Pensiones, edad de jubilación y discriminación por edad: qué funciona cuando las sociedades envejecen y por qué subir la edad legal no basta para alargar la vida laboral.
La aritmética de una población activa que se reduce
Por qué todas las sociedades ricas piden, sin decirlo abiertamente, que la gente siga trabajando
En 2025 había en la OCDE 33 personas de 65 años o más por cada 100 en edad de trabajar; en 2050 habrá 52 [1]. Trabajar más años ha dejado de ser una opción de estilo de vida que se discute en los márgenes: es ya el supuesto fiscal por defecto de casi todas las economías avanzadas ✓ Hecho establecido.
La respuesta breve a la pregunta que examina este informe es que alargar la vida laboral ya es una realidad, que tiene un gran valor económico y que está mucho peor repartida de lo que suponen los gobiernos. En el conjunto de la OCDE, la tasa de empleo de las personas de 60 a 64 años ha aumentado 21,8 puntos porcentuales, hasta el 56,5 % en 2024 [2], y Japón da hoy empleo al 53,6 % de quienes tienen entre 65 y 69 años [3] ✓ Hecho establecido. Sin embargo, la capacidad de trabajar hasta casi los setenta no la determina la fecha de nacimiento, sino la salud, la educación, la ocupación y los prejuicios de quienes contratan. Las políticas que elevan de manera uniforme la edad de jubilación trasladan, por tanto, el coste del cambio demográfico a las personas menos capaces de soportarlo. El resto de este informe expone las pruebas de cada parte de esa afirmación: la aritmética demográfica, la economía, los datos sobre discriminación, las limitaciones de salud y de competencias, y lo que han aprendido, por haber llegado antes, los países con las plantillas más envejecidas: Japón, Corea, Singapur, Dinamarca, Alemania y otros.
Conviene empezar por la aritmética, porque es implacable. El informe de la OCDE Panorama de las Pensiones 2025 (Pensions at a Glance 2025) prevé que la población en edad de trabajar de sus países miembros caiga un 13 % en los próximos 40 años, y más de un 30 % en Japón, Corea, Italia, España, Grecia, Polonia, Eslovaquia y los países bálticos [1] ✓ Hecho establecido. En Corea, la tasa de dependencia de la vejez aumentará casi 50 puntos [1]. La oficina de estadística surcoreana, Statistics Korea, proyecta que la población del país pasará de 52 millones a 36,2 millones de habitantes en 2072, que para entonces el 47,7 % tendrá 65 años o más y que la tasa de dependencia total subirá de 42,5 a 118,5 [4] ✓ Hecho establecido. Dicho de otro modo, a comienzos de la década de 2070 Corea tendría más personas dependientes que personas en edad de trabajar. No se trata de hipótesis lejanas: Corea se convirtió formalmente en una sociedad superenvejecida el 23 de diciembre de 2024, cuando 10,24 millones de residentes, el 20 % de la población, tenían 65 años o más [5].
El panorama mundial sigue la misma curva, solo que con retraso. Las Perspectivas de la Población Mundial 2024 (World Population Prospects 2024) de las Naciones Unidas prevén que la población del planeta alcance su máximo, en torno a 10.300 millones de personas, a mediados de la década de 2080, y que a finales de la década de 2070 las personas de 65 años o más, unos 2.200 millones, superen en número a los menores de 18 años [6] ✓ Hecho establecido. La población ya ha tocado techo en 63 países, entre ellos China, Alemania, Japón y Rusia, y se prevé que ese grupo se reduzca un 14 % en los próximos 30 años [7]. La transición demográfica que comenzó en Europa y Japón alcanza ya también a las economías de renta media, y por eso China aprobó en septiembre de 2024 la primera subida de la edad legal de jubilación desde la década de 1950 [8]. Una sociedad que se reduce dispone de tres palancas para mantener estables la producción y las finanzas públicas: más trabajadores llegados del extranjero, más producción por trabajador o más años de trabajo por persona. La mayoría de los gobiernos accionan hoy las tres, pero la tercera es la que queda escrita en la ley.
Esa tercera palanca se aprecia en las edades de jubilación ya legisladas. La edad normal de jubilación en la OCDE, aquella a la que puede cobrarse una pensión completa tras una carrera completa, era de 64,7 años para los hombres y de 63,9 para las mujeres que se jubilaban en 2024; para quienes se incorporaron al mercado laboral en 2024 se prevé que alcance los 66,4 y los 65,9 años [9] ✓ Hecho establecido. Algunos países van mucho más allá. Como Dinamarca, Estonia e Italia vinculan la edad de jubilación a la esperanza de vida, la OCDE proyecta edades normales futuras de 74 años en Dinamarca, 71 en Estonia y 70 en Italia [10]. Aun así, la OCDE calcula que las subidas legisladas compensan solo algo más del 40 % del aumento previsto de la esperanza de vida a los 65 años, que en el caso de los hombres pasa de 18,5 a 22,7 años [10] ◈ Evidencia sólida. La jubilación, en otras palabras, seguirá alargándose aunque empiece más tarde.
El Panorama de las Pensiones 2025 de la OCDE prevé que la esperanza de vida restante a los 65 años de los hombres pase de 18,5 a 22,7 años, mientras que las subidas legisladas de la edad de jubilación absorben algo más del 40 % de esa ganancia [10]. La edad normal de jubilación de quienes empezaron a trabajar en 2024 es de 66,4 años para los hombres y de 65,9 para las mujeres, frente a 64,7 y 63,9 para quienes se jubilaban en 2024 [9]. La orientación de la política es inequívoca; la magnitud del ajuste, por ahora, es modesta.
El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, planteó el problema en la presentación del informe de 2025 en términos deliberadamente estructurales: el envejecimiento de la población es un reto estructural clave en los países de la OCDE, con importantes implicaciones económicas, fiscales y sociales [1]. La vertiente fiscal es la más fácil de cuantificar. En el Reino Unido, la Office for Budget Responsibility calcula que el paso de la edad de la pensión estatal de 66 a 67 años, aplicado de forma gradual entre 2026 y 2028, reducirá el endeudamiento en 10.500 millones de libras en el ejercicio 2029-2030, casi en su totalidad porque unas 820.000 personas de 66 años menos cobrarán una pensión [11] ✓ Hecho establecido. En términos presupuestarios, cada año que se suma a la edad de jubilación supone un ahorro grande e inmediato. Por eso es el instrumento preferido.
