El trabajo de cuidados no remunerado suma 16.400 millones de horas diarias, unos 11 billones de dólares, y no figura en ninguna contabilidad nacional.
El sector que no aparece en las cuentas
Los cuidados son el mayor bloque de trabajo productivo del planeta y el único contabilizado en cero
El mundo realiza cada día 16.400 millones de horas de trabajo de cuidados no remunerado, el equivalente a 2.000 millones de personas trabajando ocho horas diarias a cambio de nada [2]. ✓ Hecho establecido Valorado al salario mínimo por hora, ese trabajo supone unos 11 billones de dólares anuales, cerca del 9 % del PIB mundial [2]. Solo en Estados Unidos, 59 millones de personas cuidadoras aportaron 49.500 millones de horas en 2025, por valor de 1,01 billones de dólares [1]. ✓ Hecho establecido Nada de ello aparece en el PIB.
Conviene empezar por la cifra que gobierna a todas las demás. Los datos de 64 países, que cubren alrededor del 66 % de la población mundial en edad de trabajar, arrojan 16.400 millones de horas diarias de trabajo de cuidados no remunerado [2]. Valorado al salario mínimo por hora, el método más conservador disponible, ese trabajo alcanza unos 11 billones de dólares anuales, el 9 % de la producción mundial [2]. ✓ Hecho establecido Se trata de un sector mayor que cualquier economía nacional salvo la estadounidense y la china, contabilizado en cero en todas las contabilidades nacionales del planeta. La exclusión no es una peculiaridad estadística local: está inscrita en la norma internacional que sigue cada instituto de estadística.
La mitad remunerada del sector tampoco es pequeña. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) contabiliza 381 millones de trabajadores de cuidados en el mundo, el 11,5 % del empleo mundial total, de los cuales 249 millones son mujeres [2]. La educación emplea a 123 millones, la sanidad y el trabajo social a 92 millones, y el trabajo doméstico a otros 70 millones [2]. ✓ Hecho establecido Lo que distingue a los cuidados de otros grandes sectores es que sus mitades remunerada y no remunerada se sustituyen directamente. Cada hora que un sistema público renuncia a financiar es una hora que absorbe un hogar, y cada hora que un hogar no puede absorber es una hora que un mercado debe poner en precio o de la que alguien queda privado. La frontera entre ambas se desplaza sin cesar, en los dos sentidos, y nada en el aparato estadístico registra ese movimiento.
La estimación nacional mejor construida procede de Estados Unidos. La evaluación publicada por AARP en marzo de 2026 contabiliza 59 millones de personas cuidadoras que aportaron 49.500 millones de horas en 2025, valoradas a 20,41 dólares la hora, con un total de 1,01 billones de dólares [1]. ✓ Hecho establecido Equivale a unos 24 millones de trabajadores a tiempo completo, cerca del 17 % de la fuerza laboral estadounidense a jornada completa [1]. Ese total supera el gasto conjunto de Medicaid federal, estatal y local, y casi duplica todo el gasto sanitario de bolsillo del país [1]. El Reino Unido arroja una cifra de la misma naturaleza: los cuidados no remunerados en Inglaterra y Gales se valoraron en 162.000 millones de libras anuales, por encima de los 156.000 millones del presupuesto del NHS England del mismo periodo [14]. La Oficina de Análisis Económico llega al mismo orden de magnitud por el extremo contrario, al situar la producción doméstica en el 16 % de una medida ampliada del PIB en 2024 [22].
La OIT valoró 16.400 millones de horas diarias de cuidados no remunerados al salario mínimo por hora y obtuvo 11 billones de dólares, el 9 % de la producción mundial [2]. La estimación por coste de reposición de AARP para Estados Unidos alcanza por sí sola 1,01 billones de dólares en 2025 [1]. Ambos totales quedan fuera de la frontera de producción del Sistema de Cuentas Nacionales y, por tanto, fuera del PIB, fuera de las proyecciones de déficit y fuera de toda estadística de productividad publicada.
La consecuencia de esa exclusión es presupuestaria antes que filosófica. Un ministerio de finanzas que proyecta el coste del envejecimiento contabiliza las plazas residenciales que deberá financiar y las pensiones que deberá abonar. No contabiliza las horas no remuneradas que su propia proyección da por supuestas en silencio. Cuando esas horas dejan de llegar, porque las hijas que antes las aportaban tienen empleo, viven en otra ciudad o nunca nacieron, el coste reaparece como un servicio que el Estado debe comprar o una familia debe pagar. Parece un choque de gasto. No lo es en absoluto: es un pasivo que siempre estuvo ahí y que nunca se anotó.
La demanda crece y cambia de forma al mismo tiempo. Unos 2.100 millones de personas necesitaban cuidados en 2015: 1.900 millones de menores de 15 años y 200 millones de personas mayores [2]. La OIT espera 2.300 millones para 2030, con 200 millones de personas mayores adicionales frente a una cohorte infantil en retroceso [2]. ✓ Hecho establecido Esa sustitución importa, porque el cuidado de una persona mayor exige más horas, se prolonga durante más tiempo y no cabe dentro de una jornada escolar. Solo la demencia absorbe 133.000 millones de horas anuales de cuidado informal y costó a la economía mundial 1,3 billones de dólares en 2019, alrededor de la mitad en tiempo no remunerado de familiares [16]. ✓ Hecho establecido
El resto de este informe sigue una única decisión a través de sus consecuencias. Como la producción de cuidados no se mide, los salarios del sector se fijan sin referencia al valor de lo que se produce. Como el trabajo de cuidados no se contabiliza, la política migratoria lo trata como intercambiable con cualquier otro. Como las horas no remuneradas no constan en ningún balance, las proyecciones fiscales omiten el principal insumo de los sistemas que modelizan. No son fallos distintos. Son un solo fallo, expresado en la fijación salarial, en la oferta de trabajo, en la demografía y en las migraciones, y la evidencia sobre cada uno resulta ya lo bastante precisa como para enunciarse en cifras.
