del planeta que se produce en el lapso de una sola vida humana.
La distribución de estas pérdidas resulta profundamente desigual. América Latina y el Caribe han experimentado un declive catastrófico del 95 % en las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas, lo que equivale a un colapso casi total de la abundancia vertebrada en toda una biorregión [1]. África registra un 76 % y Asia-Pacífico un 60 %. Los descensos comparativamente menores en Europa (35 %) y América del Norte (39 %) no reflejan un éxito relativo, sino que las naciones industrializadas ya habían infligido gran parte de su daño ecológico antes de 1970; la propia línea de base está mermada.
La Lista Roja de la UICN —el inventario más exhaustivo del estado de conservación de las especies biológicas a escala mundial— ha evaluado 169.420 especies en su actualización de 2025 [3]. De ellas, 47.187 se clasifican como amenazadas, abarcando categorías desde Vulnerable hasta En Peligro Crítico. El Índice de la Lista Roja se ha deteriorado más de un 12 % entre 1993 y 2024, lo que significa que, pese a la expansión de los esfuerzos de conservación, la trayectoria general de las especies evaluadas ha empeorado. ✓ Hecho establecido
Entre los hallazgos más alarmantes figura la evaluación de las especies arbóreas del mundo. ✓ Hecho establecido De 47.282 especies de árboles evaluadas, el 38 % se encuentra amenazado de extinción, principalmente a causa de la deforestación para el desarrollo urbano y la agricultura, las especies invasoras y el cambio climático [3]. Los árboles no son meros elementos decorativos del paisaje: constituyen la base estructural de los ecosistemas terrestres, los principales sumideros de carbono que regulan la composición atmosférica y el hábitat del que dependen millones de otras especies.
Se estima que las tasas actuales de extinción son entre 100 y 1.000 veces superiores a la tasa natural de fondo —la velocidad a la que las especies desaparecerían sin influencia humana— [3]. ◈ Evidencia sólida Que esto constituya una «sexta extinción masiva» sigue siendo objeto de debate entre los científicos, pero la escala y la velocidad de la pérdida carecen de precedentes en los 65 millones de años transcurridos desde el impacto del asteroide que puso fin al Cretácico. La cuestión no es si estamos perdiendo biodiversidad —eso está demostrado más allá de toda duda razonable—, sino si los sistemas políticos y económicos responsables pueden reformarse antes de que se crucen los umbrales críticos.
Los ecosistemas de agua dulce han sufrido los declives más pronunciados de cualquier tipo de hábitat, con una caída del 85 % en las poblaciones monitorizadas desde 1970, un colapso que se produce en gran medida fuera del foco público. Los ríos, lagos y humedales ocupan menos del 1 % de la superficie terrestre, pero albergan aproximadamente el 10 % de todas las especies conocidas. La pérdida de biodiversidad de agua dulce amenaza directamente la calidad del agua potable, las pesquerías y la regulación de inundaciones para miles de millones de personas.
La concentración geográfica de las pérdidas merece especial atención. Las regiones que experimentan los declives más severos —América Latina, el África subsahariana y el Sudeste Asiático— son precisamente las que albergan las mayores concentraciones de biodiversidad remanente [1]. No es una coincidencia. Son las fronteras de la expansión agrícola, la extracción de recursos y el desarrollo de infraestructuras, y los lugares donde la capacidad de gobernanza resulta a menudo menos apta para hacer cumplir las protecciones ambientales. La biodiversidad que queda se concentra de forma desproporcionada en los lugares donde es más vulnerable.
El punto ciego económico
El balance invisible de la naturaleza
La economía mundial depende de la naturaleza para más de la mitad de su producción, pero ningún marco económico convencional contabiliza esta dependencia. ✓ Hecho establecido Más de 44 billones de dólares de valor económico —más del 50 % del PIB mundial— depende directamente de los recursos naturales y los servicios ecosistémicos que estos proporcionan [5]. La economía no es ajena a la naturaleza. Está integrada en ella.
La emblemática Revisión Dasgupta (The Dasgupta Review), encargada por el Tesoro de Su Majestad y publicada en 2021, reformuló de manera fundamental la relación entre economía y biodiversidad [4]. Su hallazgo central resulta devastador por su sencillez: entre 1992 y 2014, el capital producido por persona se duplicó y el capital humano por persona aumentó un 13 %, pero el stock de capital natural por persona disminuyó casi un 40 %. ✓ Hecho establecido Nos hemos vuelto más ricos según todos los indicadores convencionales, mientras agotábamos de forma sistemática los cimientos sobre los que descansa esa riqueza.
El Banco Mundial estima que los servicios ecosistémicos —que incluyen la polinización, la purificación del agua, el secuestro de carbono, la formación de suelos, la regulación de inundaciones y el control de enfermedades— generan entre 125 y 140 billones de dólares en valor económico anual [5]. Esta cifra supera el PIB mundial total, y sin embargo no figura en las cuentas nacionales de ningún país. Cuando se tala un bosque, el PIB registra los ingresos por madera como un beneficio; el secuestro de carbono perdido, la protección de cuencas hidrográficas y el hábitat de biodiversidad se registran como nada.
Este fallo contable no es meramente académico: impulsa decisiones perversas a todos los niveles. Un gobierno que drena un humedal para construir un centro comercial registra un aumento del PIB. La protección contra inundaciones, la filtración de agua, el almacenamiento de carbono y el hábitat de biodiversidad perdidos —servicios que el humedal proporcionaba gratuitamente— resultan invisibles para los indicadores que orientan las políticas [4]. Como señala sir Partha Dasgupta, la naturaleza se ha convertido en un «punto ciego» de la economía que ya no puede ignorarse.
Nuestras economías, medios de vida y bienestar dependen todos de nuestro activo más preciado: la naturaleza. Hemos agotado nuestro capital natural a un ritmo alarmante y necesitamos reconocer que formamos parte de la naturaleza, no que estamos separados de ella.
