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SERIE: ECONOMIC INTELLIGENCE

La máquina de la deuda estudiantil — el 23 % de los títulos pierde dinero

El 23 % de las licenciaturas estadounidenses deja a sus graduados más pobres que con el bachillerato, y 8,8 millones de prestatarios están en mora. Auditoría de quién soporta el riesgo.

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Publicado22 September 2026
Niveles de evidencia → ✓ Hecho establecido ◈ Evidencia sólida ⚖ Disputado ✕ Desinformación ? Desconocido
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El 23 % de las licenciaturas estadounidenses deja a sus graduados más pobres que con el bachillerato, y 8,8 millones de prestatarios están en mora. Auditoría de quién soporta el riesgo.

01

El libro de cuentas que dejó de cuadrar
Qué compraron realmente 1,65 billones de dólares en promesas incumplidas

Los estadounidenses deben 1,651 billones de dólares en deuda estudiantil, y 8,8 millones de prestatarios están en mora sobre préstamos que la quiebra no puede borrar ✓ Hecho establecido [1][2]. El sistema se diseñó para ampliar el acceso. Hoy funciona como un dispositivo de transferencia de riesgo apuntado a la parte menos informada de la operación.

El hallazgo central de este informe cabe en una frase: el sistema financiero de la educación superior estadounidense ya no valora aquello que vende. El saldo vivo de los préstamos estudiantiles alcanzaba 1,651 billones de dólares en el segundo trimestre de 2026, dentro de un endeudamiento de los hogares de 18,771 billones [1]. Frente a ese saldo, alrededor del 23 % de los programas de licenciatura en Estados Unidos produce un rendimiento negativo a lo largo de la vida: sus graduados terminan financieramente peor de lo que habrían estado solo con el bachillerato [3]. Ambas cifras proceden de la misma maquinaria: un prestamista que no analiza el riesgo, una institución que no soporta la pérdida y un prestatario que no puede liberarse de la deuda. El resultado no es en primer lugar un problema educativo. Es un mercado de crédito en el que el único participante sin cobertura es el joven de dieciocho años que firma el pagaré.

La cifra global de morosidad para 2026 parece engañosamente benigna. La Reserva Federal de Nueva York registró un 7,83 % de los saldos estudiantiles con noventa días o más de retraso en el segundo trimestre de 2026, frente al 12,88 % de un año antes [1]. La mejora es un artefacto. La institución atribuye el descenso al efecto persistente del reingreso en los ficheros crediticios de la deuda previamente impagada, no a que los prestatarios hayan reanudado los pagos [1]. Leer esa serie como una recuperación constituye el error más común en la cobertura actual del asunto, y el error importa porque las cifras de impago subyacentes se movían en sentido contrario.

1,65 B $
Saldo vivo de préstamos estudiantiles en Estados Unidos, segundo trimestre de 2026
Reserva Federal de Nueva York, 2026 · ✓ Hecho establecido
23 %
Programas de licenciatura con rendimiento negativo a lo largo de la vida
FREOPP, 2025 · ✓ Hecho establecido
8,8 M
Prestatarios en mora sobre préstamos en poder del Departamento de Educación
Student Borrower Protection Center, 2026 · ✓ Hecho establecido
42 %
Graduados recientes en empleos que no exigen un título
Reserva Federal de Nueva York, 2026 · ✓ Hecho establecido

Esas cifras son duras. En enero de 2026, 8,8 millones de prestatarios estaban en mora sobre préstamos en poder directo del Departamento de Educación, por un saldo de 208.700 millones de dólares [2]. De ellos, 3,62 millones entraron en mora por primera vez entre el 20 de enero y el 31 de diciembre de 2025, frente a prácticamente ningún impago nuevo en el primer trimestre de ese mismo año [2]. Los saldos impagados en el conjunto de la cartera alcanzaron un récord de 233.000 millones de dólares a mediados de 2026, con aproximadamente uno de cada cinco prestatarios con más de nueve meses de retraso [44]. Un recuento distinto situaba en 8,931 millones los prestatarios federales con al menos treinta días de retraso en el primer trimestre de 2026 [40].

La secuencia era estructuralmente previsible. Los pagos federales se suspendieron durante cuatro años, se reanudaron después y quedaron cubiertos por un periodo de transición durante el cual los impagos no acarreaban consecuencia alguna. Al expirar ese periodo, varios años de impago acumulado convergieron de golpe sobre el umbral de mora de doscientos setenta días, un resultado mecánico que el servicio de investigación del Congreso había modelizado de antemano [31]. La ola no reveló nada inesperado sobre el comportamiento de los prestatarios. Fue un vencimiento contable que llegaba a término.

✓ Hecho establecido La deuda estudiantil es la única gran categoría de crédito al consumo de la que un prestatario no puede liberarse mediante la quiebra

Las enmiendas de 1998 a la ley de educación superior suprimieron el plazo tras el cual los préstamos federales podían cancelarse sin demostrar penuria excesiva, y la ley de quiebras de 2005 extendió esa imposibilidad de cancelación a los préstamos privados admisibles [47]. De una hipoteca se puede salir entregando la vivienda. Un saldo de tarjeta puede cancelarse. Un título no se embarga, y la obligación que lo financió tampoco, que es justamente la razón por la que la pérdida nunca alcanza a la institución que fijó el precio.

Conviene comparar con el funcionamiento de cualquier otro mercado de crédito. Un prestamista hipotecario tasa el inmueble, verifica los ingresos del prestatario y rechaza la operación cuando las cifras no salen. Una financiera de automoción incorpora el riesgo al tipo de interés. En el préstamo estudiantil federal, el importe lo determina el coste de asistencia que declara la institución, el tipo lo fija la ley y en ningún momento se analizan los ingresos esperados del prestatario. La institución recibe el dinero en la matrícula y lo conserva, se gradúe o no el estudiante, encuentre o no empleo el graduado y pague ese empleo lo suficiente o no para atender la deuda.