Dónde se trazó la frontera de producción
La exclusión del trabajo doméstico del PIB fue una decisión, discutida desde el momento en que se tomó
Noventa y seis países han comunicado alguna vez el indicador de Naciones Unidas sobre el tiempo dedicado a cuidados no remunerados [28]. Cuarenta y seis lo han hecho una sola vez desde 2000, y solo seis lo han hecho cinco veces o más, el mínimo necesario para apreciar una tendencia [28]. ✓ Hecho establecido El aparato estadístico que haría visible la economía de los cuidados se construyó y después quedó en gran medida sin uso.
La regla que retira los cuidados del PIB tiene nombre y obedece a una lógica. La contabilidad nacional distingue una frontera general de producción de la frontera más estrecha que sirve para calcular el PIB, y los servicios no remunerados producidos y consumidos dentro del mismo hogar quedan fuera de la segunda [30]. La prueba que define la producción es el criterio de la tercera persona formulado por Margaret Reid en 1934: una actividad es productiva si en principio podría delegarse en un trabajador remunerado [31]. Cocinar, limpiar, cuidar de un niño y asear a un progenitor anciano superan ese criterio con holgura. Aun así quedan excluidos, por una decisión distinta sobre qué actividades productivas registrarán realmente las cuentas.
Los historiadores de la contabilidad nacional han demostrado que la decisión se discutió en el momento mismo de adoptarse y se ha reabierto en repetidas ocasiones [30]. La exclusión se defendió por motivos prácticos: imputar un precio a los servicios domésticos resulta difícil y la cifra resultante es una estimación antes que una transacción. La dificultad reside en que la misma objeción se aplica a la vivienda ocupada por su propietario, que las cuentas sí imputan, y a buena parte de la producción pública, que también imputan. La frontera, por tanto, no separa lo medible de lo no medible. Separa las actividades que las cuentas juzgaron dignas del esfuerzo de aquellas que no.
Las economistas feministas formularon el argumento estructural muy pronto y nadie lo ha refutado [31]. Una frontera de producción que excluye los servicios domésticos no omite simplemente una categoría: omite de manera sistemática el trabajo de un sexo más que el del otro, y lo hace dentro de la única cifra que los gobiernos emplean para juzgar si su política funciona. La OIT midió que el 76,2 % de todas las horas de cuidados no remunerados las realizan mujeres [2], y ONU Mujeres sitúa el desequilibrio diario en 2,5 veces más horas para ellas que para ellos [3]. ✓ Hecho establecido Cuando la categoría omitida se reparte con esa desigualdad, la omisión deja de ser neutral.
La distancia entre los compromisos y la medición constituye el punto llamativo. Los gobiernos acordaron en 1995 idear medios estadísticos que hicieran visible el trabajo no remunerado [32]. Tres décadas después, 96 países han comunicado el indicador correspondiente de Naciones Unidas al menos una vez, 46 lo han comunicado exactamente una vez y seis lo han hecho con la frecuencia suficiente para que alguien pueda calcular una tendencia [28]. ✓ Hecho establecido Las encuestas de uso del tiempo resultan caras, compiten con todo lo demás en el presupuesto de un instituto estadístico y producen una cifra a la que ninguna regla fiscal remite. El resultado previsible es que esos datos existen como demostración antes que como insumo.
El indicador 5.4.1 mide la parte de la jornada dedicada al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, desagregada por sexo, edad y lugar de residencia. Noventa y seis países lo han comunicado al menos una vez. Cuarenta y seis lo han hecho una sola vez desde 2000 y apenas seis cinco veces o más, el umbral que Naciones Unidas fija para el análisis de tendencias [28]. Una estadística recogida una vez cada quince años no puede disciplinar un ciclo presupuestario.
Allí donde la medición se ha hecho con rigor, los resultados resultan constantes y cuantiosos. La Oficina de Análisis Económico, que sigue la producción doméstica desde hace casi tres décadas, situó su valor añadido en el 16 % de una medida ampliada del PIB en 2024 y en cerca de un 33 % del consumo ampliado de los hogares [22]. ONU Mujeres señala que en algunos países los cuidados no remunerados superarían el 40 % del PIB si se contabilizaran [3]. ◈ Evidencia sólida No son estimaciones marginales elaboradas por grupos de presión: son estadísticas oficiales, publicadas por los mismos organismos que producen la cifra principal y mantenidas deliberadamente fuera de ella.
El efecto práctico es un sesgo sistemático en la orientación de las políticas. Una reforma que saca los cuidados de un hogar y los traslada a un servicio remunerado se registra como crecimiento aunque la cantidad de cuidados no varíe, porque una producción invisible se vuelve visible. Una reforma que los mueve en sentido inverso, cerrando plazas, endureciendo requisitos o elevando copagos, se registra como ahorro, porque el coste se transfiere a un sector que las cuentas no observan. Los gobiernos manejan así un sistema de medición que subestima el coste del segundo tipo de reforma. Suecia ofrece la demostración más nítida de lo que sigue, y la sección cuarta vuelve sobre ella.
El precio de no ser contabilizado
Los salarios de los cuidados los fija la invisibilidad del sector, no el valor de su producción
La trabajadora mediana de atención domiciliaria en Estados Unidos ganaba 16,77 dólares la hora en 2024, y el 36 % de la fuerza laboral de cuidados directos vive en la pobreza o cerca de ella [10]. ✓ Hecho establecido Un aumento de un punto en la proporción femenina de una ocupación entre 2015 y 2024 se asoció con una caída del 0,22 % en los salarios de las mujeres y del 0,20 % en los de los hombres [21]. ◈ Evidencia sólida La penalización salarial se adhiere al trabajo, no a quien lo realiza.