La vertiente económica es más compleja, porque la edad de jubilación no es más que una señal: por sí sola no crea un empleo, ni un cuerpo sano, ni un empleador dispuesto a contratar. El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo expresó con claridad en sus Perspectivas de la Economía Mundial (World Economic Outlook) de abril de 2025, al advertir de que elevar la edad legal de jubilación quizá no tenga el efecto deseado sobre la edad efectiva de retiro si los trabajadores mayores no están física o cognitivamente en condiciones de seguir activos [12] ✓ Hecho establecido. La distancia entre la edad legal y la edad a la que la gente deja realmente de trabajar es donde reside la verdadera cuestión política. Las secciones siguientes examinan esa brecha: quién trabaja ya durante más tiempo, cuánto vale, a quién se deja fuera y qué han aprendido las plantillas más envejecidas sobre cómo cerrarla.
Trabajar más años ya es una realidad
El récord silencioso del empleo de los trabajadores mayores
El empleo de los trabajadores mayores se encuentra en máximos históricos en la mayor parte del mundo desarrollado. En 2024, la tasa de empleo de la OCDE alcanzó el 75,7 % entre las personas de 55 a 59 años y el 56,5 % entre las de 60 a 64 [2], aunque los promedios ocultan una escala de experiencias nacionales muy distintas ✓ Hecho establecido.
La tendencia de fondo es más sólida de lo que sugiere el debate público. Según la OCDE, la tasa de empleo de las personas de 55 a 59 años aumentó 17,1 puntos porcentuales, hasta el 75,7 % en 2024, mientras que la del grupo de 60 a 64 años creció 21,8 puntos, hasta el 56,5 % [2] ✓ Hecho establecido. La tasa media de empleo de la OCDE para quienes tienen entre 65 y 69 años llegó al 26,4 % [13]. En la Unión Europea, la tasa de empleo de las personas de 55 a 64 años marcó un récord del 65,2 % en 2024 [14] ◈ Evidencia sólida. Suecia, referencia desde hace tiempo, alcanzó cerca del 78,1 % en esa misma franja de edad, y Alemania el 75,15 % [15] [16] ✓ Hecho establecido. Los países con una edad de jubilación de 67 años para ambos sexos —Dinamarca, Islandia, los Países Bajos y Noruega— figuran entre los que registran las tasas de empleo más altas entre los 60 y los 64 años [2]. La edad de jubilación, en otras palabras, no es un mero parámetro fiscal: fija el momento en que trabajadores y empleadores esperan que termine la vida laboral.
Japón se sitúa en el extremo de la distribución. En 2024, el número de personas ocupadas de 65 años o más alcanzó un récord de 9,3 millones, el vigesimoprimer aumento anual consecutivo [3] ✓ Hecho establecido. La tasa de empleo fue del 53,6 % entre los 65 y los 69 años, del 35,1 % entre los 70 y los 74 y del 12,0 % a partir de los 75, todas en máximos históricos; para el conjunto de las personas de 65 años o más fue del 25,7 % [3]. Una década antes, en 2013, solo el 38,7 % de quienes tenían entre 65 y 69 años trabajaba [17]. Las personas mayores representan hoy el 29,4 % de la población japonesa [3], y el país ha reorganizado de hecho su mercado laboral en torno a la expectativa de que la mayoría siga trabajando hasta casi los setenta. Esa reorganización, como muestra la sección 6, ha tenido un precio en salarios y calidad del empleo.
Estados Unidos presenta una forma distinta. La tasa de actividad de los estadounidenses de 65 años o más se situó en el 19,1 % en 2025 —casi uno de cada cinco—, frente al 12,9 % de 2000, aunque por debajo del 20,2 % registrado en 2019 [18] ✓ Hecho establecido. La pandemia provocó lo que el Banco de la Reserva Federal de San Luis denominó jubilaciones excedentes: unos 2,4 millones de estadounidenses más de los que anticipaban las tendencias prepandémicas se jubilaron, y la brecha llegó a rozar los 2,8 millones a finales de 2022 [19]. Sin embargo, a finales de 2024 y comienzos de 2025 la proporción de jubilaciones excedentes había caído por debajo de cero, y la Reserva Federal de San Luis concluyó que las condiciones del mercado laboral y las transferencias públicas explicaban la mayor parte del aumento [20] ◈ Evidencia sólida. El segmento que más crece es el de mayor edad: los trabajadores de 75 años o más representaban el 1,2 % de la población activa estadounidense en 2023, y se prevé que lleguen al 2,1 % en 2033 [21].
El Ministerio del Interior y Comunicaciones de Japón registra tasas de empleo del 53,6 % entre los 65 y los 69 años, del 35,1 % entre los 70 y los 74 y del 12,0 % a partir de los 75, todas en máximos históricos [3]. En 2013, la tasa del grupo de 65 a 69 años era del 38,7 % [17]. Ninguna otra gran economía ha llevado la vida laboral tan lejos en la vejez, lo que convierte a Japón en el experimento natural más importante para todas las sociedades que vienen detrás.
El Reino Unido ilustra el riesgo contrario: que la mala salud expulse a las personas mayores del trabajo más deprisa de lo que la política de pensiones las empuja a quedarse. La Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) constató que en 2023 más de 2,5 millones de personas eran económicamente inactivas por enfermedad de larga duración, más de 400.000 más que antes de la pandemia [22] ✓ Hecho establecido. Entre las personas inactivas de 50 a 64 años, el 46 % declaraba cinco o más problemas de salud, frente al 41 % en 2019 [22]. El país está elevando la edad de la pensión estatal de 66 a 67 años entre mayo de 2026 y marzo de 2028, y una tercera revisión legal, iniciada en julio de 2025, estudia el paso a los 68 [23]. El caso británico muestra por qué las tasas de empleo y las edades de jubilación no pueden leerse por separado: una edad de jubilación más alta sin la salud necesaria para alcanzarla no produce más trabajadores, sino más personas que esperan, con menos ingresos, una pensión que se ha alejado.
Los datos comparados entre países dejan ver tres pautas. En primer lugar, el empleo de los trabajadores mayores responde con fuerza a la propia edad de jubilación: cuando sube la edad a la que se empiezan a cobrar las prestaciones, el empleo justo por debajo de esa edad sube con ella, como muestran los datos británicos de la sección 3. En segundo lugar, los países con mayor empleo entre los 60 y los 64 años combinan una edad de jubilación tardía con mercados laborales sólidos, fórmulas de trabajo flexible y sistemas activos de formación de adultos: el modelo nórdico más que el japonés. En tercer lugar, los avances se concentran entre las personas sanas y con estudios. El resto de este informe contrasta cada una de estas pautas con las pruebas disponibles, empezando por lo que vale en realidad trabajar más años.