Ese diseño era defendible mientras el rendimiento de un título crecía y su dispersión era estrecha. Ninguna de las dos condiciones se cumple ya. El resto de este informe reconstruye qué ocurrió con el precio, qué ocurrió con la prima salarial y qué muestran los datos por programa sobre la distancia entre ambos.

02

El precio y la prima
Dos curvas que debían avanzar juntas

La prima salarial del título alcanzó su máximo hacia 2015 y hoy se sitúa en el 55,2 %, aproximadamente su nivel de finales de los años noventa, mientras el coste de una carrera de cuatro años subía un 40 % entre 2000-2001 y 2022-2023 ✓ Hecho establecido [5]. La justificación del endeudamiento era que la prima seguiría creciendo. Dejó de hacerlo.

El argumento económico a favor del endeudamiento estudiantil siempre descansó en una única afirmación empírica: la brecha salarial entre titulados superiores y bachilleres sería amplia y creciente. Durante tres décadas la afirmación resultó exacta. Ya no lo es. Los análisis de la Reserva Federal de Mineápolis sitúan la prima salarial global en el 55,2 %, un nivel visto por última vez a finales de los años noventa, tras un máximo hacia 2015 y un lento descenso posterior [5]. Un documento de trabajo de la Reserva Federal de San Francisco llega al mismo punto por otra vía, al constatar una brecha esencialmente plana durante veinte años y ligeramente inferior en 2023 a su valor de 2000 [5].

Entretanto el precio seguía subiendo. El mismo análisis señala que una carrera de cuatro años costaba en 2022-2023 un 40 % más en términos reales que en 2000-2001 [5]. Los precios publicados para 2025-2026 ascienden a 11.950 dólares en matrícula y tasas para estudiantes residentes en instituciones públicas de cuatro años, y a 45.000 dólares en las privadas sin ánimo de lucro [7]. Una inversión cuyo precio sube un 40 % mientras su rendimiento se aplana no constituye un caso límite. Es una revaloración que el sistema financiero circundante nunca registró.

La complicación honesta radica en que los precios publicados no son lo que paga la mayoría. Ajustadas por inflación, las tasas netas medias abonadas por los estudiantes residentes matriculados por primera vez a tiempo completo en instituciones públicas de cuatro años alcanzaron su máximo en 4.450 dólares en 2012-2013 y habían caído hasta unos 2.300 dólares en 2025-2026 [7]. En las privadas sin ánimo de lucro, la matrícula neta real bajó de 19.810 dólares en 2006-2007 a unos 16.910 dólares [7]. Quien sostenga que la matrícula de grado estadounidense es la causa inmediata del volumen de deuda tiene que explicar una serie que lleva más de una década cayendo en términos reales.

El precio de catálogo no es la deuda

La matrícula neta de las instituciones públicas de cuatro años lleva descendiendo en términos reales desde 2012-2013 y, aun así, los saldos siguieron creciendo [7][1]. Dos elementos concilian ese hecho. Los costes de manutención — alquiler, alimentación, transporte — entran en el límite de endeudamiento y quedan enteramente fuera de la serie de matrículas. Y los estudios de posgrado, sin control de precios significativo y, hasta 2026, sin límite alguno de endeudamiento, quedan fuera de las estadísticas de grado que dominan el debate público.

Queda por determinar de dónde procede realmente la presión sobre los precios. La hipótesis de Bennett sostiene que ampliar las ayudas federales permite a las instituciones subir precios en una cuantía aproximadamente equivalente. La prueba cuantitativa más sólida, un documento de investigación de la Reserva Federal de Nueva York, mide una traslación media de unos 40 centavos por dólar, con amplias variaciones según el tipo de ayuda [8]. Las instituciones con ánimo de lucro capturaron unos 57 centavos de cada dólar adicional de beca y 51 centavos de cada dólar adicional de préstamo [8]. En ese sector el mecanismo no se discute; solo se discute su magnitud en otros ámbitos.

Adónde va el dinero una vez ingresado constituye una cuestión distinta y mejor documentada. Entre 2010 y 2018, el gasto en servicios al estudiante creció un 29 % y el gasto administrativo un 19 %, frente al 17 % de la docencia [46]. En un horizonte más amplio, la docencia pasó del 41 % al 29 % del gasto universitario total [46]. Trabajos anteriores referidos a 1993-2007 registraban un aumento del 39 % en administradores a tiempo completo por cada cien estudiantes, frente al 18 % del personal docente, investigador y de servicios, con un alza del 61 % en gasto administrativo real por estudiante frente al 39 % de la docencia [45]. La institución creció alrededor de la enseñanza, no a través de ella.

◈ Evidencia sólida Las ayudas federales ampliadas se trasladan a la matrícula publicada a razón de unos 40 centavos por dólar, y de 57 centavos en el caso de las becas en instituciones con ánimo de lucro

El documento de la Reserva Federal de Nueva York sobre oferta de crédito y matrículas sigue siendo la estimación más cuidadosa disponible, y detecta una heterogeneidad sustancial en lugar de un efecto uniforme [8]. El corolario pesa más que el titular: allí donde una institución no afronta disciplina competitiva sobre el precio ni exposición alguna a los resultados de sus graduados, el crédito adicional se absorbe en lugar de trasladarse a los estudiantes en forma de acceso.