La evidencia salarial resulta inusualmente nítida: el sector es amplio, sus ocupaciones están bien definidas y sus retribuciones se recogen de forma directa. La evaluación de PHI para 2025 sitúa los ingresos anuales medianos de los trabajadores de cuidados directos en Estados Unidos justo por debajo de 26.000 dólares, con una mediana horaria de 16,77 dólares en la atención domiciliaria en 2024 frente a 13,07 dólares en 2014 una vez ajustada la inflación [10]. ✓ Hecho establecido Una década de crecimiento nominal produjo una ganancia real inferior a cuatro dólares por hora. El 36 % de esa fuerza laboral vive en la pobreza o cerca de ella, definida como una renta del hogar por debajo del 200 % del umbral federal de pobreza [10]. Es una de las ocupaciones de mayor crecimiento del mercado laboral estadounidense y paga salarios que hacen a sus titulares elegibles para las prestaciones públicas que ayudan a otros a obtener.
La explicación más habitual apela a la cualificación, y no resiste el contraste con los datos. El análisis de la OIT sobre datos estadounidenses de 2015 a 2024 halla que un aumento de un punto porcentual en la proporción femenina de una ocupación se asocia con un descenso del 0,22 % en los salarios de las mujeres que la desempeñan y del 0,20 % en los de los hombres [21]. ◈ Evidencia sólida La penalización alcanza a los hombres de ocupaciones feminizadas igual que a las mujeres, lo que descarta cualquier explicación basada en las características individuales de los trabajadores. Se adhiere al puesto. Las ocupaciones con un componente relacional o de cuidado pagan menos que aquellas que exigen formación y complejidad cognitiva comparables sin ese componente [21].
En los datos estadounidenses de 2015 a 2024, un aumento de un punto en la proporción femenina de una ocupación se asoció con un descenso salarial del 0,22 % para las mujeres y del 0,20 % para los hombres dentro de esa misma ocupación [21]. Puesto que la penalización recae por igual sobre hombres y mujeres, no cabe explicarla por diferencias de productividad individual, formación o vinculación al mercado laboral. Es una propiedad del modo en que se valora el puesto.
La rotación es el mecanismo que convierte un nivel salarial en un problema de calidad del servicio. La rotación anual en la atención domiciliaria roza las tres cuartas partes de la plantilla, y PHI proyecta 9,7 millones de vacantes de cuidados directos entre 2024 y 2034 una vez incorporados los cambios de ocupación y las salidas del mercado laboral [10]. ✓ Hecho establecido Un empleador ante semejante tasa no puede amortizar la formación, no puede construir mandos intermedios sólidos y no puede ofrecer continuidad de la persona cuidadora, el atributo que los usuarios sitúan en primer lugar. Un salario bajo no traslada sin más renta de los trabajadores a los compradores: destruye el activo, la trabajadora formada y conocida, en el que consiste el servicio.
El patrón se repite en sistemas con financiación por completo distinta. Las mujeres suponen el 87 % de la fuerza laboral de cuidados de larga duración en la OCDE [7]. Japón necesitará unos 2,72 millones de trabajadores de cuidados para el ejercicio fiscal 2040, alrededor de 570.000 más que en el ejercicio fiscal 2022, en la economía con el mercado laboral más tensionado del mundo desarrollado [12]. En Inglaterra la tasa de vacantes ha bajado al 6,2 %, la menor desde 2015-2016, mientras que los puestos ocupados por nacionales británicos cayeron en 40.000 en un solo año y en 130.000 desde 2020-2021 [13]. La tasa de vacantes inglesa mejoró porque los migrantes cubrieron el hueco, no porque los trabajadores nacionales regresaran.
Una vía exigente en materia de trabajo de cuidados supone reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado y lograr trabajo decente para las personas trabajadoras de cuidados, incluidas las domésticas y migrantes. Una mala calidad del empleo para quienes cuidan produce cuidados de mala calidad.
— Laura Addati, autora principal del informe de la OIT sobre el trabajo de cuidados y los empleos de cuidados, junio de 2018La afirmación de que pagar mejor resulta inasumible merece una respuesta precisa antes que general. Los cuidados de larga duración son trabajo, y los servicios intensivos en mano de obra no generan las ganancias de productividad medidas de la industria, de modo que su coste relativo se eleva con el tiempo hagan lo que hagan los gobiernos [38]. ◈ Evidencia sólida Ese mecanismo es real y no constituye un fallo de las políticas públicas. El fallo está en la respuesta: contener el coste relativo comprimiendo el salario en lugar de financiar el precio. El resultado no es un servicio más barato. Es el mismo servicio prestado por una plantilla que se renueva tres veces en cuatro años, financiado con las horas extraordinarias no pagadas de los familiares y con la compresión salarial de los migrantes.
La evidencia sobre el capital riesgo muestra qué ocurre cuando la presión de costes se responde mediante la propiedad. La investigación sobre residencias estadounidenses establece que la propiedad en manos de fondos de capital riesgo eleva la mortalidad a corto plazo en torno al 11 %, junto con una menor dotación de enfermería y un cumplimiento más laxo de los estándares de cuidado [20]. ◈ Evidencia sólida Una revisión sistemática de estudios publicados entre 2000 y 2024 halla más incumplimientos, mayores tasas de hospitalización y más mortalidad bajo ese modelo de propiedad, con excepciones allí donde se inyectó capital en centros en dificultades [39]. En un servicio intensivo en mano de obra con una tarifa de reembolso fija, el margen solo puede salir de la mano de obra.
El trabajo que nunca llega al mercado
Los cuidados no remunerados son la primera causa de que las mujeres en edad de trabajar queden fuera del mercado laboral
Unos 708 millones de mujeres en edad de trabajar, el 45 % del total, permanecen fuera del mercado laboral por responsabilidades de cuidados no remunerados, frente al 5 % de los hombres [3]. ✓ Hecho establecido Las responsabilidades familiares explican hasta el 80 % de la brecha de empleo entre sexos en los países de renta alta [4]. La mayor exportación de la economía de los cuidados es trabajo retirado.