- Japón: el 53,6 % de las personas de 65 a 69 años trabajaba en 2024, un récord [3]
- Suecia: en torno al 78,1 % de las personas de 55 a 64 años trabaja, una de las tasas más altas de la OCDE [15]
- Alemania: el 75,15 % de las personas de 55 a 64 años trabajaba en 2024 [16]
- Unión Europea: un récord del 65,2 % de las personas de 55 a 64 años trabajaba en 2024 [14]
- Estados Unidos: el 19,1 % de las personas de 65 años o más formaba parte de la población activa en 2025 [18]
Cuánto vale trabajar más años
Crecimiento, presupuestos y el mito del trabajador mayor en declive
El FMI calcula que un envejecimiento más saludable añadirá alrededor de 0,4 puntos porcentuales anuales al crecimiento mundial entre 2025 y 2050 [12]. La recompensa es real; la cuestión es qué parte de ella puede captar por sí sola la edad de jubilación ◈ Evidencia sólida.
La aportación reciente más importante a este debate es el capítulo sobre la economía plateada de las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI de abril de 2025. A partir de datos de 41 economías avanzadas y emergentes, el estudio concluyó que, de media, una persona que tenía 70 años en 2022 presentaba la misma capacidad cognitiva que una de 53 años en 2000 [12] ✓ Hecho establecido. En cuanto a la fragilidad física, la mejora fue parecida: una persona de 70 años en 2022 equivalía a una de 56 en 2000 [12]. El capítulo vinculó después esas mejoras de salud con el comportamiento: una década de mejora cognitiva se asocia a un aumento de unos 20 puntos porcentuales en la probabilidad de seguir en el mercado laboral, a unas seis horas más de trabajo a la semana y a unos ingresos un 30 % más altos entre quienes tienen empleo [12] ◈ Evidencia sólida. La fórmula que eligió el FMI para resumir el resultado —los 70 son los nuevos 50— se ha citado profusamente desde entonces, a menudo sin las salvedades que la acompañan.
Elevar la edad legal de jubilación quizá no tenga el efecto deseado sobre la edad efectiva de retiro si los trabajadores mayores no están física o cognitivamente en condiciones de seguir activos o si su productividad disminuye con rapidez con la edad.
— Fondo Monetario Internacional, Perspectivas de la Economía Mundial, capítulo 2, abril de 2025 [12]Lo que está en juego en términos macroeconómicos es mucho. El FMI estima que el cambio demográfico explica casi el 75 % de la desaceleración prevista del crecimiento mundial, que sitúa en torno a 1,1 puntos porcentuales por debajo de su media de 2016-2018; sin las ganancias de un envejecimiento más saludable, el déficit sería de 1,5 puntos [12] ◈ Evidencia sólida. Estimaciones anteriores del sector privado apuntan en la misma dirección. El Golden Age Index de PwC calculó en 2018 que elevar el empleo de los trabajadores de 55 años o más en la OCDE hasta los niveles suecos añadiría unos 3,5 billones de dólares al PIB de la OCDE a largo plazo [24] ◈ Evidencia sólida. Estas cifras dependen de supuestos sobre quién podría trabajar y con qué productividad, y deben tomarse como órdenes de magnitud más que como previsiones. Pero coinciden en la dirección: en una economía que envejece, la tasa de empleo de los mayores de 55 años es uno de los factores individuales que más determinan la producción por habitante.
Las pruebas sobre las finanzas públicas son aún más sólidas, porque proceden de reformas reales. Cuando el Reino Unido elevó la edad de la pensión estatal de las mujeres de 60 a 61 años, el Institute for Fiscal Studies (IFS) constató que la tasa de empleo de las mujeres de 60 años subió 7,3 puntos porcentuales —unas 27.000 mujeres más con empleo— y que la de sus maridos aumentó 4,2 puntos, lo que reforzó las finanzas públicas en unos 2.100 millones de libras [25] ✓ Hecho establecido. Jonathan Cribb, economista del IFS, señaló que la magnitud del efecto indicaba que intervenían factores distintos de los meros incentivos financieros: la edad de jubilación funciona como una norma social, una señal de cuándo se espera que uno deje de trabajar [25]. Ese efecto de señal es justamente lo que hace poderosa la reforma de la edad de jubilación, y también lo que la hace tosca.
Un estudio del Institute for Fiscal Studies concluyó que elevar la edad de la pensión estatal femenina de 60 a 61 años llevó al empleo a unas 27.000 mujeres más, aumentó 4,2 puntos porcentuales el empleo de sus maridos y mejoró las finanzas públicas en unos 2.100 millones de libras [25]. La respuesta fue mayor de lo que cabría esperar solo por los incentivos financieros, lo que sugiere que la edad de jubilación opera como una norma social que marca cuándo termina el trabajo.
El obstáculo más persistente para alargar la vida laboral es la creencia de que los trabajadores mayores son menos productivos. Las mejores pruebas microeconómicas no la respaldan. Axel Börsch-Supan y Matthias Weiss estudiaron los errores cometidos por los equipos de la cadena de montaje de un gran fabricante de automóviles, corrigiendo el hecho de que los trabajadores menos productivos tienden a marcharse, y comprobaron que la productividad en esa planta —representativa de la gran industria manufacturera— no disminuye al menos hasta los 60 años [26] ◈ Evidencia sólida. Los trabajadores mayores cometían algo más de errores, pero muchos menos errores graves, porque la experiencia les había enseñado qué fallos importaban. En la cadena de producción, el criterio acumulado compensaba cualquier pérdida de velocidad física. El resultado se ha convertido en uno de los hallazgos más citados de la economía del envejecimiento precisamente porque contradice lo que esperan los directivos.
En el plano de las economías en su conjunto, el panorama es más ambiguo ⚖ Controvertido. Nicole Maestas, Kathleen Mullen y David Powell estimaron que un aumento del 10 % en la proporción de la población de 60 años o más reduce un 5,5 % el crecimiento del PIB por habitante, y que cerca del 65 % de ese efecto se debe a un menor crecimiento de la productividad del trabajo y no a la existencia de menos trabajadores [27]. Ese hallazgo no demuestra que los trabajadores mayores sean, individualmente, menos productivos; puede reflejar una adopción más lenta de las nuevas tecnologías, una menor inversión o cambios en los patrones de demanda de las regiones que envejecen. Pero es una advertencia contra la idea de que una vida laboral más larga sea automáticamente más productiva. La conciliación, coherente con ambos estudios, es que los trabajadores mayores siguen siendo productivos en puestos que aprovechan su experiencia, y que las economías que no invierten en sus competencias y en su salud renuncian a buena parte de la ganancia.
Los efectos más intensos de la reforma de la edad de jubilación no proceden del cambio en los incentivos financieros, sino del cambio en las expectativas de trabajadores, cónyuges y empleadores por igual [25]. Por eso las reformas mueven el empleo con rapidez, y por eso lo mueven sobre todo entre las personas cuya salud y cuyo puesto ya les permiten responder. Una señal no puede devolver la salud a un trabajador enfermo ni convertir en dispuesto a un empleador reacio.