Superpongamos las dos series. Una prima que dejó de crecer hace una década, un precio real que cae en el grado público pero se dispara en el posgrado, y un mecanismo de préstamo indiferente a ambos. El argumento agregado a favor del endeudamiento no se ha derrumbado. Sencillamente ha dejado de ser un argumento agregado, que es lo que muestran a continuación los datos por programa.

03

El 23 % de los títulos pierde dinero
La media oculta la distribución, y la distribución es toda la historia

Entre 53.000 programas de titulación, la licenciatura mediana rinde unos 160.000 dólares una vez incorporado el riesgo de abandono, mientras que el 23 % de las licenciaturas, el 43 % de los ciclos cortos y casi la mitad de los másteres rinden menos que nada ✓ Hecho establecido [3]. La pregunta de si la universidad compensa carece de respuesta en el plano de la universidad.

La investigación más determinante en este campo no trata de los títulos como categoría. Es el análisis del rendimiento por programa realizado por Preston Cooper en la Foundation for Research on Equal Opportunity, que estima el rendimiento financiero vital de unos 53.000 programas de titulación y certificación considerados uno a uno, en lugar de instituciones o del conjunto de la educación superior [3]. Ajustada por la probabilidad de que un entrante determinado no termine, la licenciatura mediana rinde unos 160.000 dólares a lo largo de la vida [3]. La cifra es real y sustancial. También es una media sobre una distribución tan amplia que apenas aporta información a un estudiante concreto.

La dispersión por disciplina constituye el hallazgo decisivo. Los programas de ingeniería rinden una mediana de unos 949.000 dólares, los de informática unos 652.000 y los de enfermería unos 619.000 [3]. Las bellas artes rinden menos que nada, y magisterio, filología y psicología se agrupan en torno a la línea de flotación o por debajo [3]. La brecha entre el extremo superior y el inferior de ese rango supera varias veces la brecha entre tener licenciatura y no tenerla. Un sistema de financiación que presta importes idénticos en condiciones idénticas a lo largo de todo ese rango no valora mal el riesgo. No lo valora en absoluto.

✓ Hecho establecido Alrededor del 31 % de los estudiantes estadounidenses cursa programas que no producen rendimiento financiero positivo

Esa cifra no es la proporción de programas, sino la proporción de estudiantes, que es la que gobierna la pérdida agregada [3]. En torno al 23 % de las licenciaturas, el 43 % de los ciclos cortos y casi la mitad de los másteres caen por debajo de cero [3]. La versión ponderada por matrícula resulta peor que el simple recuento de programas, porque varios de los más concurridos se sitúan en la banda negativa.

Es en el posgrado donde la aritmética se vuelve hostil con mayor rapidez. El licenciado típico acumula unos 28.000 dólares en préstamos federales; el titulado de máster típico supera los 55.000 [11]. Cerca del 40 % de los másteres no eleva los ingresos lo bastante para justificar su matrícula [11]. Los másteres de ingeniería, informática y enfermería casi siempre compensan; los de artes y humanidades rara vez lo hacen, e incluso el máster en administración de empresas, uno de los posgrados más populares del país, con frecuencia rinde poco o nada [11].

El Urban Institute alcanza la misma conclusión desde el lado de la deuda en vez del de los ingresos. Los másteres y doctorados de psicología, los másteres de artes visuales y escénicas y los posgrados con ánimo de lucro en ciencias de la familia y del consumo dejan a sus estudiantes con deuda inasumible o ingresos bajos en proporciones superiores a las de cualquier otra categoría examinada [12]. Hasta julio de 2026, cada uno de esos programas podía endeudarse sin límite a través de Grad PLUS, por el coste íntegro de asistencia que la institución decidiera declarar [13].

Algunos títulos valen millones, mientras que otros carecen por completo de valor financiero neto.

— Preston Cooper, Foundation for Research on Equal Opportunity, 2025

Aquí es donde el debate público y la evidencia se separan. La pregunta recurrente del discurso político consiste en saber si la universidad compensa. Los datos por programa indican que la pregunta está mal formulada: agrega una distribución cuya varianza entre programas excede la diferencia media por la que pregunta. La pregunta correcta es si un programa concreto, en una institución concreta, a un precio neto concreto, compensa. Y hasta fecha muy reciente ninguna pieza del sistema financiero estadounidense estaba organizada para formularla.

Dos objeciones merecen tomarse en serio, y este informe vuelve a ambas más adelante. La primera sostiene que un rendimiento puramente financiero desvirtúa el valor de la educación. La segunda señala que la modelización de ingresos de Georgetown sitúa la prima de licenciatura cerca de 1,2 millones de dólares, un orden de magnitud por encima de la mediana de la FREOPP [10]. Ninguna de las dos afecta al hallazgo sobre la dispersión, que es precisamente lo que el sistema de préstamo no ve.

04

El trinquete de las credenciales
Por qué el requisito sube más rápido que el trabajo

El 43 % de las ofertas de empleo que exigen licenciatura describe tareas realizables sin ella, y menos de una contratación de cada setecientas cambió realmente cuando los empleadores suprimieron esos requisitos ◈ Evidencia sólida [9]. La credencial no sigue al puesto. Sigue a la cola de aspirantes.

La inflación de credenciales suele presentarse como una deriva cultural. Se entiende mejor como una respuesta racional a una oferta abundante de titulados. Cuando crece la proporción de candidatos con título, exigirlo se convierte en un filtro de primer cribado barato, requiéralo o no el puesto. El análisis del Burning Glass Institute establece que el 43 % de las ofertas que exigían licenciatura describía funciones ejecutables por personas con otras credenciales o experiencia pertinente [9]. El requisito hace un trabajo de cribado, no un trabajo de competencia.