El efecto sobre la oferta de trabajo es la parte de la economía de los cuidados que la política macroeconómica sí ve, porque aparece en las tasas de actividad. ONU Mujeres sitúa en 708 millones las mujeres en edad de trabajar que quedan fuera del mercado laboral por motivos de cuidados no remunerados, el 45 % de todas las mujeres en edad de trabajar, frente al 5 % de los hombres [3]. ✓ Hecho establecido El recuento anterior de la OIT, que cifraba en 606 millones las mujeres no disponibles para el empleo remunerado por cuidados no remunerados frente a 41 millones de hombres, arroja la misma proporción a partir de datos distintos [2]. Ningún otro factor aislado retira un número comparable de personas de la población activa en economías que se declaran escasas de mano de obra.
El mecanismo es un precio. El cuidado infantil en Estados Unidos costó de media 13.184 dólares anuales en 2025, un 23 % más que en 2021, y absorbe el 10 % de la renta mediana de un hogar con dos progenitores y el 33 % de la de un hogar monoparental [18]. ✓ Hecho establecido Un segundo perceptor de renta que afronta un tipo marginal, gastos de desplazamiento y una factura de guardería equivalente a un 33 % de la renta familiar no está haciendo una elección cultural cuando abandona el empleo remunerado: responde correctamente a un problema aritmético. La OIT halla que las responsabilidades familiares explican hasta el 80 % de la brecha de empleo entre sexos en los países de renta alta y el 62 % en los de renta baja [4].
El efecto persiste mucho después de que los hijos crezcan, y esa es la parte que más se pasa por alto. El cuidado de familiares mayores recae sobre personas en la cima de su trayectoria salarial, y acaba con una carrera más a menudo de lo que la interrumpe. En Estados Unidos, 59 millones de personas prestan cuidados no remunerados con una media de 27 horas semanales, y el 57 % realiza tareas médicas complejas además de la asistencia cotidiana [1]. ✓ Hecho establecido Quien aporta 27 horas semanales de cuidados aporta un segundo empleo. El mercado laboral registra la consiguiente reducción de jornada como una preferencia por el trabajo a tiempo parcial.
El patrón distributivo dentro de esa retirada resulta más marcado que el agregado. La investigación sueca sobre un sistema tomado por referencia en todo el mundo establece que la cobertura pública de atención a mayores ha retrocedido de forma notable desde 1980 y que el cuidado familiar creció para cubrir el hueco, primero entre las hijas con menos estudios y después en todos los grupos sociales [27]. ◈ Evidencia sólida Las hijas de clase trabajadora absorbieron la mayor parte, y son quienes menos capacidad tienen de comprar un sustituto. Un sistema universal que se contrae no regresa a una referencia neutral: regresa a una referencia familiar, y la familia que absorbe no se elige al azar.
Todo sistema que restringe el acceso a cuidados financiados con fondos públicos produce un ahorro en el presupuesto de cuidados de larga duración y un coste en otra parte. Ese coste aterriza como oferta de trabajo retirada, recaudación perdida, derechos de pensión interrumpidos y un deterioro medible de la salud de quien cuida. Como el ahorro se anota en una cuenta y el coste en otras tres, la transferencia se lee como eficiencia. En Suecia la transferencia lleva operando desde 1980 y su incidencia se conoce ya: recayó con mayor dureza sobre las hijas con menos estudios y menos capacidad de comprar una alternativa [27].
El coste que soportan los empleadores es real y está mal medido, lo que forma parte del mismo patrón. Los cuidados no remunerados prestados en Estados Unidos equivalen a unos 24 millones de trabajadores a tiempo completo, cerca del 17 % de la fuerza laboral del país a jornada completa [1]. ✓ Hecho establecido Esas horas proceden de forma desproporcionada de personas que además tienen empleo, y salen de las horas extraordinarias, de la promoción, de la formación y, en el margen, del propio puesto. Las empresas observan la consecuencia como absentismo, disponibilidad reducida y bajas entre plantilla experimentada de media carrera. Rara vez observan la causa, porque ningún sistema de nóminas dispone de un campo para ello.
Existe un efecto de segundo orden que las proyecciones fiscales manejan mal. Quien abandona el empleo remunerado a los 52 años para cuidar de un progenitor no renuncia solo a los ingresos corrientes. Renuncia a derechos de pensión, a cotizaciones empresariales y a la capitalización que vuelve desproporcionadamente valiosos los ingresos de final de carrera, y eleva su propia probabilidad de necesitar más adelante cuidados financiados con fondos públicos. El ahorro del primer año en el presupuesto de cuidados de larga duración es real. También lo es el coste para los presupuestos de pensiones y asistencia social en el año veinte. Solo uno de los dos figura en la evaluación que autoriza la medida.
El precipicio de la dependencia es una escasez de mano de obra
Los informes demográficos describen un problema de financiación, mientras que la restricción operativa son las personas
Japón necesitará unos 2,72 millones de trabajadores de cuidados para el ejercicio fiscal 2040, alrededor de 570.000 más que en el ejercicio fiscal 2022 [12]. ✓ Hecho establecido Alemania afronta una brecha de entre 280.000 y 690.000 profesionales de enfermería para 2049, según cuál de los dos escenarios oficiales se cumpla [11]. Inglaterra necesita 410.000 puestos adicionales para 2040 [13]. El dinero es una variable de política pública. Los trabajadores no lo son.
Japón es quien más ha avanzado por la curva y sus cifras resultan, por tanto, las más informativas. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar proyecta una necesidad de unos 2,40 millones de trabajadores de cuidados para el ejercicio fiscal 2026 y de unos 2,72 millones para el ejercicio fiscal 2040, un incremento de alrededor de 570.000 sobre el ejercicio fiscal 2022 [12]. ✓ Hecho establecido Son unos 32.000 trabajadores adicionales al año durante dieciocho años, extraídos de una población en edad de trabajar que se contrae. Japón opera un seguro universal de dependencia desde 2000, de modo que no se trata de una brecha de financiación en el sentido habitual [37]. El derecho existe y está financiado. Lo que falta es el trabajo con el que cumplirlo.