El muro de la discriminación
Por qué el mercado laboral no quiere a los trabajadores que el sistema de pensiones necesita
En un experimento de campo con más de 40.000 solicitudes de empleo, varios economistas hallaron pruebas sólidas de discriminación en la contratación contra las mujeres mayores, sobre todo cerca de la edad de jubilación [28]. Los gobiernos piden a la gente que trabaje más años en mercados laborales que la descartan de forma sistemática ✓ Hecho establecido.
Las pruebas más sólidas sobre la discriminación por edad proceden de experimentos de campo, en los que los investigadores envían a las empresas candidaturas ficticias emparejadas que solo difieren en la edad. El mayor de ellos, a cargo de David Neumark, Ian Burn y Patrick Button, presentó más de 40.000 solicitudes para empleos en 12 ciudades estadounidenses y cuatro ocupaciones [28] ✓ Hecho establecido. Tras corregir los sesgos que afectaban a estudios anteriores, hallaron una discriminación sólida contra las mujeres mayores, en particular las próximas a la edad de jubilación, y pruebas más débiles, aunque presentes, contra los hombres mayores [28]. Neumark resumió la pauta sin rodeos en 2019: a los candidatos de más edad nunca les va mejor, y a menudo les va peor, y las mujeres sufren discriminación por edad a partir de los cuarenta [29]. Un experimento sueco de Magnus Carlsson y Stefan Eriksson, con más de 6.000 solicitudes de candidatos de entre 35 y 70 años, constató que la tasa de respuesta caía de forma sustancial a partir de los 40 años aproximadamente, y con más fuerza en las mujeres que en los hombres [30] ✓ Hecho establecido.
Las pruebas de discriminación por edad contra las mujeres saltan a la vista, por así decirlo, en todos los estudios.
— David Neumark, catedrático distinguido de Economía, Universidad de California en Irvine, junio de 2019 [29]Lo que los empleadores dicen creer ayuda a explicar los resultados. En el experimento sueco, los empleadores encuestados después aludían a estereotipos sobre la capacidad de los candidatos mayores para aprender tareas nuevas, su adaptabilidad y su ambición [30]. Los trabajadores reconocen la misma pauta desde el otro lado. La encuesta de AARP de 2026 reveló que el 64 % de los trabajadores estadounidenses de 50 años o más ha presenciado o sufrido discriminación por edad en el trabajo, porcentaje que sube al 74 % entre los trabajadores negros y al 67 % entre las mujeres [31] ✓ Hecho establecido. Alrededor del 90 % cree que la discriminación por edad es habitual, y el 33 % afirma que se ha dado por hecho que se maneja peor con la tecnología [32]. Entre las personas de 50 años o más que preveían cambiar de empleo en 2025, el 74 % creía que su edad podía impedirles ser contratadas [33].
Las denuncias formales no son más que la parte visible del problema. La Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos (EEOC) recibió 16.223 denuncias por discriminación por edad al amparo de la Age Discrimination in Employment Act en el ejercicio fiscal 2024, un 9,2 % más que el año anterior, según un análisis del bufete Seyfarth; la propia Comisión solo presentó siete demandas por discriminación por edad [34] ◈ Evidencia sólida. La discriminación por edad es notoriamente difícil de probar porque rara vez deja rastro escrito: se describe a un candidato como sobrecualificado, se dice que un equipo necesita energía nueva, una reestructuración elimina casualmente a la plantilla de más edad. Carly Roszkowski, de AARP, describió el resultado en enero de 2025: muchos trabajadores mayores sufren discriminación por edad y a menudo se los pasa por alto para puestos para los que están cualificados, pese a que aportan pericia, madurez y perspectiva [33].
Los gobiernos elevan la edad de jubilación partiendo de la premisa de que las personas mayores pueden encontrar trabajo, mientras los experimentos de campo muestran que los empleadores las descartan a partir de los cuarenta [28] [30]. Allí donde ambas realidades chocan, el resultado no son vidas laborales más largas, sino intervalos más largos entre el último empleo y el primer cobro de la pensión, unos intervalos que se financian con ahorros, prestaciones por incapacidad o pobreza.
Los costes no son solo individuales. El Informe Mundial sobre el Edadismo (Global Report on Ageism) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en marzo de 2021 junto con otros tres organismos de la ONU, concluyó que una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes edadistas hacia las personas mayores [35] ✓ Hecho establecido. El informe estimó que el edadismo fue responsable de 63.000 millones de dólares de gasto sanitario excesivo en Estados Unidos en un solo año, y que dar empleo a un 5 % más de australianos de 55 años o más aportaría a la economía 48.000 millones de dólares australianos al año [35] ◈ Evidencia sólida. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió de que los países no pueden permitir que los estereotipos, los prejuicios y la discriminación por edad limiten las oportunidades de garantizar la salud, el bienestar y la dignidad de las personas en todo el mundo [35].
La discriminación adopta también una forma institucional que rara vez recibe ese nombre: el descuento por edad incorporado al salario. En Japón, donde las empresas están legalmente obligadas a ofrecer empleo continuado hasta los 65 años y a esforzarse por hacerlo hasta los 70, la recontratación tras la edad de jubilación de la empresa suele ir acompañada de un fuerte recorte salarial. Solo el 39,6 % de las empresas japonesas mantiene el salario posterior a la jubilación por encima del 80 % del nivel previo, lo que significa que cerca del 60 % lo recorta en más de un 20 % por un trabajo igual o similar [36] ✓ Hecho establecido. La edad de jubilación obligatoria de Corea, fijada en 60 años, produce un precipicio parecido [37]. Estos sistemas mantienen a las personas mayores en el empleo, pero en unas condiciones que se considerarían discriminatorias si se aplicaran a cualquier otro colectivo. Son el precio al que los empleadores han aceptado la obligación de conservarlas.
La limitación de la salud y las competencias
Quién puede trabajar de verdad hasta los 67 años y quién no
En Inglaterra, los hombres de las zonas más desfavorecidas solo pueden esperar 51,1 años de vida saludable, frente a 70,1 en las menos desfavorecidas [38]. Una única edad de jubilación aplicada a ambos grupos no es neutral: es una transferencia ✓ Hecho establecido.
Los argumentos a favor de trabajar más años descansan en la premisa de que las vidas más largas son también más saludables. De media, eso es en líneas generales cierto, pero la media esconde diferencias enormes. Las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2024 (World Health Statistics 2024) de la Organización Mundial de la Salud situaban la esperanza de vida mundial en 71,4 años en 2021 y la esperanza de vida saludable en 61,9, lo que significa que se viven de media unos 9,5 años con mala salud [39] ✓ Hecho establecido. Dentro de cada país, la variación es mayor que entre países. La Oficina de Estadísticas Nacionales británica constató que en Inglaterra la esperanza de vida saludable de los hombres de las zonas menos desfavorecidas era de 70,1 años en 2020-2022, frente a 51,1 años en las más desfavorecidas, una brecha de 19,0 años; en el caso de las mujeres, la brecha era de 19,7 años [38] ✓ Hecho establecido. Los hombres de las zonas más pobres de Inglaterra pueden esperar, por tanto, perder la buena salud más de 15 años antes de alcanzar la edad de la pensión estatal.