Entre 2017 y 2024, numerosos empleadores estadounidenses suprimieron públicamente sus requisitos de titulación, y en torno al 20 % de las ofertas los abandonó [9]. El seguimiento efectivo rozó la nada. La investigación del Burning Glass Institute con la Harvard Business School rastreó qué sucedió realmente con las contrataciones tras los anuncios y halló que menos de una de cada setecientas cambió como consecuencia [9]. Alrededor del 37 % de las empresas que retiraron los requisitos los cumplió de verdad y elevó casi un 20 % su proporción de empleados sin título; el resto modificó el anuncio y nada más [9].

43 %
Ofertas que exigen título para trabajos que no lo necesitan
Burning Glass Institute, 2024 · ✓ Hecho establecido
1 de 700
Contrataciones realmente alteradas al suprimir los requisitos de titulación
Harvard Business School, 2024 · ◈ Evidencia sólida
5,6 %
Tasa de paro de los graduados recientes en Estados Unidos, segundo trimestre de 2026
Reserva Federal de Nueva York, 2026 · ✓ Hecho establecido
55,2 %
Prima salarial del título, de vuelta a su nivel de finales de los noventa
Reserva Federal de Mineápolis, 2025 · ✓ Hecho establecido

El resultado laboral de ese trinquete se lee en dos series. En el segundo trimestre de 2026, la tasa de paro de los graduados recientes estadounidenses seguía elevada, en torno al 5,6 %, mientras la tasa de subempleo — la proporción que trabaja en puestos que no exigen título — subía al 42 % [4]. Los trabajos de la Reserva Federal de Cleveland muestran que la tasa de paro de los jóvenes titulados acaba de superar a la tasa general, y que la erosión de su ventaja viene gestándose desde 1979 por la caída de las contrataciones más que por el aumento de los despidos [6].

El mismo mecanismo opera a una escala muy superior en China. Un contingente récord de 12,7 millones de universitarios se graduó en el verano de 2026, alrededor de un 4 % más que los 12,22 millones del año anterior: 480.000 entrantes adicionales en un mercado laboral ya en desaceleración [25]. El paro juvenil alcanzó el 18,9 %, el nivel más alto desde que la serie se redefinió en 2023 para excluir a los estudiantes [26]. El desajuste entre aquello para lo que se formaron los graduados y lo que exigen las vacantes empuja a contingentes considerables hacia el empleo manual y el trabajo por encargo [26].

El trinquete solo gira en un sentido

En cuanto un título se convierte en el dispositivo de cribado de un puesto, ningún empleador individual gana nada retirándolo primero: el filtro es barato, y el coste de suprimirlo recae en la empresa mientras el beneficio se reparte por todo el mercado laboral [9]. De ahí que cambiara el 20 % de las ofertas y menos de una contratación de cada setecientas. La inflación de credenciales es un fallo de coordinación, y los fallos de coordinación no se corrigen porque agentes aislados publiquen nuevas políticas de contratación.

Corea del Sur muestra el coste del trinquete desplazado a los hogares en lugar de a la deuda. Las familias coreanas destinaron algo menos de 29,2 billones de wones a la educación privada en 2024, unos 20.200 millones de dólares, un 60,1 % más que una década antes, con una participación cercana al 78,3 % entre los escolares [27]. Ese gasto compra posición en una cola hacia plazas universitarias cuyo valor económico depende de que las demás familias gasten menos, cosa que no hacen. El desembolso es real, la ganancia posicional agregada ronda el cero, y nada de ello aparece en estadística alguna de deuda estudiantil.

Al juntar las versiones estadounidense y asiática, la estructura resulta idéntica. Ampliar la oferta de credenciales no amplía la oferta de los empleos que esas credenciales debían abrir. Eleva el requisito de titulación para los empleos existentes. El rendimiento individual de obtener el título sigue siendo positivo, razón por la cual los estudiantes continúan matriculándose y no se equivocan, mientras el rendimiento agregado de que todos lo obtengan se desliza hacia su propio coste de adquisición.

05

Quién soporta realmente el riesgo
La única parte de la operación que no puede marcharse

La institución cobra en la matrícula, el prestamista es el Estado y no puede sufrir pérdida, y el prestatario no puede liberarse de la deuda mediante la quiebra ✓ Hecho establecido [47]. Todos los demás participantes disponen de una salida. Unos 452.000 perceptores de pensiones están en mora y al alcance de una retención sobre la prestación [35].

Sigamos el dinero en una sola operación. Un estudiante se matricula en un programa, toma prestado el coste de asistencia declarado y paga a la institución. La institución contabiliza el ingreso de inmediato y no conserva exposición financiera alguna a que el estudiante se gradúe, a lo que gane el graduado o a que el préstamo se devuelva. El prestamista es el Estado federal, que no valora su cartera a precios de mercado y no puede resultar insolvente. La única parte cuyo balance queda expuesto al desenlace es el estudiante, y esa exposición no admite cancelación.

Este último punto responde a una construcción legislativa de historia rastreable. Los préstamos estudiantiles federales quedaron sometidos en 1998 a un criterio de penuria excesiva sin plazo previo alguno, y la ley de quiebras de 2005 extendió esa imposibilidad de cancelación a los préstamos privados admisibles [47]. En la práctica, el criterio de penuria excesiva se satisface con tan poca frecuencia que la mayoría de los prestatarios ni siquiera lo intenta. La obligación sobrevive así al desempleo, a la enfermedad, al divorcio, al fracaso empresarial y al cierre de la institución que expidió la credencial.