— Sir Partha Dasgupta, The Economics of Biodiversity: The Dasgupta Review, 2021Las consecuencias de este punto ciego no son hipotéticas. El Banco Mundial proyecta que un colapso parcial de los ecosistemas —un escenario que implica la degradación de servicios ecosistémicos clave como la polinización silvestre, el aprovisionamiento de alimentos de pesquerías marinas y la madera de bosques autóctonos— costaría el 2,3 % del PIB mundial, o 2,7 billones de dólares, para 2030 [5]. ◈ Evidencia sólida Las pérdidas se concentrarían en los países de renta baja y renta media-baja, en particular los de las regiones subtropicales donde las economías dependen más directamente de los servicios ecosistémicos. El África subsahariana y Asia Meridional soportarían la mayor carga.
La asimetría entre el valor económico extraído y el valor económico reconocido genera un incentivo estructural para destruir la naturaleza. ✓ Hecho establecido Los gobiernos del mundo gastan entre 4 y 6 billones de dólares anuales en subvenciones que dañan activamente la naturaleza [4]: subvenciones agrícolas que incentivan el monocultivo por encima de la biodiversidad, subvenciones a los combustibles fósiles que aceleran el cambio climático y subvenciones pesqueras que impulsan la sobreexplotación. El mercado no falla porque esté desregulado. Falla porque los activos más valiosos del planeta no figuran en su balance.
La Evaluación de Cambio Transformador del IPBES, publicada en diciembre de 2024, ofrece una narrativa alternativa: la acción inmediata sobre biodiversidad podría liberar 10 billones de dólares en oportunidades empresariales y de innovación, y respaldar 395 millones de empleos en todo el mundo para 2030 [2]. ◈ Evidencia sólida El argumento económico a favor de la conservación no supone una disyuntiva frente al crecimiento: es, cada vez más, una condición previa para un crecimiento sostenible. Pero materializarlo exige lo que la Revisión Dasgupta denomina un cambio fundamental: sustituir el PIB como índice primario de progreso por una medida de riqueza inclusiva que contabilice conjuntamente el capital producido, el capital humano y el capital natural.
Entre 1992 y 2014, la economía mundial pareció prosperar según todos los indicadores convencionales: el capital producido se duplicó, el capital humano aumentó un 13 %. Pero el capital natural por persona —los bosques, pesquerías, suelos, sistemas de agua dulce y biodiversidad de los que dependen en última instancia las otras dos formas de capital— cayó casi un 40 %. Las cifras de PIB que los gobiernos celebraron ocultaron un agotamiento masivo de la base de activos. Esto no es crecimiento. Es liquidación disfrazada de prosperidad.
Programas piloto en la India, Sri Lanka y Uganda han demostrado que la incorporación de la contabilidad del capital natural a los modelos macroeconómicos mejora las previsiones del PIB, los resultados de empleo y las proyecciones de carbono [5]. El Programa Global de Sostenibilidad del Banco Mundial se amplió de 30 a 35 países asociados entre el ejercicio fiscal 2024 y 2025, con 31 países utilizando datos de capital natural para fundamentar decisiones de inversión. Las herramientas existen. La metodología existe. Lo que sigue faltando es la voluntad política de contabilizar la realidad.
La maquinaria de la extinción
Cinco factores que desmantelan la biosfera
La pérdida de biodiversidad no es una crisis única con una causa única. Es el producto de cinco factores interrelacionados que se amplifican mutuamente: destrucción del hábitat, sobreexplotación, cambio climático, contaminación y especies invasoras. ✓ Hecho establecido Comprender su interacción resulta esencial para entender por qué las intervenciones de conservación que abordan un solo factor suelen fracasar: la maquinaria tiene cinco engranajes y todos giran simultáneamente [7].
La destrucción del hábitat sigue siendo el principal factor de pérdida de biodiversidad terrestre. En 2024, los incendios provocaron una destrucción récord de bosques tropicales: 2,8 millones de hectáreas de bosque primario amazónico ardieron, pulverizando el récord anterior de 1,7 millones de hectáreas establecido en 2016 [9]. ✓ Hecho establecido La deforestación total de la Amazonia alcanzó 1,7 millones de hectáreas en el conjunto de la cuenca, la quinta pérdida anual más elevada desde 2002. La República Democrática del Congo, que alberga el 60 % del bosque tropical de la cuenca del Congo, registró una pérdida récord de bosque primario de 590.000 hectáreas [9].
El Instituto de Recursos Mundiales (World Resources Institute) informa de que la deforestación tropical en 2024 estuvo dominada por pérdidas causadas por el fuego en la Amazonia —2,8 millones de hectáreas quemadas— y una pérdida récord de bosque primario en la RDC de 590.000 hectáreas [9]. Si bien la deforestación del Amazonas brasileño se redujo un 30,6 % hasta su nivel más bajo desde 2015 gracias a una aplicación reforzada de la ley, la cuota de Bolivia se disparó al 27,3 % del total de la cuenca, lo que sugiere un desplazamiento más que una resolución.
La sobreexplotación —la extracción de especies a un ritmo más rápido del que pueden reproducirse— impulsa las pérdidas tanto en ecosistemas marinos como terrestres. ✓ Hecho establecido En el sector pesquero, los gobiernos proporcionan 22.000 millones de dólares anuales en subvenciones que incentivan directamente la sobrepesca, agotando poblaciones de las que dependen 3.300 millones de personas para obtener proteínas [12]. Las subvenciones totales a la pesca y la acuicultura alcanzaron los 55.000 millones de dólares en 2023, con una proporción significativa destinada a prácticas insostenibles. El patrón es circular: las subvenciones permiten la sobreexplotación, la sobreexplotación agota las poblaciones y las poblaciones agotadas requieren un mayor esfuerzo y más subvenciones para mantener los rendimientos.