La brecha de longevidad por nivel de renta es igual de acusada en Estados Unidos. Raj Chetty y sus colegas, a partir de registros fiscales y de mortalidad, hallaron que el 1 % más rico de los hombres estadounidenses vive 14,6 años más que el 1 % más pobre, y que entre las mujeres la diferencia es de 10,1 años [40] ✓ Hecho establecido. La brecha se ensancha: entre 2001 y 2014, la esperanza de vida aumentó 2,34 años para los hombres del 5 % superior de la distribución de la renta, pero solo 0,32 años para los del 5 % inferior [40]. En 23 países de la OCDE, los hombres de 65 años con estudios superiores pueden esperar vivir 3,6 años más que los de bajo nivel educativo, y las mujeres 2,6 años más [41] ✓ Hecho establecido. Como las subidas de la edad de jubilación se justifican por el aumento medio de la longevidad, y como ese aumento beneficia sobre todo a los más acomodados, una subida uniforme pide a quienes menos han ganado que renuncien a más.
Las limitaciones de salud se agravan por el carácter físico de muchos empleos. Una abogada de 66 años y una cuidadora de 66 años afrontan la misma edad de jubilación, pero no el mismo cuerpo al final de una semana de trabajo. Las Perspectivas del Empleo 2025 (Employment Outlook 2025) de la OCDE dedicaron un capítulo entero a las competencias y los empleos de los trabajadores mayores en un mercado laboral cambiante, reflejo de una conciencia creciente de que la limitación suele estar en el puesto más que en el trabajador [42]. En el Reino Unido, el 55 % de las personas inactivas por enfermedad de larga duración a mediados de 2022 —alrededor de 1,3 millones— tenía entre 50 y 64 años [22] ✓ Hecho establecido. Para este grupo, una edad de jubilación más tardía no significa más trabajo, sino depender durante más tiempo de las prestaciones por enfermedad o incapacidad, o de los ahorros, hasta que llega la pensión.
Chetty y sus colegas, a partir de registros fiscales y de mortalidad, constataron que los avances de la longevidad se concentraban en la parte alta de la distribución de la renta [40]. Las edades de jubilación se fijan en función de la esperanza de vida media, de modo que vincularlas a promedios sin corregir este gradiente convierte un ajuste demográfico en una transferencia regresiva. El mismo gradiente aparece por nivel educativo en 23 países de la OCDE [41].
Las competencias son la segunda limitación, y los datos sobre ellas son más recientes. La Encuesta de Competencias de Adultos 2023 (Survey of Adult Skills 2023) de la OCDE, publicada en diciembre de 2024, registró puntuaciones medias de 260 en comprensión lectora, 263 en matemáticas y 251 en resolución adaptativa de problemas en los países participantes [43]. Las personas de 55 a 65 años puntuaron por debajo de las de 25 a 34 en todos los ámbitos: 30 puntos menos en comprensión lectora en la media de la OCDE, 55 en Corea, 26 en Inglaterra y 17 en Estados Unidos [44] ✓ Hecho establecido. La OCDE advierte de que las diferencias podrían reflejar efectos del envejecimiento, pero también diferencias en la calidad y la cantidad de educación y formación entre generaciones [44]. La brecha excepcionalmente amplia de Corea encaja con esa lectura: sus cohortes de más edad se formaron antes de la gran expansión de la escolarización en el país.
El sistema de formación, además, ensancha la brecha que debería cerrar. Solo alrededor del 33 % de las personas de 60 a 65 años participó en actividades de formación en 2023, frente a más del 50 % de las de 25 a 44, y la proporción que aprende en el puesto de trabajo cae del 62 % entre los 25 y los 29 años al 45 % entre los 60 y los 65 [42] ◈ Evidencia sólida. Datos anteriores de la OCDE situaban la participación en formación relacionada con el empleo en el 24 % para las personas de 55 a 65 años, frente al 41 % para las de 45 a 54 [45] ✓ Hecho establecido. Los empleadores invierten menos en la plantilla de más edad porque esperan un periodo de amortización más corto, y los trabajadores mayores invierten menos en sí mismos por la misma razón. Sin embargo, a un trabajador de 55 años con una edad de jubilación de 67 o 70 le quedan entre 12 y 15 años de vida laboral, más que la antigüedad media en el puesto de un empleado joven. La brecha formativa es una reliquia de una época en la que los 55 años marcaban el principio del fin.
La inteligencia artificial añade una variable nueva y ambigua. La OCDE observa que la exposición a la automatización es máxima entre los trabajadores jóvenes y disminuye con rapidez con la edad, mientras que la exposición a la IA en sentido amplio dibuja una U invertida a lo largo de la vida; constata también que el uso de la IA generativa fue el que más creció entre las personas de 55 a 74 años en 2024-2025, aunque partiendo de un nivel bajo [46] ◈ Evidencia sólida. Una encuesta citada por el Pension Research Council de Wharton situaba en el 18 % el uso de IA generativa entre los trabajadores de 50 a 64 años, muy por debajo del de los trabajadores de treinta y cuarenta y tantos años [47]. En enero de 2025, el 34 % de los estadounidenses de 50 años o más que buscaban empleo decía temer que la IA amenazara la seguridad de su puesto [33]. La IA podría alargar la vida laboral al asumir las partes física y cognitivamente más agotadoras del trabajo, o acortarla al devaluar la experiencia. Lo que ocurra dependerá en gran medida de que se forme a los trabajadores mayores para utilizarla.
Lo que están aprendiendo las plantillas más envejecidas
Japón, Corea, Singapur, Dinamarca, Alemania, China y Francia
Los países que envejecieron primero han ensayado casi todas las políticas posibles: recontratación obligatoria, ingresos exentos de impuestos, vínculos automáticos con la esperanza de vida y suspensión lisa y llana. Sus resultados son las mejores pruebas disponibles sobre lo que funciona ◈ Evidencia sólida.