Una deuda que sobrevive al título

El Tesoro puede retener hasta el 15 % de una pensión mensual por un préstamo estudiantil federal impagado, con un suelo de 750 dólares mensuales [35]. Unos 452.000 perceptores de pensiones están en mora y al alcance de esa retención [35]. Las retenciones quedaron suspendidas durante 2026 sin fecha publicada de reanudación, lo cual constituye una suspensión del cobro, no una modificación de la situación jurídica subyacente.

Una parte considerable de esa exposición recae en los padres más que en los estudiantes. Los préstamos Parent PLUS carecían de análisis de riesgo significativo y de límite de importe hasta que la ley de 2025 impuso uno, y quedan plenamente sujetos a la retención del Tesoro sobre las prestaciones del progenitor prestatario en caso de impago [13][35]. Desde 2026, los nuevos prestatarios de Parent PLUS pierden además todo acceso a la devolución vinculada a ingresos [13]. El instrumento que permitía a una familia financiar el título de un hijo sin atender a su capacidad de pago exhibe hoy las condiciones más estrictas del sistema.

El sector donde estos incentivos producen los peores resultados está perfectamente identificado. La investigación de la Reserva Federal de Nueva York establece que los estudiantes de instituciones con ánimo de lucro se endeudan más, obtienen peores resultados laborales e incurren en impago a tasas muy superiores a las de estudiantes comparables en instituciones públicas de selectividad equivalente [30]. Los datos de cohorte muestran que más de la mitad de los prestatarios de ese sector que entraron en devolución en 2003-2004 incurrió en impago en doce años, aproximadamente el triple de la tasa de las instituciones públicas o privadas sin ánimo de lucro de cuatro años [30]. En 2026, cerca de un tercio de los prestatarios del sector lucrativo acumulaba noventa días o más de retraso [40].

La cuestión aquí no es si debe hacerse algo; es quién tiene la autoridad para hacerlo.

— John Roberts, presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, sentencia Biden contra Nebraska, junio de 2023

Los efectos posteriores son medibles y golpean justamente las decisiones vitales que la credencial debía hacer posibles. Una investigación publicada en el Journal of Labor Economics establece que un aumento de 1.000 dólares en deuda estudiantil reduce la tasa de acceso a la vivienda en propiedad en unos 1,8 puntos porcentuales para quienes cursaron en instituciones públicas de cuatro años, a mitad de la veintena, equivalente a un retraso medio de unos cuatro meses [43]. Los trabajos que emplean la suspensión de pagos como experimento natural constatan que la deuda estudiantil frena la formación de parejas y la natalidad, con un efecto que aparece cuando los pagos cesan y regresa cuando se reanudan [42].

Nada de esto describe un fallo de mercado en el sentido habitual. Cada agente se comporta racionalmente dentro de las reglas. La institución maximiza matrículas porque la matrícula es ingreso. El empleador eleva el listón de la credencial porque el filtro sale gratis. El estudiante se endeuda porque el rendimiento individual sigue siendo positivo. El Estado presta porque el acceso constituye el objetivo de la política pública. Las pérdidas son reales, son enormes, y el diseño garantiza que se acumulen sobre el único balance que carece de mecanismo alguno de liberación.

06

Cinco países, cinco pactos
Qué sucede cuando el Estado devuelve el riesgo a sus propias cuentas

Australia canceló el 20 % de cada saldo admisible y retiró más de 16.000 millones de dólares australianos de deuda a más de 3 millones de prestatarios ✓ Hecho establecido [16]. Inglaterra prevé hoy no recuperar nunca cerca del 30 % de lo que presta [19]. Los sistemas nórdicos no cobran nada y la mayoría de sus estudiantes se endeuda igualmente [21].

Australia ha realizado el experimento más directo. Desde el 1 de junio de 2025 el Gobierno aplicó una reducción única del 20 % a cada saldo admisible de préstamo estudiantil, y retiró más de 16.000 millones de dólares australianos de deuda entre más de 3 millones de prestatarios, mediante una operación automática de la agencia tributaria sin trámite alguno [16]. La indexación, del 3,2 % para 2025, se aplicó después sobre el saldo ya reducido y no sobre el original [17]. El umbral de devolución obligatoria subió de 54.435 a 67.000 dólares australianos, y la devolución pasó a ser marginal, exigible solo sobre la renta que supera el umbral y no sobre su totalidad [17].

El diseño australiano merece comprenderse con precisión porque altera el reparto del riesgo en lugar del precio. La deuda HELP está vinculada a la renta: nada se debe por debajo del umbral, el saldo se indexa en vez de devengar intereses y la obligación se extingue con el prestatario. Eso la acerca más a un impuesto sobre titulados con tope que a un préstamo. La reducción del 20 % fue una transferencia, y de gran magnitud, pero la protección estructural ya existía antes, que es justo lo que le falta al sistema estadounidense y lo que ninguna cancelación aportaría.