El cambio climático actúa como un multiplicador acelerado. ◈ Evidencia sólida El Informe sobre Puntos de Inflexión Globales (Global Tipping Points Report) identifica los arrecifes de coral de aguas cálidas como un sistema que ya ha rebasado su punto de inflexión, situado en aproximadamente 1,2 °C de calentamiento, un umbral que se ha superado con el calentamiento actual de 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales [13]. La selva amazónica se aproxima a su propio umbral de colapso, en el que la combinación de deforestación, incendios y sequía podría desencadenar una transición autosostenida de bosque tropical a sabana. En el escenario de mayores emisiones, aproximadamente un tercio de todas las especies se enfrentaría a la extinción [13].
La contaminación —particularmente la derivada de productos agroquímicos— agrava estas presiones. El uso de pesticidas ha provocado el colapso documentado de las poblaciones de insectos en múltiples regiones, con efectos en cascada a lo largo de las cadenas tróficas [14]. La escorrentía de nitrógeno y fósforo procedente de la agricultura industrial crea zonas muertas en aguas costeras, áreas tan agotadas de oxígeno que la vida marina no puede sobrevivir. La zona muerta del golfo de México supera habitualmente los 15.000 kilómetros cuadrados. Se ha documentado contaminación por plásticos en todas las cuencas oceánicas, desde las fosas más profundas hasta el hielo marino del Ártico.
Las especies exóticas invasoras —organismos introducidos en ecosistemas donde carecen de depredadores naturales— constituyen el quinto factor, y su avance se acelera con el comercio mundial. La UICN identifica las especies invasoras como amenaza principal para más del 40 % de las especies de su Lista Roja [3]. Los ecosistemas insulares son especialmente vulnerables: los depredadores invasores han provocado la extinción de más especies de aves que cualquier otro factor individual.
El dato clave es que estos cinco factores no operan de forma aislada, sino que interactúan de manera sinérgica. El cambio climático exacerba la pérdida de hábitat al alterar los regímenes de incendios y los patrones de precipitaciones. La fragmentación del hábitat hace a las especies más vulnerables a los competidores invasores. La contaminación debilita la capacidad de los organismos para adaptarse a las condiciones cambiantes. ◈ Evidencia sólida La Evaluación de Nexos del IPBES, en la que participaron 165 expertos de 57 países, concluyó que la biodiversidad se deteriora a todos los niveles, del global al local, y que estos declives continuos tienen «repercusiones directas y graves sobre la seguridad alimentaria, la calidad y disponibilidad del agua, los resultados en materia de salud y bienestar, y la resiliencia frente al cambio climático» [7].
Abordar la deforestación sin hacer frente al cambio climático deja a los bosques expuestos a sequías e incendios. Proteger zonas marinas sin reformar las subvenciones pesqueras permite que la sobreexplotación continúe en alta mar. Restringir los pesticidas sin atender la pérdida de hábitat no revierte el declive de los insectos. Los cinco factores de pérdida de biodiversidad forman un sistema de refuerzo mutuo, y cualquier estrategia que los aborde de forma aislada será insuficiente. La Evaluación de Nexos del IPBES lo afirma de forma explícita: las crisis de biodiversidad, agua, alimentación, salud y clima están interconectadas y deben gobernarse como tales.
La Evaluación de Seguridad Nacional sobre Ecosistemas Globales del Gobierno del Reino Unido, publicada en 2025, identificó esta interconexión como una amenaza directa para la estabilidad geopolítica [15]. La evaluación concluyó que existe una «posibilidad realista» de colapsos ecosistémicos tempranos a partir de la década de 2030, identificando la Amazonia, el Congo, los bosques boreales, los ecosistemas del Himalaya y los arrecifes de coral como los sistemas críticos. El colapso de cualquiera de estos sistemas afectaría al suministro de agua potable, la producción de alimentos y la regulación del clima, con consecuencias medidas no en indicadores ecológicos, sino en desplazamientos humanos, conflictos y fragilidad estatal.
La amenaza para la seguridad alimentaria
Cuando desaparecen los polinizadores
La conexión entre biodiversidad y alimentación no es abstracta: es mecánica. ✓ Hecho establecido Ochenta y siete de los principales cultivos alimentarios del mundo dependen de polinizadores animales para su producción, lo que equivale al 35 % del volumen de producción agrícola mundial [8]. Cuando los polinizadores declinan, los sistemas alimentarios no se ajustan gradualmente: sufren perturbaciones de precios, déficits nutricionales y fallos en cascada en las cadenas de suministro.
Un estudio de 2025 publicado en Nature Communications modelizó las consecuencias económicas de un colapso de los polinizadores silvestres en Europa, y los resultados son asombrosos: los precios de los cultivos aumentarían un 30 %, generando una pérdida de bienestar global de 729.000 millones de dólares, equivalente al 0,9 % del PIB mundial y al 15,6 % del valor de la producción agrícola global [8]. ◈ Evidencia sólida El estudio subraya que los servicios de polinización no son un insumo marginal: son estructurales para el sistema alimentario mundial.
El coste humano ya es cuantificable. La polinización silvestre insuficiente contribuye a aproximadamente 500.000 muertes prematuras anuales en todo el mundo al reducir la oferta de alimentos saludables, en particular frutas, hortalizas, frutos secos y semillas que dependen de la polinización por insectos [8]. ◈ Evidencia sólida La disponibilidad mundial de vitamina A podría experimentar una reducción del 8 % bajo las trayectorias actuales de declive de los polinizadores. No se trata de riesgos futuros: son realidades presentes, enmascaradas por cadenas de suministro globales que redistribuyen los déficits en lugar de resolverlos.
La polinización silvestre insuficiente contribuye ya a aproximadamente medio millón de muertes prematuras anuales al reducir la disponibilidad de alimentos ricos en nutrientes. No es una proyección para un futuro lejano: está ocurriendo ahora. Las víctimas se concentran abrumadoramente en países de renta baja donde la diversidad alimentaria ya es limitada y la capacidad para importar sustitutos es mínima. El declive de los polinizadores es una crisis de salud pública que opera a través del sistema alimentario.