El enfoque de Japón consiste en hacer recaer la obligación en los empleadores y no en las pensiones. Las empresas deben ofrecer empleo hasta los 65 años y, desde una reforma de 2021, esforzarse por garantizar oportunidades de trabajo hasta los 70 [48]. La proporción de empresas con medidas para asegurar el trabajo hasta los 70 años pasó del 25,6 % en 2021 al 34,8 % en 2024 [48] [36] ✓ Hecho establecido, y las pequeñas y medianas empresas han avanzado más deprisa que las grandes, con un 32,4 % frente a un 25,5 % en los datos de 2025 [48]. En número de ocupados, el modelo funciona: Japón tiene las tasas de empleo más altas entre las personas de 65 a 69 años de todas las grandes economías [3]. Su punto débil es la calidad del empleo. La recontratación suele hacerse con contratos temporales y salarios mucho más bajos, lo que mantiene a la gente trabajando, aunque a menudo en puestos por debajo de su cualificación [36].
Corea del Sur muestra lo que ocurre cuando la edad de jubilación obligatoria y la edad de acceso a la pensión divergen. La edad legal de jubilación en Corea es de 60 años, mientras que la edad para cobrar la pensión nacional sube hasta los 65 de aquí a 2033, lo que deja un vacío de hasta cinco años sin salario ni pensión [37] ✓ Hecho establecido. Alrededor del 40 % de los coreanos de 65 años o más vive por debajo del umbral de pobreza relativa, la tasa más alta de la OCDE y muy superior a la media de la organización, de en torno al 14,8 % [49] ◈ Evidencia sólida. La Comisión Nacional de Derechos Humanos recomendó en marzo de 2025 elevar la edad de jubilación a 65 años, y en junio de 2026 el comité del gobernante Partido Democrático propuso subirla un año cada dos a partir de 2028, hasta llegar a los 65 en 2036 [50]. El apoyo social es amplio: el 88,3 % respalda una subida gradual [51].
El debate coreano deja ver también quién paga. Ryu Gi-seop, de la Federación de Sindicatos de Corea, describió la grieta de ingresos entre la jubilación y el cobro de la pensión como un problema estructural directamente ligado a la tasa de pobreza de las personas mayores del país, la más alta de la OCDE [37]. Los empleadores, representados por Lee Sang-cheol, de la Federación de Empresarios de Corea, sostienen que una prórroga uniforme concentraría los beneficios en las grandes empresas y en los trabajadores sindicados con contrato fijo, lo que ahondaría la desigualdad en el mercado laboral [37] ⚖ Controvertido. La Confederación Coreana de Sindicatos, desde el lado opuesto, calificó el plan gradual de equivalente a abandonar a cientos de miles de trabajadores a un vacío de ingresos [50]. Ambos tienen razón en parte: una edad de jubilación más alta protege a quienes ya tienen un empleo seguro, mientras que quienes trabajan en condiciones precarias, y más necesitan los ingresos, son los que menos se benefician. El plazo que Corea se ha dado para decidir antes de finales de 2026 pondrá a prueba si un compromiso puede responder a ambas preocupaciones [37].
Singapur ofrece el modelo más cuidadosamente escalonado. En virtud de su Retirement and Re-employment Act, la edad de jubilación subió de 63 a 64 años y la de recontratación de 68 a 69 el 1 de julio de 2026, en una senda que llevará a 65 y 70 años en 2030 [52] ✓ Hecho establecido. Los empleadores deben ofrecer la recontratación a los trabajadores que reúnan los requisitos hasta la edad de recontratación, lo que da a la plantilla de más edad una expectativa legal de continuidad sin congelar sus antiguos contratos. Dinamarca siguió el camino contrario y legisló el resultado en lugar de la obligación: en mayo de 2025, su Parlamento aprobó por 81 votos contra 21 elevar la edad de jubilación a 70 años en 2040 para los nacidos después de 1970, con escalas en 68 años en 2030 y 69 en 2035 [53] ✓ Hecho establecido. Dinamarca vincula su edad de jubilación a la esperanza de vida desde la reforma del Estado del bienestar de 2006 [53]. Aun así, la primera ministra, Mette Frederiksen, había cuestionado en 2024 el mecanismo automático, al afirmar que no se podía seguir diciendo sin más a la gente que trabajara un año más [54].
Alemania optó por los incentivos antes que por la obligación. Su Aktivrente, en vigor desde el 1 de enero de 2026, exime del impuesto sobre la renta hasta 2.000 euros mensuales de rendimientos del trabajo a quienes sigan trabajando después de la edad legal de jubilación [61] ✓ Hecho establecido. El régimen excluye a los autónomos, a los funcionarios y a quienes tienen minijobs [62]. El ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, lo presentó como una recompensa: quien decida trabajar más tiempo debe notar una ganancia real en el bolsillo [61]. Sus probables beneficiarios, sin embargo, son quienes ya pueden y quieren trabajar más allá de los 67 años, por lo general empleados más sanos y mejor pagados, lo que plantea dudas sobre un coste de peso muerto que solo la evaluación podrá despejar. Suecia, en cambio, ha incorporado el ajuste al propio sistema: su edad de jubilación de referencia, la riktålder, se fija en 67 años para el periodo 2026-2031, con un primer cobro posible a los 64, y evoluciona con la esperanza de vida [63] ✓ Hecho establecido.
China y Francia ilustran los límites políticos. La reforma china, aprobada por el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional en septiembre de 2024, eleva la edad de jubilación de los hombres de 60 a 63 años y la de las mujeres de 50 a 55 o de 55 a 58 a lo largo de 15 años a partir de enero de 2025, y amplía el periodo mínimo de cotización de 15 a 20 años de aquí a 2039 [8] ✓ Hecho establecido. La impulsaron en parte las proyecciones de la Academia China de Ciencias Sociales según las cuales el fondo de pensiones urbano podría agotarse en 2035 [64] ◈ Evidencia sólida. Francia elevó su edad mínima de 62 a 64 años en 2023 pese a las protestas masivas [60] y después, con el primer ministro Sébastien Lecornu, suspendió la reforma a finales de 2025 y congeló la edad legal en 62 años y 9 meses hasta enero de 2028 [65] [66] ✓ Hecho establecido. Lecornu prometió que no habría ninguna subida de la edad desde ese momento hasta enero de 2028 [65]. La lección no es que la reforma sea imposible, sino que resulta reversible cuando carece de consenso.
- Obligación del empleador (Japón, Singapur): las empresas deben ofrecer continuidad laboral hasta una edad fijada; empleo elevado, pero salarios y calidad del empleo más bajos [36] [52]
- Vínculo automático con la esperanza de vida (Dinamarca, Suecia): previsible, pero políticamente discutido a medida que las edades se acercan a 70 [53] [63]
- Incentivos fiscales (Alemania): premian a quienes ya pueden trabajar; riesgo de peso muerto [61]
- Subidas escalonadas por ley (China, Reino Unido, EE. UU.): grandes ahorros fiscales, efectos desiguales sobre el empleo [8] [11]
- Suspensión o marcha atrás (Francia): muestra el coste de una reforma sin consenso [65]
Los países con mayor empleo al final de la carrera laboral —Japón por encima de todos— lo han conseguido obligando a los empleadores a conservar a su plantilla de más edad y permitiendo a la vez fuertes recortes salariales en la recontratación [36]. Ese pacto eleva el número de ocupados, pero consolida un descuento institucional por edad. El modelo de recontratación de Singapur y el incentivo fiscal alemán son intentos de conservar lo primero sin lo segundo; ninguno de los dos se ha evaluado todavía.