La proyección alemana resulta inusual porque publica su propia incertidumbre. La Oficina Federal de Estadística espera que la demanda de personal de enfermería asalariado crezca un 33 %, de 1,62 millones en 2019 a 2,15 millones en 2049 [11]. En su variante tendencial, la oferta alcanza 1,87 millones y el déficit se sitúa en 90.000 en 2034 y en 280.000 en 2049. En su variante de comportamiento invariable, la oferta cae a 1,46 millones y el déficit llega a 350.000 en 2034 y a 690.000 en 2049 [11]. ✓ Hecho establecido La distancia entre ambos escenarios supera toda la plantilla actual de cuidados de varios países europeos, y depende casi por completo de que la gente siga entrando en la ocupación.
El gasto en cuidados de larga duración en la OCDE promedió el 1,8 % del PIB y se proyecta que se aproxime al 2,8 % en 2050 [8] [9]. Sumas de ese orden pueden aprobarse por ley. Una plantilla, no. Japón, Alemania e Inglaterra han financiado cada uno derechos que no logran dotar de personal, y cada uno ha respondido contratando en el extranjero, lo que convierte una escasez nacional de mano de obra en una escasez internacional. La restricción decisiva sobre el cuidado de mayores en la década de 2030 será el número de personas dispuestas a hacer ese trabajo al precio ofrecido.
Inglaterra muestra el aspecto de la restricción cuando aprieta en tiempo real. La tasa de vacantes en la atención social para adultos bajó al 6,2 %, unos 96.000 puestos, en 2025-2026, la menor desde 2015-2016 [13]. Esa mejora no la produjo la contratación nacional. Los puestos ocupados por nacionales británicos retrocedieron en 40.000 en un solo año y en 130.000 desde 2020-2021, mientras los reclutados en el extranjero sostenían el total [13]. Skills for Care estima que Inglaterra necesita 410.000 puestos adicionales para 2040 [13]. Una tasa de vacantes que mejora mientras la oferta laboral nacional se contrae es una cifra a la espera de revertirse.
Los datos de la OCDE fijan la magnitud del desajuste. Hay de media 5,0 trabajadores de cuidados de larga duración por cada 100 personas de 65 años o más en la OCDE, y 4,1 en Estados Unidos [7]. Toda proyección de demanda supone que esa razón se mantiene. Toda proyección honesta de oferta la ve caer, porque el denominador crece más deprisa que cualquier ritmo plausible de contratación. El gasto público en cuidados de larga duración promedió el 1,8 % del PIB en la OCDE, desde el 4,4 % de los Países Bajos y por encima del 3 % en Noruega, Suecia y Dinamarca hasta el 1,3 % de Estados Unidos [8]. ✓ Hecho establecido
Japón necesita unos 570.000 trabajadores de cuidados adicionales para el ejercicio fiscal 2040 [12]. Las proyecciones oficiales alemanas dan un déficit de entre 280.000 y 690.000 profesionales de enfermería para 2049 [11]. Inglaterra necesita 410.000 puestos adicionales para 2040 mientras caen los ocupados por nacionales británicos [13]. Estados Unidos afronta 9,7 millones de vacantes de cuidados directos entre 2024 y 2034 [10]. Son magnitudes de mercado laboral, y ninguna se resuelve con las reformas de financiación que dominan el debate.
Estados Unidos ha optado por gestionar el desajuste mediante el racionamiento antes que mediante el precio. Unas 607.000 personas figuraban en 2025 en listas de espera de Medicaid para servicios domiciliarios y comunitarios, repartidas por 41 estados que mantienen esas listas [15]. Veintinueve estados informaron de un aumento del número de personas en espera y doce de un descenso [15]. ✓ Hecho establecido Una lista de espera constituye en sí misma una política de cuidados no remunerados: quien espera no se queda sin cuidados, sino que lo atiende un familiar al que no se contabiliza, no se paga y, en la mayoría de los estados, tampoco se consulta.
La respuesta tecnológica merece tomarse en serio, y la mejor evidencia apunta en sentido contrario al supuesto que la sostiene. Un estudio sobre residencias japonesas basado en datos de centro halló que la adopción de robots asistenciales se asoció con un aumento del 28 % en el número de trabajadores de cuidados y del 39 % en el de enfermeras, junto con una caída de los problemas de retención [19]. ◈ Evidencia sólida Los robots no desplazaron mano de obra. Hicieron el puesto lo bastante llevadero como para que los centros conservaran plantilla y se ampliaran, en buena medida mediante contratos flexibles. Es un hallazgo valioso, y no es el que una estrategia de sustitución de mano de obra necesita.
La cadena de cuidados va de los sistemas más pobres a los más ricos
Los países ricos cierran su déficit de cuidados con trabajadores reclutados en países que lo tienen mayor
Los trabajadores nacidos en el extranjero suponen el 26 % del personal de cuidados de larga duración en la OCDE, frente al 20 % del conjunto de sectores [7]. ✓ Hecho establecido De 75,6 millones de trabajadores del hogar en el mundo, 11 millones ejercen fuera de su país y el 81 % lo hace en la informalidad [17]. La OMS enumera 55 países donde se desaconseja la contratación activa de personal sanitario [25].
La estructura migratoria de la economía de los cuidados no le resulta accesoria. Los trabajadores nacidos en el extranjero forman el 26 % de la plantilla de cuidados de larga duración en la OCDE, frente al 20 % del conjunto de los trabajadores, y la concentración sube mucho más en determinados sistemas nacionales [7]. En Estados Unidos, los inmigrantes suponen más del 30 % de las auxiliares de atención domiciliaria y más del 20 % de los auxiliares de enfermería, con unos 820.000 trabajadores inmigrantes en el conjunto de dispositivos de cuidados de larga duración [34]. ◈ Evidencia sólida No es un recurso temporal de dotación: es el modelo operativo, construido a lo largo de dos décadas, y es la razón por la que ha aguantado la estructura salarial del sector.