La crisis de los polinizadores no se limita a las abejas melíferas, que acaparan la mayor parte de la atención pública. ✓ Hecho establecido Aproximadamente el 16 % de los polinizadores vertebrados —aves y murciélagos— y el 40 % de los polinizadores invertebrados —abejas, mariposas, polillas y escarabajos— se encuentran en riesgo de extinción [8]. Los polinizadores silvestres suelen ser más eficaces que las abejas melíferas gestionadas en la polinización de cultivos específicos, y su diversidad aporta una redundancia que protege frente al fallo de una sola especie. A medida que la diversidad de polinizadores se reduce, también lo hace la resiliencia del propio servicio de polinización.
El cambio climático es la amenaza más destacada para los polinizadores a escala mundial, y agrava los efectos de la destrucción del hábitat y la exposición a pesticidas [8]. El aumento de las temperaturas altera la sincronización entre la floración y la emergencia de los polinizadores; cuando esta se desajusta, la polinización falla incluso si las plantas y los polinizadores están individualmente sanos. El Bumblebee Conservation Trust informó de que 2024 fue el peor año registrado para los abejorros en el Reino Unido, con declives poblacionales medios del 22,5 % en las 24 especies británicas, y caídas de hasta el 39 % en algunas especies [14].
La dependencia también es farmacéutica. Más del 80 % de los medicamentos registrados se originan o se inspiraron en organismos naturales [7]. Aproximadamente el 70 % de todos los fármacos contra el cáncer son productos naturales o bioinspirados. Los tratamientos contra el párkinson, el alzhéimer y la malaria incluyen compuestos químicos descubiertos por primera vez en plantas y hongos. ◈ Evidencia sólida Las estimaciones actuales sugieren que el planeta pierde al menos un compuesto farmacéutico potencial de valor terapéutico significativo cada dos años por causa de la extinción. La pérdida es irreversible: una vez que una especie desaparece, su bioquímica única desaparece con ella.
Aproximadamente el 17 % del valor de la producción agrícola mundial depende directamente de los servicios de polinización, y estos cultivos representan una proporción aún mayor —el 28 %— del comercio agrícola internacional [8]. ✓ Hecho establecido Esto significa que el declive de los polinizadores no es meramente un problema agrícola local, sino un riesgo sistémico para el comercio internacional de alimentos. Los países que dependen de importaciones de cultivos que requieren polinizadores —incluidos muchos de Oriente Medio, el norte de África y partes de Asia— se enfrentan a riesgos de oferta y precio que no pueden mitigar únicamente con políticas nacionales.
El patrón general es de simplificación progresiva. La agricultura industrial ha sustituido ecosistemas diversos por monocultivos —vastas extensiones de un solo cultivo que resultan productivas a corto plazo pero ecológicamente frágiles—. Los monocultivos carecen del hábitat para polinizadores, los depredadores que controlan las plagas y los microbiomas edáficos que los sistemas diversos mantienen de forma natural. Dependen de insumos químicos: fertilizantes para reemplazar suelos agotados, pesticidas para controlar organismos que serían regulados por cadenas tróficas intactas. El sistema funciona hasta que sus fundamentos biológicos se erosionan lo suficiente como para que los sustitutos químicos ya no puedan compensar, y los datos sugieren que ese umbral se aproxima.
La emergencia silenciosa
Insectos, corales y ecosistemas de agua dulce
Tres categorías de pérdida de biodiversidad reciben una atención pública desproporcionadamente escasa en relación con su importancia sistémica: el colapso de las poblaciones de insectos, la degradación de los ecosistemas de arrecifes de coral y el declive de las especies de agua dulce. ✓ Hecho establecido En conjunto, representan la columna vertebral funcional de los sistemas biológicos de la Tierra: los polinizadores, los recicladores de nutrientes y los constructores de hábitat de los que dependen las especies más grandes y visibles [14].
El declive de los insectos documentado durante la última década se ha descrito —con justificación— como una emergencia ecológica. ✓ Hecho establecido Un estudio de referencia en reservas naturales alemanas reveló que la biomasa de insectos se redujo más de un 75 % entre 1989 y 2016 [14]. Se trataba de áreas protegidas —lugares expresamente designados para la conservación— y, aun así, experimentaron pérdidas de tres cuartas partes en menos de tres décadas. Las estimaciones globales sugieren que la biomasa de insectos disminuye entre un 0,9 % y un 2,5 % anual, un ritmo que se acumula de forma devastadora a lo largo de las décadas.
El patrón es consistente en todos los taxones y regiones. Las poblaciones de mariposas europeas se han reducido un 50 % en el Reino Unido, los Países Bajos y Bélgica desde 1976 [14]. Las polillas británicas muestran un descenso poblacional del 54 %. Las macropolillas alemanas han declinado un 61 %. ✓ Hecho establecido El Bumblebee Conservation Trust registró 2024 como el peor año para los abejorros en la historia británica, con un declive medio del 22,5 % en las 24 especies. Las proyecciones apuntan a extinciones del 14 % al 27 % de las especies de insectos para 2070 bajo escenarios de calentamiento moderado, y del 23 % al 31 % con emisiones elevadas.
Los arrecifes de coral ocupan menos del 0,1 % del fondo oceánico, pero albergan aproximadamente el 25 % de todas las especies marinas [10]. Son las selvas tropicales del mar, y se están muriendo. En noviembre de 2024, la UICN anunció en la COP29 que el 44 % de las especies de coral constructor de arrecifes a escala mundial está en riesgo de extinción [10]. ✓ Hecho establecido La NOAA confirmó 2024 como el cuarto episodio global de blanqueamiento de corales, con el 84 % de los arrecifes del mundo sometidos a estrés térmico de nivel de blanqueamiento, una escala sin precedentes que eclipsa todos los episodios anteriores.