Las cuestiones en disputa
Desplazamiento, equidad, productividad y la mente jubilada
Cuatro controversias marcan la política de alargar la vida laboral: si los trabajadores mayores quitan empleo a los jóvenes, si subir la edad de jubilación es regresivo, si las plantillas envejecidas son menos productivas y si el trabajo protege el cerebro que envejece ⚖ Controvertido.
La objeción más antigua es que los trabajadores mayores ocupan empleos que de otro modo serían para los jóvenes. Los economistas lo llaman la falacia de la cantidad fija de trabajo, y la mayor parte de las pruebas avala esa etiqueta. Un proyecto internacional del NBER dirigido por Jonathan Gruber, Kevin Milligan y David Wise, que abarcó 12 países, no encontró indicios de que aumentar el empleo de las personas mayores reduzca las oportunidades laborales de los jóvenes [67] [68] ◈ Evidencia sólida. Con datos de los estados de EE. UU. entre 1977 y 2011, Alicia Munnell y April Yanyuan Wu, del Boston College, comprobaron que un mayor empleo de los trabajadores de más edad se asociaba a menos desempleo y más empleo juvenil; la teoría puede parecer plausible, concluyeron, pero los datos no la respaldan [69]. Con el tiempo, las economías se ajustan: las personas mayores con empleo gastan, ahorran y generan demanda de otros trabajadores.
Pero a corto plazo el panorama puede ser distinto ⚖ Controvertido. Al estudiar la reforma Fornero de 2011 en Italia, que elevó bruscamente la edad de jubilación, Tito Boeri, Pietro Garibaldi y Espen Moen hallaron que por cada cinco trabajadores mayores retenidos en su puesto un año más, las empresas reducían la contratación de jóvenes en aproximadamente un equivalente a tiempo completo [70]. El efecto se concentraba en empresas con restricciones financieras, donde una masa salarial fija suponía que un sueldo sénior adicional desplazaba una contratación júnior. Los dos conjuntos de pruebas son conciliables: en una economía en crecimiento y con contratación flexible, los trabajadores mayores complementan a los jóvenes; en una economía estancada y con nóminas rígidas, las reformas repentinas pueden bloquear la entrada de los jóvenes. El calendario y la coyuntura económica importan tanto como la propia reforma.
La cuestión de la equidad está menos en disputa en cuanto a los hechos que en cuanto al remedio ⚖ Controvertido. Nadie discute que la esperanza de vida varía mucho según la renta y el nivel educativo [40] [41] [38]. El desacuerdo gira en torno a si esto hace inaceptables las subidas de la edad de jubilación o si solo exige medidas compensatorias: un acceso más fácil a las prestaciones por incapacidad, la jubilación anticipada para carreras largas o trabajos penosos, o pensiones más generosas en la parte baja de la escala. El propio debate danés muestra la tensión: hasta un gobierno que legisló la jubilación a los 70 ha cuestionado el mecanismo automático en que se apoya [54]. El FMI señala que las brechas socioeconómicas de salud según educación, patrimonio y residencia rural se han mantenido incluso mientras mejoraba la salud media [12] ✓ Hecho establecido.
La controversia sobre la productividad depende del nivel de análisis ⚖ Controvertido. Los estudios de trabajadores individuales en entornos concretos —la cadena de montaje de Börsch-Supan es el más conocido— no detectan ningún declive hasta los 60 años [26], mientras que los estudios de economías regionales en su conjunto concluyen que las poblaciones envejecidas crecen más despacio, sobre todo por la productividad [27]. La controversia sobre la cognición es parecida. Susann Rohwedder y Robert Willis, comparando países con distintas edades de jubilación, hallaron que la jubilación tenía un efecto negativo significativo sobre la capacidad cognitiva de las personas de poco más de sesenta años, lo que sugiere que retirarse puede conducir a un entorno cotidiano menos estimulante [71]. Pero Norma Coe y sus colegas, utilizando ofertas inesperadas de jubilación anticipada como experimento natural, no encontraron ningún efecto causal negativo en los trabajadores de oficina y sí uno positivo en los trabajadores manuales [72]. Que el trabajo proteja la mente puede depender de en qué consista ese trabajo.
Argumentos a favor de trabajar más años
Con 52 personas mayores de 65 años por cada 100 en edad de trabajar en 2050, los sistemas de pensiones no pueden financiarse sin carreras más largas [1] [11].
En 41 economías, una persona de 70 años en 2022 tenía la capacidad cognitiva de una de 53 en 2000 [12].
Los datos de 12 países no muestran una reducción del empleo juvenil cuando aumenta el de los mayores [67].
La productividad de los equipos en una cadena de montaje de automóviles no disminuye al menos hasta los 60 años [26].
Un año más en la edad de jubilación de las mujeres británicas elevó 7,3 puntos el empleo de las mujeres de 60 años [25].
Argumentos a favor de la cautela
El 1 % más rico de los hombres estadounidenses vive 14,6 años más que el 1 % más pobre, así que las subidas uniformes castigan más a los pobres [40].
La esperanza de vida saludable de los hombres en las zonas más pobres de Inglaterra ronda los 51 años, muy por debajo de la edad de jubilación [38].
La reforma repentina de Italia recortó la contratación juvenil en un empleo por cada cinco trabajadores mayores retenidos [70].
Un aumento del 10 % en la proporción de mayores de 60 años reduce un 5,5 % el crecimiento del PIB por habitante [27].
La automatización y la inmigración se presentan a menudo como alternativas a alargar la vida laboral ⚖ Controvertido. Daron Acemoglu y Pascual Restrepo constataron que las sociedades que envejecen adoptan robots industriales con mayor rapidez, pero que los robots tienden a sustituir a trabajadores de mediana edad, de 36 a 55 años, más que a los de mayor edad [73]. La automatización compensa, por tanto, la escasez de trabajadores en edad central sin eliminar la necesidad de que la gente trabaje más años. La inmigración puede contrarrestar parte del descenso de la población en edad de trabajar, pero en países como Japón y Corea, donde se prevé que esa población caiga más de un 30 % [1], la escala necesaria no tendría precedentes en lo político ni en lo social. Ninguna de las tres palancas —inmigración, tecnología o carreras más largas— basta por sí sola, y por eso el debate sobre alargar la vida laboral no versa sobre si hacerlo, sino sobre cómo.