1965
Se aprueba la ley de educación superior — El título IV crea la arquitectura federal de ayuda al estudiante que sigue gobernando el préstamo estadounidense seis décadas después [48].
1972
Se añaden las becas por necesidad — La reautorización de 1972 crea el programa de becas hoy conocido como Pell, que vincula la ayuda federal al estudiante y no a la institución [48].
1992
Los préstamos no subvencionados se abren a todos — El endeudamiento federal se extiende a los estudiantes con independencia de su necesidad económica y desliga el volumen de préstamo de toda comprobación de recursos [33].
1998
Se cierra la ventana de cancelación — Unas enmiendas suprimen el plazo tras el cual los préstamos federales podían cancelarse sin demostrar penuria excesiva [47].
2005
Los préstamos privados pasan a ser incancelables — La ley de quiebras extiende el criterio de penuria excesiva a los préstamos privados admisibles y completa el cercamiento [47].
2010
El préstamo directo se vuelve universal — El programa de prestamistas garantizados termina y todos los préstamos estudiantiles federales pasan a originarse en el propio Estado [33].
2012
Máximo de la matrícula neta real — La matrícula neta ajustada por inflación en las instituciones públicas estadounidenses de cuatro años alcanza 4.450 dólares e inicia un largo descenso [7].
2015
Máximo de la prima salarial — La prima salarial del título toca techo e inicia un lento regreso hacia su nivel del 55,2 % de finales de los noventa [5].
2020
Se suspenden los pagos — La devolución federal queda en pausa y se abren cuatro años con la maquinaria del impago enteramente desconectada [31].
2023
Se anula la condonación — El Tribunal Supremo resuelve que la ley HEROES no autorizaba un plan que habría cancelado unos 430.000 millones de dólares para 43 millones de prestatarios [32].
2025
Australia recorta un 20 % cada saldo — Se retiran más de 16.000 millones de dólares australianos de deuda y el umbral de devolución sube a 67.000 dólares australianos [16][17].
2026
Fin de Grad PLUS, llegan las pruebas de ingresos — Se suprime el endeudamiento de posgrado sin límite, se liquida el plan SAVE y se ata la elegibilidad al préstamo directo a los ingresos de los graduados por programa [13][14].

Inglaterra tomó el camino opuesto: un precio nominal alto financiado con un préstamo vinculado a la renta cuya subvención se esconde en la contabilidad. Las tasas subieron de 9.250 a 9.535 libras en 2025-2026, primer aumento desde 2017, y el tope pasará a 9.790 libras en 2026-2027 y a 10.050 libras en 2027-2028 [18]. El Departamento de Educación sitúa en el 30 % la carga RAB del régimen Plan 5, es decir, la proporción del nuevo préstamo que nunca se espera recuperar [19]. Según esa medida, cerca del 30 % de la cartera es una subvención etiquetada como préstamo.

Esa cifra se discute de un modo que ilustra lo poco que se sabe. El Institute for Fiscal Studies sitúa esa misma cohorte de acceso de 2025 en menos 6 %, lo que implicaría una ganancia de 1.300 millones de libras para el contribuyente a largo plazo, con el componente de subvención genuino limitado a una proporción de cancelación del 10 % valorada en 2.100 millones de libras [19]. Toda la divergencia descansa en supuestos sobre los ingresos de los graduados a mitad de una ventana de devolución de cuarenta años [39]. Dos instituciones competentes que examinan la misma cohorte discrepan sobre si el Estado gana dinero o pierde un 30 % de su desembolso, y nadie podrá comprobarlo en décadas [20].

Riesgo estructuralGravedadEvaluación
Deuda incancelable frente a una credencial que se deprecia
Crítico
La obligación es permanente y el rendimiento del activo no lo es. Cuando un programa cae en el 23 % negativo, el prestatario posee un pasivo sin activo de contrapartida ni salida legal [3][47].
Préstamo concedido sin análisis alguno de los ingresos esperados
Crítico
El importe lo fija el coste de asistencia declarado por la institución, no la capacidad de pago proyectada del prestatario. Ningún otro mercado de crédito al consumo opera así a esta escala [13].
Instituciones aisladas de los resultados de sus graduados
Alto
El ingreso se contabiliza en la matrícula sin devolución posible. El nuevo marco de responsabilidad por ingresos es el primer intento serio de conectar ambos extremos, y está por probar [14][15].
Requisitos de titulación por delante del contenido del puesto
Alto
El 43 % de las ofertas que exigen título describe trabajos que no lo necesitan, y los anuncios empresariales alteraron menos de una contratación de cada setecientas [9].
Alivios que reducen saldos sin tocar los precios
Medio
El recorte australiano del 20 % supuso un alivio real para 3 millones de personas y no modificó ningún incentivo institucional. El saldo baja una vez; el flujo continúa [16].

Los sistemas nórdicos y el alemán eliminan la cuestión del precio y revelan lo que había debajo. Alemania no cobra matrícula en casi ninguno de sus estados y gasta unos 17.960 dólares por estudiante en paridad de poder adquisitivo desde primaria hasta la educación superior, por encima de la media de la OCDE, situada en 15.023 [24]. Noruega gasta más de 33.000 dólares por estudiante en instituciones públicas [21]. Y sin embargo la OCDE registra que más de la mitad de los estudiantes de Noruega, Suecia y Finlandia se endeuda igualmente, porque la restricción determinante es el coste de vivir mientras se estudia y no la tasa [21]. Suprimir la matrícula no suprime la deuda estudiantil. Cambia para qué sirve la deuda.

La gratuidad tampoco resuelve la finalización de los estudios, que es donde se concentra el daño financiero. La finalización del grado entre los entrantes de la etapa pandémica en Noruega subió cuatro puntos, hasta el 53 %, con una brecha de género de 12 puntos: 81 % en mujeres frente a 70 % en hombres [22]. En Finlandia esa brecha llega a 17 puntos, 84 % frente a 67 %, muy por encima de la media de la OCDE [23]. Un estudiante que se endeuda para vivir y no termina conserva la deuda sin la credencial, y esa es la vía más fiable hacia el impago en todos los sistemas examinados aquí.

07

Señal, competencia o subvención
Tres explicaciones, un desacuerdo infalsable y por qué gobierna la política pública

Si la mayor parte de la prima salarial es una señal y no una competencia, ampliar la matrícula encarece la señal sin aumentar la producción, y la inflación de credenciales pasa a ser el resultado previsto y no una anomalía ⚖ Controvertido [36]. La disputa no puede zanjarse con datos salariales, y determina cuál es la política correcta.