La Gran Barrera de Coral —el mayor ecosistema coralino del planeta— ofrece un estudio de caso de declive acelerado. Investigaciones en la isla One Tree revelaron que el 66 % de las colonias de coral se encontraban blanqueadas en febrero de 2024, porcentaje que ascendió al 80 % en abril, con el 44 % de las colonias blanqueadas muertas en julio [10]. ◈ Evidencia sólida El género Acropora —los corales ramificados que conforman la estructura de los hábitats arrecifales— registró una tasa de mortalidad del 95 %. Los impactos del verano de 2024 revirtieron cinco años de recuperación de la cobertura coralina en una sola estación.
La biodiversidad se deteriora a todos los niveles, del global al local, y en todas las regiones; los declives continuos de la naturaleza, provocados en gran medida por la actividad humana, tienen repercusiones directas y graves sobre la seguridad alimentaria, la calidad y disponibilidad del agua, los resultados en materia de salud y bienestar, y la resiliencia frente al cambio climático.
— Evaluación de Nexos del IPBES, 165 expertos de 57 países, diciembre de 2024El Informe sobre Puntos de Inflexión Globales identifica los arrecifes de coral de aguas cálidas como un sistema que ya ha cruzado su punto de inflexión [13]. ◈ Evidencia sólida El umbral estimado era de 1,2 °C de calentamiento; el planeta se encuentra actualmente en 1,4 °C. Esto significa que, incluso bajo los escenarios de reducción de emisiones más optimistas, los arrecifes de coral tal como están constituidos experimentarán una transformación fundamental. Las proyecciones sugieren que el blanqueamiento masivo podría producirse anualmente en la mayoría de los arrecifes del mundo para 2050, impidiendo la recuperación entre episodios y provocando cambios permanentes de estado ecosistémico.
Los sistemas de agua dulce completan esta emergencia silenciosa. El Índice Planeta Vivo registra un declive del 85 % en las poblaciones de fauna de agua dulce desde 1970, la caída más pronunciada de cualquier tipo de hábitat [1]. ✓ Hecho establecido Los ríos, lagos y humedales cubren menos del 1 % de la superficie terrestre, pero albergan aproximadamente el 10 % de todas las especies conocidas y proporcionan servicios ecosistémicos —agua potable, pesquerías, regulación de inundaciones— de los que dependen miles de millones de personas. La evaluación de la UICN sobre 23.496 especies de agua dulce determinó que una cuarta parte se encuentra amenazada de extinción [3]. La construcción de presas, la extracción de agua, la contaminación y las especies invasoras han transformado los sistemas de agua dulce del mundo hasta hacerlos irreconocibles en apenas dos generaciones.
La respuesta regulatoria
Promesas, parques de papel y la brecha financiera
El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en diciembre de 2022, es el acuerdo multilateral más ambicioso sobre biodiversidad de la historia, con 4 metas para 2050 y 23 objetivos para 2030, incluido el compromiso emblemático de proteger el 30 % de la tierra y el mar [6]. ✓ Hecho establecido Pero la ambición y la implementación no son lo mismo, y la brecha entre ambas se ensancha.
La pieza central del marco es el Objetivo 3: el compromiso «30x30» de conservar y gestionar de forma efectiva el 30 % de las zonas terrestres, las aguas continentales y las zonas costeras y marinas para 2030. En enero de 2025, aproximadamente el 17,6 % de la tierra y el 8,2 % del océano estaban designados como protegidos, lo que significa que el mundo debe casi duplicar sus áreas terrestres protegidas y más que triplicar sus protecciones marinas en cinco años [11]. ⚖ Controvertido Para diciembre de 2025, la protección oceánica había ascendido al 9,9 %, el mayor incremento anual en casi una década, pero todavía lejos del objetivo.
El déficit de implementación es flagrante. En la COP16 a finales de 2024, solo 44 de las 196 partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica habían presentado nuevos planes nacionales de biodiversidad y estrategias de acción [6]. ✓ Hecho establecido Menos de una de cada cuatro partes firmantes cumplió un plazo que constituye el fundamento de todo el marco. Sin planes nacionales, no existe mecanismo para traducir los objetivos globales en acciones locales. El patrón replica el fracaso del marco anterior —las Metas de Aichi adoptadas en 2010—, de las cuales ninguna se cumplió íntegramente para la fecha límite de 2020.
| Riesgo | Gravedad | Evaluación |
|---|---|---|
| La brecha financiera persiste hasta 2030 | La financiación internacional anual para biodiversidad de 1.100 millones de dólares está un 82 % por debajo del objetivo de 6.000 millones. La tasa de crecimiento actual del 11 % no alcanzaría la meta de 2030 por 4.000 millones de dólares; cerrar la brecha requiere un crecimiento anual del 34 %. | |
| El déficit de planes nacionales socava el marco | Solo 44 de las 196 partes presentaron planes en la COP16. Sin estrategias nacionales, el marco no puede traducirse en políticas nacionales vinculantes, replicando así el fracaso de las Metas de Aichi. | |
| Parques de papel — Protección sin aplicación | Muchas áreas protegidas existentes carecen de gestión efectiva. Ampliar la cobertura sin dotar de recursos la aplicación de la ley corre el riesgo de crear «parques de papel» que cumplen el objetivo del 30 % en los mapas pero no protegen la biodiversidad en la práctica. | |
| La concentración de donantes genera fragilidad | Cinco donantes —Alemania, el Banco Mundial, el FMAM, la UE y Estados Unidos— aportan más de la mitad de toda la financiación rastreada. Los cambios políticos en cualquiera de estos países podrían desestabilizar la financiación mundial para la biodiversidad. | |
| La protección marina va rezagada respecto a la terrestre | La protección oceánica se sitúa en el 9,9 % frente al 17,6 % de la tierra. Los ecosistemas marinos reciben solo el 14 % de la financiación para biodiversidad, a pesar de que el océano cubre el 71 % de la superficie terrestre y alberga sumideros de carbono críticos. |
La brecha financiera constituye la vulnerabilidad más crítica del marco. La financiación internacional anual para biodiversidad creció hasta apenas 1.100 millones de dólares en 2024, muy por debajo de los aproximadamente 6.000 millones anuales necesarios para 2030 [11]. ✓ Hecho establecido Al ritmo de crecimiento actual del 11 % anual, la financiación internacional no alcanzaría el objetivo de 2030 por 4.000 millones de dólares. Cerrar esa brecha exigiría elevar la tasa de crecimiento al 34 % anual, una triplicación de la trayectoria actual sin precedentes en la financiación ambiental.