El peso de las pruebas apunta a una conclusión con matices. Trabajar más años es factible para la mayoría de las personas con buena salud y en empleos que aprovechan la experiencia acumulada, y por lo general no cuesta a los jóvenes su puesto de trabajo ◈ Evidencia sólida. Pero no es igual de factible para todos, el mercado laboral no lo acoge con agrado y los costes de una reforma uniforme recaen de forma desproporcionada en las personas con vidas más cortas y menos saludables. Las cuestiones en disputa tienen que ver, por tanto, menos con si la gente debe trabajar más años que con quiénes deben hacerlo, en qué empleos y con qué protección para quienes no pueden.
Lo que nos dicen las pruebas
De una edad de jubilación a una política de vida laboral
Los argumentos demográficos a favor de trabajar más años están zanjados; los argumentos para hacerlo solo mediante la edad de jubilación, no. Los países donde funciona combinan una edad de jubilación más tardía con obligaciones para los empleadores, inversión en competencias y salud y protección para quienes no pueden continuar ◈ Evidencia sólida.
Las pruebas reunidas en este informe conducen a cinco conclusiones. En primer lugar, alargar la vida laboral no es una política de futuro, sino una realidad presente: el empleo de las personas de 60 a 64 años en la OCDE ha aumentado más de 20 puntos porcentuales [2], y Japón da empleo a la mayoría de las personas de 65 a 69 años [3] ✓ Hecho establecido. En segundo lugar, tiene valor: el FMI calcula que un envejecimiento más saludable añade alrededor de 0,4 puntos porcentuales anuales al crecimiento mundial [12], y las reformas de la edad de jubilación generan ahorros fiscales inmediatos [11]. En tercer lugar, el principal obstáculo no suele ser la capacidad de los trabajadores, sino la disposición de los empleadores, como demuestran los experimentos de campo sobre contratación [28]. En cuarto lugar, la capacidad de trabajar más años se reparte de forma desigual según la salud, la educación y la renta [38] [40]. En quinto lugar, las reformas impuestas sin consenso pueden revertirse, como demostró Francia en 2025 [65].
Los riesgos de la combinación actual de políticas pueden valorarse a la luz de esas pruebas. Una edad de jubilación que sube más deprisa que la esperanza de vida saludable de los grupos con menos ingresos corre el riesgo de empujar a la gente hacia las prestaciones por incapacidad o hacia la pobreza, y no hacia el empleo. La discriminación en la contratación implica que los demandantes de empleo de más edad que pierden su puesto pasados los 55 quizá nunca vuelvan a encontrar un trabajo comparable. Los sistemas de formación siguen pensados para trabajadores con largas carreras por delante, no para quienes, a los 55, tienen aún 15 años de trabajo por delante. Y el descuento salarial en la recontratación, como en Japón, puede hacer que las carreras más largas sean económicamente viables para los empleadores, pero poco atractivas para los trabajadores [36].
| Riesgo | Gravedad | Valoración |
|---|---|---|
| Incidencia regresiva de las subidas uniformes de la edad de jubilación | Con una esperanza de vida saludable 19 años menor en las zonas más pobres de Inglaterra, las subidas uniformes trasladan los costes a quienes menos pueden trabajar [38]. | |
| Discriminación en la contratación de trabajadores mayores | Pruebas sólidas de discriminación contra las mujeres mayores en experimentos de campo con más de 40.000 solicitudes [28]. | |
| Vacíos de ingresos y pobreza en la vejez | El vacío de Corea entre la jubilación a los 60 y la pensión a los 65 coincide con una pobreza en la vejez de alrededor del 40 % [49] [37]. | |
| Erosión de las competencias y abandono de la formación | Solo el 24 % de las personas de 55 a 65 años recibe formación relacionada con el empleo, frente al 41 % de las de 45 a 54 [45]. | |
| Marcha atrás política de las reformas | Francia congeló su reforma de 2023 en menos de dos años, prueba de que las reformas sin consenso son frágiles [65] [66]. |
La respuesta política que avalan las pruebas es más amplia que una edad de jubilación. Concibe las últimas décadas de la vida laboral como una etapa que hay que diseñar, no como una prórroga que se impone. Eso supone hacer cumplir la legislación contra la discriminación por edad con el mismo rigor que se aplica a otras características protegidas, dado que en Estados Unidos las denuncias alcanzaron las 16.223 en el ejercicio fiscal 2024, mientras que la agencia federal encargada de aplicarla solo presentó siete demandas [34] ◈ Evidencia sólida. Supone formación a mitad de carrera, en la cincuentena, cuando quedan entre 12 y 15 años de vida laboral, en lugar de reciclaje profesional tras un despido. Supone medidas de salud laboral y fórmulas de trabajo flexible que permitan a quienes desempeñan empleos físicamente exigentes seguir siendo productivos, y vías específicas de salida del mercado laboral para quienes no pueden.
Supone también vincular la edad de jubilación no a la longevidad media, sino a las pruebas sobre quién puede trabajar de verdad. Varios países ya permiten la jubilación anticipada para carreras largas u ocupaciones penosas; las pruebas sobre las brechas de longevidad indican que estas excepciones no son resquicios, sino correcciones [41] [40]. Los ingresos exentos de impuestos de Alemania y la escala de recontratación de Singapur son experimentos tempranos para hacer que trabajar más años resulte atractivo y no meramente obligatorio [61] [52]. Sus resultados, junto con la larga transición escalonada de China [8] y el paso de Dinamarca a los 70 años [53], formarán la próxima generación de pruebas.
La lección central de las plantillas más envejecidas es que la edad de jubilación es la parte menos importante de la política. Lo que determina que la gente trabaje realmente más años es que los empleadores estén dispuestos a contratarla, que su salud lo permita y que sus competencias sigan al día [12] [42]. Los gobiernos que solo muevan la edad de jubilación obtendrán el ahorro fiscal, pero buena parte de la ganancia económica quedará sin recoger, y el coste recaerá en quienes menos pueden soportarlo.
Rejuvenecer, por así decirlo, a una población activa que envejece es, en definitiva, una prueba de si las sociedades son capaces de acompañar la buena noticia biológica de unas vidas más largas y saludables con instituciones que permitan aprovechar esos años de forma productiva y justa. El hallazgo del FMI de que las personas de 70 años de hoy tienen la capacidad cognitiva de las de 53 de ayer [12] es una noticia genuinamente buena. Pero describe una media, y la política de pensiones la viven las personas una a una. Para quienes están sanos, tienen estudios y un buen empleo, trabajar hasta los 70 es cada vez más realista y, a veces, deseable. Para la cuidadora, el peón y la mujer descartada en un proceso de selección a los 55 años, es una promesa que el mercado laboral aún no ha hecho. Cerrar esa brecha, más que subir la edad, es la verdadera tarea política de una sociedad que se reduce.