En el lado emisor es donde la aritmética se vuelve incómoda. La OIT contabiliza 75,6 millones de trabajadores del hogar en el mundo, de los que un 75 % son mujeres, con el 81 % en empleo informal y 11 millones trabajando fuera de su país de origen [17]. ✓ Hecho establecido Los países que suministran personal de cuidados a las economías envejecidas de renta alta son, salvo contadas excepciones, países con déficits de cuidados peores y sistemas sanitarios más frágiles. La lista de salvaguarda de la OMS de 2023 nombra 55 países donde se desaconseja la contratación internacional activa, con los criterios de un índice de cobertura sanitaria universal por debajo de 50 y una densidad de personal sanitario inferior a la mediana mundial de 48,6 por cada 10.000 habitantes [25].
Japón construyó la versión más explícita del arreglo. Los acuerdos bilaterales de asociación económica traen desde 2008 candidatos a enfermería y a cuidados certificados desde Indonesia, Filipinas y Vietnam, y los filipinos constituían la primera nacionalidad entre los trabajadores extranjeros de salud y bienestar en Japón, 14.704 de 57.788, en octubre de 2021 [35]. ✓ Hecho establecido Sucesivos estatutos de residencia ampliaron la vía. El diseño es coherente y la formación es real. Ni lo uno ni lo otro altera la contabilidad de fondo: un déficit de cuidados se cierra importando la solución desde sistemas aún más lejos de cubrir sus propias necesidades.
Una trabajadora de cuidados que deja Manila por Osaka, o Harare por Birmingham, no la crea la transacción. Se resta de un sistema y se suma a otro. El país receptor registra un puesto cubierto. El país emisor no registra nada, porque el cuidado que ella prestaba en casa era no remunerado y tampoco figuraba en sus cuentas. La lista de salvaguarda de la OMS existe precisamente porque esa transferencia no lleva asociada ninguna señal de precio [25]. La cadena termina en un hogar que ya no tiene a nadie a quien enviar.
El Reino Unido recorrió el ciclo completo en cinco años y produjo algo próximo a un experimento natural. Una vía de visado específica abrió el sector a la contratación internacional, en marzo de 2024 se vetó la entrada de familiares y el 22 de julio de 2025 se cerró por completo la contratación en el extranjero para puestos de cuidados, con disposiciones transitorias internas vigentes hasta 2028 [33]. El efecto fue inmediato. Los migrantes de llegada reciente que se incorporaban a la plantilla pasaron de 105.000 en 2023-2024 a 44.000 en 2024-2025 [36], y las nuevas incorporaciones internacionales cayeron a 30.000 en 2025-2026, el nivel más bajo en cuatro años [13]. La contratación nacional no las sustituyó.
El programa piloto coreano muestra el límite del modelo cuando el país receptor se niega a pagar el precio. Seúl colocó a 86 cuidadoras filipinas en 143 hogares a 16.800 wones la hora, unos 1,46 millones de wones al mes por una jornada parcial, y el Gobierno declaró después que la ampliación sería difícil mientras no se resolviera la cuestión del coste [26]. El Banco de Corea había propuesto eximir del salario mínimo a los trabajadores de cuidados extranjeros [26]. ⚖ Controvertido Esa propuesta enuncia con franqueza infrecuente la lógica de todo el arreglo: el servicio resulta asequible al precio que el comprador desea pagar solo si el suelo salarial no se aplica a quien vende.
Estados Unidos ensaya ahora el caso inverso. Los cambios normativos de 2025 y 2026 suprimieron la regla de espacios protegidos que limitaba la actuación de inmigración en centros sanitarios y retiraron el estatus a trabajadores empleados legalmente al amparo de programas temporales [34]. En un sector donde los inmigrantes rozan el 30 % de la plantilla de atención domiciliaria, no se trata de un ajuste marginal [34]. ◈ Evidencia sólida Se retira el insumo del que depende la estructura de costes del sector, sin el alza salarial que exigiría sustituirlo con mano de obra nacional. El ajuste lo harán las familias.
Lo que los instrumentos entregan realmente
Cuatro familias de intervención, ordenadas por lo que la evidencia atribuye a cada una
La inversión en permisos de cuidado, educación infantil y cuidados de larga duración podría crear hasta 299 millones de empleos para 2035 y devuelve 3,76 dólares de PIB por cada dólar gastado, según la modelización de la OIT [4]. ◈ Evidencia sólida La misma modelización exige 5,4 billones de dólares anuales, cerca del 4,2 % del PIB mundial [4]. Entre la estimación y la consignación presupuestaria se juega todo lo que determina si una política de cuidados funciona.
Hay cuatro familias de instrumentos en uso y no resultan intercambiables. El seguro público crea un derecho y un flujo de financiación, como en Japón desde 2000 [37]. La provisión directa de servicios construye capacidad, como en los sistemas nórdicos que dedican más del 3 % del PIB a cuidados de larga duración [8]. Las prestaciones monetarias entregan dinero a los hogares y les dejan la decisión de compra. Los instrumentos de mercado laboral, esto es, suelos salariales, carreras profesionales, ayudas a la formación y vías migratorias, actúan sobre la oferta. Cada uno cuenta con una base de evidencia de calidad distinta, y esa calidad guarda una relación casi inversa con la frecuencia con que se propone el instrumento.