La distribución de la financiación existente también resulta problemática. África recibe casi la mitad de toda la financiación para biodiversidad rastreada, en reflejo de las necesidades de conservación del continente, pero los pequeños estados insulares en desarrollo, que se enfrentan a amenazas existenciales por la pérdida de arrecifes de coral y la subida del nivel del mar, reciben solo el 4,5 % [11]. Los ecosistemas marinos reciben apenas el 14 % de la financiación, pese a que el océano cubre el 71 % de la superficie terrestre y alberga algunos de los sumideros de carbono y pesquerías más críticos del planeta.
China comprometió 230 millones de dólares al Fondo de Biodiversidad de Kunming en mayo de 2024, destinados a proyectos en países en desarrollo [6]. Aunque su importancia simbólica es innegable, esta cantidad queda empequeñecida por la magnitud de las necesidades. El marco exige movilizar 200.000 millones de dólares anuales para la biodiversidad de todas las fuentes —públicas y privadas—, con los países desarrollados comprometiendo 20.000 millones anuales destinados a países en desarrollo para 2025, cifra que debe ascender a 30.000 millones para 2030. ⚖ Controvertido Que estos compromisos financieros se materialicen, dados los requerimientos concurrentes de la adaptación climática, la preparación frente a pandemias y las tensiones geopolíticas, sigue siendo una incógnita genuina.
Los mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas incorporados al marco son más robustos que los de su predecesor, ya que las partes deben informar de su progreso en 2026 y 2029 [6]. Sin embargo, el marco carece de aplicación vinculante: se basa en la presión entre pares, el escrutinio público y la suposición de que los gobiernos honrarán los compromisos asumidos en un entorno diplomático. Los antecedentes no invitan al optimismo. Las Metas de Aichi demostraron que, sin mecanismos de aplicación, los acuerdos multilaterales sobre biodiversidad producen planes, no resultados.
En 2010, el mundo adoptó 20 metas de biodiversidad para 2020. Para la fecha límite, ninguna se cumplió íntegramente. Seis se alcanzaron de forma parcial. El fracaso no fue de ambición sino de implementación: los gobiernos nacionales carecieron de la financiación, la voluntad política y los mecanismos de aplicación necesarios para traducir las metas en acciones. El Marco de Kunming-Montreal aborda algunas de estas carencias con requisitos de seguimiento más estrictos, pero mantiene la misma debilidad fundamental: es un acuerdo voluntario en un mundo donde los incentivos económicos favorecen abrumadoramente la explotación por encima de la conservación.
La paradoja de las subvenciones
Pagar por destruir aquello de lo que dependemos
El rasgo más perverso de la crisis mundial de biodiversidad es que los gobiernos se comprometen simultáneamente a proteger la naturaleza y a subvencionar su destrucción en una proporción superior a 2.000 a uno. ✓ Hecho establecido Las subvenciones medioambientalmente perjudiciales a escala mundial ascienden a aproximadamente 2,6 billones de dólares anuales [12], mientras que la financiación internacional para la conservación de la biodiversidad se sitúa en 1.100 millones de dólares [11].
Las cifras son asombrosas por su disparidad. Un estudio de 2025 publicado en Ambio determinó que los flujos financieros negativos para la naturaleza procedentes de los sectores público y privado totalizan entre 1,7 y 3,2 billones de dólares anuales, con un daño ambiental indirecto estimado entre 10,5 y 22,6 billones de dólares al año [12]. ✓ Hecho establecido Esto significa que, por cada dólar gastado en conservación de la biodiversidad a escala internacional, aproximadamente 2.400 dólares fluyen en la dirección opuesta a través de subvenciones e incentivos financieros que destruyen activamente los sistemas naturales.
La evaluación de Ambio sobre subvenciones medioambientalmente perjudiciales identifica 2,6 billones de dólares en flujos anuales que dañan directa o indirectamente la biodiversidad [12]. La agricultura, los combustibles fósiles, la pesca, la silvicultura, las infraestructuras y la minería son los sectores principales. La Revisión Dasgupta lo describe como «pagar a la gente más por explotar la naturaleza que por protegerla» [4].
Las subvenciones a los combustibles fósiles constituyen la categoría de mayor envergadura. Las subvenciones explícitas alcanzaron 1,3 billones de dólares en 2022, pero al incluir las subvenciones implícitas por costes ambientales no repercutidos —impactos del cambio climático, contaminación atmosférica, degradación de ecosistemas—, el Fondo Monetario Internacional estima la cifra real en 7 billones de dólares [12]. ✓ Hecho establecido Estas subvenciones impulsan el cambio climático que destruye los arrecifes de coral, altera los regímenes de incendios, desplaza las áreas de distribución de las especies y funde los ecosistemas polares de los que depende la biodiversidad ártica.