Los economistas ofrecen dos explicaciones de por qué los titulados ganan más. La teoría del capital humano sostiene que la educación vuelve más productivas a las personas. La teoría de la señal sostiene que la educación identifica a quienes ya eran más productivos, y la credencial transmite esa información a los empleadores. Bryan Caplan sitúa la proporción correspondiente a la señal en el 45 % según una lectura prudente y en el 80 % según su lectura preferida, y apoya el argumento en el efecto pergamino: el salto de ingresos al titularse supera con mucho el rendimiento de los años de estudio previos [36].

La réplica metodológica resulta más sólida de lo que admiten la mayoría de los participantes. Un análisis formal publicado en Empirical Economics sostiene que capital humano y señal generan perfiles salariales observacionalmente equivalentes, de modo que su peso relativo no puede identificarse solo a partir de datos de ingresos [37]. Diversos críticos discuten además la aritmética de Caplan de forma directa, y señalan que su propia estimación del sesgo de aptitud, entre el 25 % y el 45 % de la prima, se concilia mal con una proporción de señal del 80 % [36]. La disputa no se acerca a una resolución y puede que no admita ninguna.

Lo que sostiene que el título sigue compensando

Una prima vital cercana a 1,2 millones de dólares
La modelización de Georgetown, que incorpora la progresión profesional y la fiscalidad, sitúa la prima de licenciatura en unos 1,2 millones de dólares sobre el bachillerato [10].
Un rendimiento mediano por programa de 160.000 dólares
Incluso tras incorporar el riesgo de no terminar, la licenciatura mediana entre 53.000 programas examinados arroja una cifra positiva sustancial [3].
La matrícula neta real baja en vez de subir
La matrícula neta ajustada por inflación en instituciones públicas de cuatro años casi se ha reducido a la mitad desde su máximo de 2012-2013 [7].
Quienes lo compraron dicen que valió la pena
El 75 % de los estudiantes actuales y el 71 % de los graduados afirman que su título vale lo que cuesta, muy por encima del sentir del público general hacia el sector [29].
La confianza pública se recupera
La confianza en la educación superior subió al 42 % en junio de 2025 desde el 36 %, primer movimiento al alza registrado por Gallup desde 2015 [28].

Lo que sostiene que el pacto se ha roto

El 23 % de los programas rinde menos que nada
A lo que se suman el 43 % de los ciclos cortos y casi la mitad de los másteres, sobre el mismo conjunto de datos que arroja la mediana positiva [3].
La prima dejó de crecer hace una década
Tocó techo hacia 2015 y hoy se sitúa en el 55,2 %, aproximadamente su nivel de finales de los noventa, mientras el precio subía un 40 % en términos reales [5].
El 42 % de los graduados recientes está subempleado
Trabajan en puestos que no exigen la credencial por la que se endeudaron, con un paro de titulados hoy superior a la tasa general [4][6].
8,8 millones de prestatarios están en mora
Por 208.700 millones de dólares, con un récord de 233.000 millones de saldos impagados en el conjunto de la cartera [2][44].
El riesgo no admite cancelación
El recurso a la quiebra resulta de hecho inaccesible, y las pensiones quedan al alcance de la retención del Tesoro en caso de impago [47][35].

La misma imposibilidad de zanjar afecta al debate sobre los precios. La hipótesis de Bennett cuenta con respaldo sólido en un sector y débil en otro. Un documento de la Reserva Federal de Nueva York mide una traslación media de unos 40 centavos por dólar, que sube a 57 centavos en las becas de instituciones con ánimo de lucro [8]. Un estudio sobre los precios de las facultades de Derecho, un sector con préstamo federal históricamente sin tope, donde la hipótesis predice su efecto máximo, no halló evidencia sólida de que las escuelas subieran precios en respuesta [38]. La matrícula neta real de las instituciones públicas de cuatro años lleva entretanto más de una década bajando [7].

La opinión pública se mueve en una dirección que ninguno de los modelos rivales acomoda con limpieza. Gallup registró una subida de la confianza en la educación superior al 42 % en junio de 2025 desde el 36 %, primer movimiento al alza desde que comenzó el seguimiento en 2015, con la proporción que declara poca o ninguna confianza cayendo del 32 % al 23 % [28]. Al mismo tiempo, el 75 % de los estudiantes actuales y el 71 % de los graduados sostienen que el título vale lo que cuesta [29]. Quienes están dentro de la operación la puntúan bastante más alto de lo que el público puntúa a la institución, que es lo esperable si el rendimiento individual sigue siendo positivo mientras el pacto agregado se deteriora.

⚖ Controvertido Que el título compense depende enteramente de qué cifra se pregunte, y las dos estimaciones principales difieren en un orden de magnitud

Georgetown sitúa la prima vital de licenciatura cerca de 1,2 millones de dólares [10]. La FREOPP, trabajando por programa e incorporando el riesgo de abandono, sitúa el rendimiento mediano en unos 160.000 dólares con un 23 % por debajo de cero [3]. Ambas miden objetos distintos, la media de una distribución frente a la distribución misma, y respaldan conclusiones opuestas en política pública. Es la disputa de medición no resuelta de mayor alcance en este campo [37].

Lo que zanjaría todo esto sería la publicación sistemática de ingresos por programa cruzados con deuda por programa. Estados Unidos acaba de empezar a construir exactamente eso. El marco de responsabilidad por ingresos de 2026 restringiría la elegibilidad al préstamo directo a los programas cuyos graduados superen umbrales de ingresos definidos, y sustituiría la arquitectura más estrecha del empleo remunerado por una prueba aplicable a todo el sistema [14][15]. Que sobreviva al contacto con los litigios y los grupos de presión es una cuestión distinta de si la medición elegida es la acertada.