La evidencia más sólida respalda la provisión directa de servicios, y es la opción menos discutida. Los países que prestan los cuidados como servicio público en lugar de subvencionar su compra muestran a la vez mayor empleo femenino y menor necesidad no cubierta. Las cifras de la OCDE hacen visible la asociación: los Países Bajos con el 4,4 % del PIB, Noruega, Suecia y Dinamarca por encima del 3 %, frente a una media de la OCDE del 1,8 % y una cifra estadounidense del 1,3 % [8]. ✓ Hecho establecido La afirmación causal exige prudencia, y la evidencia sueca demuestra que la provisión puede retirarse con la misma facilidad con que se amplió [27]. Pero ningún país ha logrado una necesidad no cubierta baja sin pagar por la capacidad.
| Riesgo | Gravedad | Evaluación |
|---|---|---|
| Derechos financiados sin plantilla que los preste | Japón necesita unos 570.000 trabajadores de cuidados adicionales para el ejercicio fiscal 2040 y Alemania entre 280.000 y 690.000 profesionales de enfermería para 2049 [12] [11]. Ambos derechos están financiados. Ninguno está dotado, y ninguna reforma de financiación produce trabajadores. | |
| Control de costes logrado comprimiendo el salario de los cuidados | Una retribución mediana de 16,77 dólares por hora en la atención domiciliaria estadounidense deja al 36 % de la plantilla en la pobreza o cerca de ella y sostiene una rotación próxima a tres cuartas partes anuales [10]. El ahorro regresa como continuidad perdida, formación perdida y 9,7 millones de vacantes en una década [10]. | |
| Dependencia de vías migratorias que pueden cerrarse en un solo presupuesto | El Reino Unido cerró la contratación exterior en cuidados el 22 de julio de 2025 y las incorporaciones migrantes recientes pasaron de 105.000 a 44.000 en un año [33] [36]. Un modelo de plantilla apoyado en una sola categoría de visado hereda la volatilidad de esa categoría. | |
| Traslado del coste a quienes cuidan sin cobrar, anotado como ahorro | Toda restricción de acceso desplaza los cuidados hacia hogares que ninguna cuenta observa. La contracción sueca desde 1980 recayó con mayor dureza sobre las hijas con menos estudios y menos capacidad de comprar un sustituto [27]. | |
| Modelos de propiedad que extraen el margen de la plantilla | La propiedad de residencias estadounidenses en manos de capital riesgo se asocia con un alza de la mortalidad a corto plazo de en torno al 11 % y con menor dotación de enfermería [20], y una revisión de estudios hasta 2024 halla más incumplimientos y mayores tasas de hospitalización [39]. |
La prestación monetaria es el instrumento que más se elige y el que peor historial acredita frente a su objetivo declarado. Resulta barato de legislar, popular entre quienes lo reciben y ligero de administrar. También tiende a retribuir el trabajo del propio hogar, con lo que convierte un derecho a servicios en un modesto complemento de renta para un familiar que ya había dejado el empleo. La evaluación de Bruegel sobre la situación europea identifica la fuerte dependencia del cuidado informal, junto con una inversión pública insuficiente y la escasez de mano de obra, como causa de raíz del ensanchamiento de la brecha de cuidados antes que como atenuante [29]. ◈ Evidencia sólida La transferencia se defiende por motivos distributivos. No debería anotarse como política de empleo.
El argumento inversor se ha modelizado con cuidado y sus cifras deben leerse con sus condiciones. La OIT estima que cerrar las brechas en permisos de cuidado, educación infantil y cuidados de larga duración generaría hasta 299 millones de empleos para 2035 y devolvería 3,76 dólares de PIB por cada dólar invertido, con la mayoría de esos empleos en manos de mujeres [4]. ◈ Evidencia sólida El mismo ejercicio cifra la inversión anual requerida en 5,4 billones de dólares, cerca del 4,2 % del PIB mundial, compensada en parte por la recaudación sobre el empleo adicional [4]. ONU Mujeres añade que la inversión en cuidados crea entre dos y tres veces más empleos que una suma equivalente gastada en construcción [3]. Son resultados de modelo antes que rendimientos observados.
Los argumentos a favor de tratar los cuidados como infraestructura
Unos 708 millones de mujeres están fuera del mercado laboral por motivos de cuidados. El trabajo se hace, sin cobrar, a una escala que ninguna política creó [3].
La inversión en cuidados genera entre dos y tres veces los empleos de una suma equivalente gastada en construcción, porque el insumo es abrumadoramente trabajo [3].
La OIT modeliza 3,76 dólares de PIB por cada dólar invertido, con parte del desembolso recuperada vía impuestos sobre el empleo adicional [4].
Los países que dedican más del 3 % del PIB a cuidados de larga duración muestran la menor necesidad no cubierta. Estados Unidos dedica el 1,3 % y raciona por lista de espera [8] [15].
El trabajo retirado, los derechos de pensión perdidos y el deterioro de la salud de quien cuida son costes que ya se pagan, en cuentas que no se hablan entre sí [27].
Los argumentos contra el encuadre inversor
Los 299 millones de empleos y el retorno de 3,76 dólares son productos de una simulación con supuestos exigentes sobre uso, salarios y productividad [4].
Una cifra anual de 5,4 billones de dólares supone cerca del 4,2 % del PIB mundial, más que los presupuestos sanitarios de la mayoría de los países y de un orden comparable al gasto militar del planeta [4].
El programa quebequés de educación infantil universal se asoció con peores resultados no cognitivos, peor salud autopercibida y más delincuencia, concentrados entre los niños varones [23].
Los servicios intensivos en mano de obra generan escasas ganancias de productividad medidas, de modo que su precio relativo sube de forma estructural sea cual sea el nivel de inversión [38].
La evidencia quebequesa merece exponerse con toda su fuerza antes que archivarse como salvedad. Baker, Gruber y Milligan hallaron que el programa provincial de educación infantil universal se asoció con peores resultados no cognitivos en la primera infancia que se mantuvieron hasta la adolescencia y la primera juventud, con peor salud autopercibida, menor satisfacción vital y mayores tasas de delincuencia, concentradas entre los niños varones y entre quienes ya presentaban problemas de conducta acusados [23]. ⚖ Controvertido No hallaron ganancia constante alguna en pruebas académicas. La lectura más plausible atañe a la calidad: los niños que pasan de un cuidado familiar adecuado a una atención colectiva de baja calidad salen peor parados. Es un hallazgo sobre el diseño y la dotación de un programa, y es lo que la evidencia sobre salarios y rotación permitía prever.