Las subvenciones agrícolas representan la segunda categoría principal. En 2024, las actividades forestales recibieron 175.000 millones de dólares en subvenciones mientras la deforestación bruta alcanzaba 6,37 millones de hectáreas [12]. ◈ Evidencia sólida Las estructuras de subvenciones agrícolas en la Unión Europea, Estados Unidos, China, la India y Japón premian abrumadoramente el volumen de producción por encima de la gestión ambiental, incentivando el monocultivo, la agricultura intensiva en productos químicos y la conversión de hábitats naturales en tierras de cultivo.
Las subvenciones pesqueras completan la tríada. Los gobiernos proporcionan a las flotas pesqueras 22.000 millones de dólares anuales en subvenciones que incentivan directamente la sobrepesca, una suma suficiente para hacer rentables operaciones pesqueras comercialmente inviables y para que valga la pena seguir explotando pesquerías ya agotadas [12]. ✓ Hecho establecido Las subvenciones totales a la pesca y la acuicultura alcanzaron los 55.000 millones de dólares en 2023. La Organización Mundial del Comercio lleva más de dos décadas intentando negociar un acuerdo integral sobre subvenciones pesqueras perjudiciales, con las negociaciones aún en curso e inconclusas.
Argumentos a favor de la reforma de subvenciones
Redirigir tan solo el 10 % de los 2,6 billones de dólares en subvenciones perjudiciales generaría 260.000 millones de dólares anuales para la conservación, más que el objetivo de movilización completo del Marco Mundial de Biodiversidad.
Colombia ha alineado el 20 % de su cartera de crédito agrícola con criterios verdes, con el objetivo de alcanzar el 100 % para 2025-2026. Tailandia suspendió 300 millones de dólares en subvenciones costeras perjudiciales en 2025.
Muchas subvenciones perjudiciales son económicamente ineficientes: distorsionan los mercados, fomentan la sobreproducción y benefician de manera desproporcionada a las grandes empresas frente a los pequeños productores.
La reforma de subvenciones a combustibles fósiles reduce las muertes por contaminación atmosférica. La reforma agrícola mejora la salud del suelo. La reforma pesquera restaura las poblaciones de peces. Los cobeneficios van mucho más allá de la biodiversidad.
El Objetivo 18 del Marco Mundial de Biodiversidad compromete a 196 naciones a identificar las subvenciones perjudiciales para 2025 y reformarlas para 2030: el primer acuerdo multilateral que aborda directamente esta cuestión.
Argumentos en contra de una reforma precipitada
Cientos de millones de personas —agricultores, pescadores y consumidores de energía— dependen de las subvenciones actuales. Su eliminación sin un apoyo de transición provocaría dificultades económicas inmediatas.
Las subvenciones crean beneficiarios concentrados con poder político. Los lobbies agrícolas en la UE, EE. UU. y Japón han resistido con éxito las reformas durante décadas.
Las subvenciones a combustibles fósiles previenen la pobreza energética en muchos países en desarrollo. Su eliminación rápida sin alternativas podría aumentar la desigualdad y la inestabilidad política.
Las subvenciones agrícolas, por distorsionantes que resulten, mantienen los niveles de producción alimentaria. Una reforma durante un período de inflación de los precios de los alimentos conlleva riesgos que los gobiernos no están dispuestos a asumir.
Identificar las subvenciones perjudiciales es técnicamente complejo. Muchas están integradas en códigos fiscales, sistemas crediticios y marcos regulatorios que resisten una clasificación y reforma sencillas.
El Marco de Kunming-Montreal aborda directamente el problema de las subvenciones a través del Objetivo 18, que compromete a las partes a identificar todas las subvenciones medioambientalmente perjudiciales para 2025 y a reformarlas para 2030, incluida la redirección de al menos 500.000 millones de dólares anuales de actividades nocivas para la naturaleza [6]. ⚖ Controvertido El plazo de identificación de 2025 ya ha pasado con un progreso mínimo. La economía política de la reforma de subvenciones —perdedores concentrados, beneficiarios difusos— la convierte en una de las reformas más difíciles en cualquier ámbito de la política pública.
No obstante, algunos países están avanzando. Colombia logró el reconocimiento institucional de los impactos sobre la biodiversidad dentro de su sistema de crédito agrícola, con aproximadamente el 20 % de la cartera de FINAGRO alineada con criterios más verdes para 2024 y un objetivo del 100 % para 2025-2026, lo que representa 9.900 millones de dólares en financiación [12]. Tailandia suspendió las nuevas subvenciones para diques costeros en 2025, eliminando más de 300 millones de dólares en subvenciones previstas vinculadas a la destrucción del hábitat costero. Son pasos significativos, pero excepciones contra un panorama global de inacción.
La Evaluación de Cambio Transformador del IPBES identifica la paradoja de las subvenciones como síntoma de fallos estructurales más profundos: la desconexión de las personas respecto a la naturaleza, la concentración desigual del poder y la riqueza, y la priorización de las ganancias individuales a corto plazo por encima del bienestar colectivo a largo plazo [2]. ◈ Evidencia sólida Retrasar la acción en materia de biodiversidad incluso una década podría duplicar el coste de actuar ahora, y retrasar la acción climática añade al menos 500.000 millones de dólares anuales en costes adicionales. Cuanto más se difiere la reforma, más costosa y disruptiva resulta, y menos biodiversidad queda por salvar.
Lo que dicen los datos
Puntos de inflexión y la ventana que queda
La evidencia científica apunta a una ventana de acción que se estrecha. ◈ Evidencia sólida Múltiples sistemas terrestres se aproximan o ya han cruzado puntos de inflexión a partir de los cuales la degradación se vuelve autosostenida e irreversible [13]. La pregunta que se plantea a los responsables políticos ya no es si la pérdida de biodiversidad importa, sino si la respuesta puede equipararse a la magnitud y la urgencia de la crisis antes de que los umbrales críticos se rebasen de forma permanente.