Conviene precisar qué no abarca el desacuerdo. Nadie discute el tamaño del saldo vivo, el número de prestatarios en mora, la tasa de subempleo ni la dispersión de los rendimientos entre programas. El terreno controvertido es causal y prospectivo: por qué subieron los precios, qué hará después la prima y cuánto del rendimiento corresponde a competencia y no a cribado. Los hechos descriptivos no están en discusión, y bastan para sostener las conclusiones que siguen.

08

Qué muestran realmente los datos
Cinco conclusiones que los datos sostienen, y una que no

La conclusión defendible es estrecha e incómoda: el título suele ser una buena inversión, el sistema de financiación es indiferente a si un título concreto lo es, y el prestatario absorbe la totalidad de las consecuencias de esa indiferencia ✓ Hecho establecido [3][47].

Primera conclusión: el argumento agregado a favor de la educación superior resiste la evidencia. El programa mediano arroja una cifra positiva sustancial, los titulados siguen obteniendo una prima amplia sobre los no titulados, y quienes poseen un título afirman de forma abrumadora que valió lo que costó [3][10][29]. Cualquier tesis que sostenga que la universidad como categoría es un mal negocio debe explicar esos tres hechos, y ninguna de las críticas disponibles lo consigue.

Segunda conclusión: el argumento agregado ha dejado de ser el argumento pertinente. Cuando el 23 % de las licenciaturas, el 43 % de los ciclos cortos y casi la mitad de los másteres rinden menos que nada, y cerca del 31 % de los estudiantes se ubica en esa banda, la distribución importa más que la media [3]. El sistema de financiación presta el mismo importe en las mismas condiciones a lo largo de todo el rango, lo que convierte un problema de dispersión en un problema de impago con un desfase previsible.

Tercera conclusión: el requisito de credencial se ha desligado en gran medida del trabajo. El 43 % de las ofertas que exigen título describe funciones que no lo necesitan, y el movimiento empresarial para suprimir esos requisitos alteró menos de una contratación de cada setecientas [9]. Se trata de un fallo de coordinación sin solución de mercado, porque la empresa que retira el filtro primero soporta el coste de un cribado peor mientras el beneficio recae en el mercado laboral en su conjunto.

Cuarta conclusión: el alivio de deuda y la disciplina de precios son instrumentos distintos que se confunden entre sí. Australia retiró más de 16.000 millones de dólares australianos de saldos sin cambiar nada de lo que una institución puede cobrar ni de lo que soporta cuando un graduado no puede pagar [16]. Inglaterra ha subido el precio mientras cancela, según la estimación oficial, cerca del 30 % de lo que presta [18][19]. Ninguno de los dos países ha vinculado la pérdida a la parte que fija el precio.

El hallazgo estructural

El préstamo estudiantil es el único gran mercado de crédito al consumo sin análisis de riesgo, sin reparto institucional de pérdidas y sin posibilidad de cancelación. Esas tres ausencias no son fallos independientes: constituyen un mismo diseño. La dispersión entre programas, superior a la brecha entre tener título y no tenerlo, queda por tanto valorada en exactamente cero, y todo el coste de esa mala valoración recae sobre la parte peor equipada para juzgarla.

La quinta conclusión atañe a los países que sacaron el precio de la ecuación, y es el hallazgo menos intuitivo de este informe. Alemania y los sistemas nórdicos no cobran matrícula y aun así ven endeudarse a la mayoría de sus estudiantes, porque el coste de vida aprieta donde las tasas ya no aprietan [21][24]. Las tasas de finalización en esos sistemas rondan o caen por debajo del 53 % en las cohortes recientes, con brechas de género de 12 a 17 puntos porcentuales [22][23]. La gratuidad cambia quién paga y para qué sirve la deuda. Por sí sola no entrega el resultado que la falta de finalización destruye.

Lo que la evidencia no sostendrá es la afirmación de que los estudiantes se equivocan. Dadas las condiciones que afrontan, matricularse suele ser racional, endeudarse suele ser racional, y elegir una disciplina de alto rendimiento no está al alcance de todos los que lo preferirían. El error es estructural, se sitúa aguas arriba del estudiante, y consiste en hacer funcionar un mercado de crédito de 1,65 billones de dólares en el que la única parte que puede perder es también la única sin información, sin poder de fijación de precios y sin salida [1][47].

SRC

Fuentes primarias

Todas las afirmaciones fácticas de este informe están documentadas con publicaciones específicas y verificables. Las proyecciones se distinguen claramente de los hallazgos empíricos.

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OsakaWire Intelligence. (2026, September 22). La máquina de la deuda estudiantil — el 23 % de los títulos pierde dinero. Retrieved from https://osakawire.com/es/the-student-debt-machine-when-the-numbers-stopped-adding-up/
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OsakaWire Intelligence. "La máquina de la deuda estudiantil — el 23 % de los títulos pierde dinero." OsakaWire. September 22, 2026. https://osakawire.com/es/the-student-debt-machine-when-the-numbers-stopped-adding-up/
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"La máquina de la deuda estudiantil — el 23 % de los títulos pierde dinero" — OsakaWire Intelligence, 22 September 2026. osakawire.com/es/the-student-debt-machine-when-the-numbers-stopped-adding-up/

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  <p>El 23 % de las licenciaturas estadounidenses deja a sus graduados más pobres que con el bachillerato, y 8,8 millones de prestatarios están en mora. Auditoría de quién soporta el riesgo.</p>
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