La respuesta normativa ha avanzado más deprisa que la fiscal, y no es desdeñable. La Unión Europea adoptó una estrategia de cuidados en septiembre de 2022, acompañada de recomendaciones del Consejo sobre objetivos de educación infantil y sobre el acceso a cuidados de larga duración asequibles en diciembre del mismo año [24]. La Conferencia Internacional del Trabajo aprobó el 14 de junio de 2024 la primera resolución tripartita sobre trabajo decente y economía de los cuidados, seguida de un plan de acción vigente hasta 2030 [6] [5]. ✓ Hecho establecido Esos instrumentos fijan estándares y obligaciones de información. No consignan dinero ni forman a nadie. Su valor reside en crear las categorías dentro de las cuales el sector podrá discutirse después.
Lo que la evidencia nos dice
El sector se contabilizará cambien o no las cuentas, porque es la demografía la que hace el recuento
La parte no remunerada de los cuidados no es un residuo cultural que la modernización vaya a disolver. Es un insumo portante, valorado en cero, cuya oferta cae por razones ajenas a cualquier política pública. Lo que llega no es una crisis de los cuidados. Es la conversión de un pasivo no medido en un pasivo medido.
El hallazgo central de este expediente es que la economía de los cuidados no está infracontabilizada por accidente y no se volverá visible por la vía del argumento. La está volviendo visible la aritmética. Quienes prestaban cuidados no remunerados en el siglo XX lo hacían en condiciones que ya no se dan en ningún país de renta alta y que dejan de darse en la mayoría de los de renta media: baja actividad femenina, familias numerosas, estabilidad geográfica y una vejez más breve. Los 16.400 millones de horas diarias nunca fueron gratuitos [2]. Se pagaron con los ingresos, las pensiones y la salud perdidos de quienes los aportaban, en una moneda que las cuentas no registran.
El segundo hallazgo es que el salario constituye el mecanismo y no un síntoma. El trabajo de cuidados paga menos que ocupaciones de dificultad comparable porque es trabajo de cuidados, y la penalización recae por igual sobre los hombres y las mujeres que las desempeñan [21]. ◈ Evidencia sólida Ese solo dato explica la rotación, la rotación explica la calidad, la calidad explica la reticencia a financiar la ampliación, y esa reticencia devuelve el trabajo a los hogares. Cada eslabón de ese bucle es medible. Cada eslabón se gestiona hoy como si fuera un problema de contratación.
El tercer hallazgo es que la transferencia internacional se está quedando sin margen. Los trabajadores nacidos en el extranjero forman el 26 % de la plantilla de cuidados de larga duración en la OCDE y rozan el 30 % en algunos sistemas nacionales [7] [34]. ✓ Hecho establecido Los países que los suministran son, con los propios criterios de la OMS, países cuyos sistemas sanitarios no pueden soportar la pérdida [25]. El cierre británico de la vía de contratación en julio de 2025 constituyó la primera gran prueba de qué ocurre cuando un país receptor se detiene [33], y la respuesta hasta ahora es que la oferta nacional no toma el relevo. Los puestos ocupados por nacionales británicos cayeron en 40.000 en un año [13].
Un sector que vale el 9 % de la producción mundial se transfiere de una parte no tarificada de la economía a otra tarificada, a lo largo de unas dos décadas, sin plan alguno. La transferencia se lee en los 570.000 trabajadores que faltan en Japón, en el peor escenario alemán de 690.000, en los 130.000 puestos nacionales perdidos en Inglaterra y en las 607.000 personas que esperan servicios en Estados Unidos [12] [11] [13] [15]. No son cuatro problemas nacionales. Son una sola transición estructural, observada en cuatro puntos de la misma curva.
Los instrumentos con mejor respaldo empírico son los menos de moda. La provisión pública directa reduce la necesidad no cubierta allí donde se financia, y ningún país ha logrado una necesidad no cubierta baja sin pagar por la capacidad [8]. Elevar el salario de los cuidados resulta caro, lento y eficaz, porque la rotación es la restricción decisiva sobre la calidad y la rotación responde a la retribución [10]. Ambas opciones desagradan a los ministerios de finanzas por la misma razón: cuestan dinero en el periodo corriente y entregan rendimientos que aparecen en las cuentas de otros departamentos, en horizontes más largos que un ciclo electoral.
A este ritmo, harán falta 210 años para cerrar la brecha de género en el trabajo de cuidados no remunerado en estos países. La lentitud glacial de estos cambios pone en cuestión la eficacia de las políticas pasadas y actuales a la hora de abordar la magnitud y el reparto del trabajo de cuidados no remunerado durante las dos últimas décadas.
— Shauna Olney, jefa del Servicio de Género, Igualdad y Diversidad, Organización Internacional del Trabajo, junio de 2018Los instrumentos con peor respaldo empírico son los más adoptados. Las transferencias monetarias a los hogares sustituyen a los servicios y las absorbe un trabajo familiar que ya se venía prestando [29]. La sustitución tecnológica se ha probado con mayor seriedad en Japón, donde la adopción de robots asistenciales se asoció con más trabajadores de cuidados y más enfermeras, no con menos [19]. ◈ Evidencia sólida La contratación en el extranjero funciona hasta que cede el sistema emisor o cede la política del país receptor, y ambos han cedido ya en al menos un gran mercado [33] [26]. Ninguno de estos instrumentos resulta inútil. Ninguno sustituye a la capacidad.
La última observación es la que los datos sostienen con mayor fuerza y la que el debate acoge con menos gusto. No existe versión alguna de los próximos veinte años en la que la parte no remunerada de los cuidados se mantenga en su nivel actual. Caerá, porque quienes la aportan tienen empleo, son menos y envejecen ellas mismas. Lo que deje de aportar lo aportará un sistema público, un mercado o nadie, y esa tercera posibilidad no es hipotética: es una lista de espera con 607.000 personas [15]. Los informes que importen no versarán sobre si la transferencia ocurrió. Versarán sobre a quién se le pidió pagarla y sobre si alguien estuvo obligado a anotarla primero.