El Informe sobre Puntos de Inflexión Globales, publicado en octubre de 2025, identifica varios puntos de inflexión de la biosfera que son inminentes o ya se han cruzado [13]. Los arrecifes de coral de aguas cálidas —que sustentan el 25 % de las especies marinas y los medios de vida de 500 millones de personas— han rebasado su punto de inflexión a aproximadamente 1,2 °C de calentamiento. La selva amazónica, que genera entre el 20 % y el 30 % de sus propias precipitaciones mediante la transpiración, se aproxima a un umbral de colapso en el que la deforestación y el cambio climático podrían desencadenar una transición de bosque a sabana degradada. ◈ Evidencia sólida La Evaluación de Seguridad Nacional del Gobierno del Reino Unido concluye que existe una «posibilidad realista» de colapsos ecosistémicos tempranos a partir de la década de 2030 [15].
El Informe sobre Puntos de Inflexión Globales identifica los arrecifes de coral como un sistema que ha rebasado su umbral estimado de 1,2 °C, con el calentamiento actual en 1,4 °C [13]. La selva amazónica, los bosques boreales y los ecosistemas del Himalaya se aproximan a sus propios umbrales. Los puntos de inflexión ecológicos desencadenan fallos en cascada: el colapso de un sistema desestabiliza a los demás a través de bucles de retroalimentación interconectados.
El concepto de puntos de inflexión en cascada resulta especialmente alarmante. Los sistemas ecológicos están interconectados: el colapso de uno puede desestabilizar a los demás mediante bucles de retroalimentación que se amplifican a distintas escalas [13]. ◈ Evidencia sólida El colapso de la Amazonia liberaría miles de millones de toneladas de carbono almacenado, acelerando el calentamiento global. Un calentamiento acelerado degradaría aún más los arrecifes de coral, los bosques boreales y los ecosistemas polares. Cada colapso reduce la capacidad global del sistema terrestre para absorber perturbaciones, haciendo más probables los colapsos subsiguientes. El riesgo no es de fallos ecosistémicos individuales, sino de un efecto dominó a través de sistemas terrestres interconectados.
En el escenario de emisiones más elevadas, aproximadamente un tercio de todas las especies se enfrentaría a la extinción [13]. Incluso bajo trayectorias de calentamiento moderado (RCP4.5), las proyecciones apuntan a la extinción de entre el 14 % y el 27 % de las especies de insectos para 2070 [14]. No son escenarios especulativos: son resultados de modelos validados contra tendencias observadas. La trayectoria es clara. Lo que aún no está determinado es la magnitud de la pérdida, y eso depende de las decisiones que se tomen en los próximos cinco a diez años.
Los datos también nos dicen que la acción funciona. ✓ Hecho establecido La protección forestal reforzada de Brasil bajo el presidente Lula da Silva redujo la deforestación amazónica un 30,6 % en 2024, hasta su nivel más bajo desde 2015 [9]. La protección oceánica se expandió del 8,2 % al 9,9 % en un solo año, el mayor incremento anual en casi una década [11]. La Evaluación de Cambio Transformador del IPBES identifica 10 billones de dólares en oportunidades económicas y 395 millones de empleos derivados de la acción inmediata en biodiversidad para 2030 [2]. La conservación no es un sacrificio: es una inversión en los sistemas que hacen posible la actividad económica.
Pero la ventana es estrecha. ✓ Hecho establecido La evaluación del IPBES concluye que retrasar la acción sobre biodiversidad incluso una década podría duplicar el coste de actuar ahora [2]. La conclusión central de la Revisión Dasgupta sigue sin ser refutada: la economía está integrada en la naturaleza, no separada de ella, y cualquier marco económico que no contabilice el capital natural opera sobre una premisa falsa [4]. El declive del 73 % en las poblaciones de fauna silvestre, las 47.187 especies amenazadas, los 2,6 billones de dólares en subvenciones perjudiciales, la brecha de 4.900 millones en financiación para biodiversidad: no son datos aislados. Son coordenadas de una trayectoria.
La crisis de biodiversidad no es ante todo un fallo de concienciación, ciencia o tecnología. Es un fallo de contabilidad. La economía mundial trata a la naturaleza —que aporta entre 125 y 140 billones de dólares anuales en servicios ecosistémicos— como si tuviera valor nulo, al tiempo que gasta 2,6 billones de dólares al año en subvencionar su destrucción. La financiación para la conservación de 1.100 millones de dólares anuales no es meramente insuficiente: resulta estructuralmente irrelevante frente a flujos financieros 2.400 veces mayores que se mueven en la dirección opuesta. Hasta que los sistemas económicos contabilicen el capital natural, los objetivos de conservación más ambiciosos serán desbordados por los incentivos que operan en su contra.
La evidencia reunida en este informe apunta a una conclusión general única: la crisis de biodiversidad no es una preocupación ambiental periférica, sino una amenaza sistémica para la seguridad alimentaria, la salud pública, la estabilidad económica y el orden geopolítico. ✓ Hecho establecido Más de la mitad del PIB mundial depende de servicios ecosistémicos que se degradan a ritmos sin precedentes [5]. La respuesta política, aunque mejora, sigue siendo fundamentalmente desproporcionada respecto a la magnitud de la crisis y las fuerzas económicas que la impulsan. Lo que los datos nos dicen no es que la situación carezca de esperanza, sino que la ventana para una acción eficaz se mide en años, no en décadas, y que el coste de la demora crece exponencialmente.
La crisis de biodiversidad es, en su raíz, una crisis de información. Los datos existen. La ciencia es clara. El argumento económico está establecido. Lo que falta es la traducción de la evidencia a los indicadores, los incentivos y los marcos institucionales que gobiernan la toma real de decisiones. Las especies que desaparecen no regresarán. Los ecosistemas que crucen sus puntos de inflexión no se recuperarán en escalas temporales humanas. La cuestión no es si sabemos lo suficiente para actuar —lo sabemos—. La cuestión es si los sistemas encargados de actuar pueden reformarse antes de que los sistemas biológicos de los que dependen rebasen el punto de no retorno.