El sarampión regresa a EE. UU., Canadá y Europa porque la vacunación cae bajo el 95 %. Qué revela su vuelta sobre el acceso, el seguimiento y la confianza.
El canario está cantando
El sarampión vuelve a los países que lo habían derrotado
Estados Unidos registró 4.410 casos de sarampión en los primeros nueve meses y medio de 2026, su peor año en más de tres décadas ✓ Hecho establecido [1]. Canadá perdió su estatus de eliminación del sarampión en noviembre de 2025 y el Reino Unido siguió sus pasos en enero de 2026 [2] [3]. El sarampión es la alarma más sensible de la que dispone un sistema sanitario, y en los países más ricos del planeta ha empezado a sonar.
El sarampión regresa a los países ricos porque la cobertura de vacunación ha caído por debajo del umbral aproximado del 95 % con dos dosis que exige el virus, y porque los sistemas que antes localizaban a los niños que se saltaban una dosis se han debilitado al mismo tiempo que la confianza pública se polarizaba ◈ Evidencia sólida [4] [5] [6]. Esa es la conclusión central de este informe. En estos países, el sarampión no es un accidente: es un diagnóstico. Al ser el virus humano más transmisible que se conoce, es la primera enfermedad que aprovecha cualquier brecha de inmunidad, y lo hace años antes de que patógenos más lentos, como la difteria o la poliomielitis, revelen la misma debilidad ✓ Hecho establecido [7] [8]. Cuando el sarampión reaparece, está informando sobre el estado de la atención primaria, de los controles al ingresar en la escuela, de los presupuestos de salud pública y de la confianza en las instituciones. En 2025 y 2026, ese informe ha sido negativo a la vez en toda Norteamérica y en buena parte de Europa.
El panorama mundial permite calibrar la magnitud del problema. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó en torno a 11 millones de casos de sarampión y 95.000 muertes en todo el mundo en 2024: las muertes han bajado un 88 % desde 2000, pero los casos superan en un 8 % los de 2019, el último año antes de que la pandemia alterara la vacunación sistemática ✓ Hecho establecido [8] [9]. Cincuenta y nueve países notificaron brotes extensos o disruptivos en 2024 [8]. En 2023 el total había sido de 10,3 millones de casos y unas 107.500 muertes, con más de 22 millones de niños sin su primera dosis [10]. Las estimaciones de cobertura de la OMS y UNICEF publicadas en julio de 2026 mostraron que la cobertura con la primera dosis seguía estancada en el 84 % y la de la segunda en el 77 % en 2025, prácticamente sin cambios respecto al año anterior ✓ Hecho establecido [11] [12]. En términos agregados, el mundo no está retrocediendo; sencillamente no avanza, y con una enfermedad tan contagiosa, quedarse quieto en el 84 % garantiza que los brotes continúen.
La novedad del periodo 2024-2026 es el lugar donde han estallado los brotes. La Región Europea de la OMS registró 127.350 casos en 2024, el doble que en 2023 y la cifra más alta desde 1997 ✓ Hecho establecido [4]. Solo Rumanía notificó 30.692 casos, y Kazajistán, 28.147 [4]. Dentro de la UE y el Espacio Económico Europeo, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) contabilizó 35.212 casos —diez veces los 3.973 de 2023— y constató que solo cuatro países de la UE/EEE alcanzaban el 95 % de cobertura con la segunda dosis [13]. Los casos se redujeron en torno a un 75 % en 2025, hasta 33.998, pero el número de países de la región con transmisión endémica o restablecida pasó de 12 a 19 [14]. Menos casos, pero un mapa más extenso: el virus había encontrado más lugares donde instalarse.
Norteamérica ha ido más rápido y más lejos. En 2025, Estados Unidos registró más de 2.250 casos confirmados y tres muertes, el mayor recuento anual desde 1992 ✓ Hecho establecido [15]. Solo el brote del oeste de Texas causó 762 casos, 99 hospitalizaciones y la muerte de dos niños en edad escolar no vacunados [16]. Después, 2026 superó esas cifras. A 15 de octubre, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) habían contabilizado 4.410 casos y 451 hospitalizaciones, con un brote de 1.260 casos en Pensilvania que llevó a ese estado y al de Nueva York a declarar la emergencia por catástrofe ✓ Hecho establecido [1]. Jennifer Nuzzo, del Pandemic Center de la Universidad Brown, lo resumió sin rodeos: «Estamos atravesando el peor episodio de sarampión que ha vivido Estados Unidos en más de 30 años» [15].
Canadá ya ha cruzado la línea a la que se acerca Estados Unidos. El 10 de noviembre de 2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) confirmó que un mismo linaje del virus del sarampión había circulado en Canadá durante más de 12 meses, lo que puso fin al estatus de eliminación que el país mantenía desde 1998 ✓ Hecho establecido [2]. El brote, iniciado en Nuevo Brunswick en octubre de 2024, acumulaba 5.162 casos confirmados en 2025 en el momento del anuncio, además de la muerte de dos bebés prematuros [17]. Cuando se dio por terminado, el 19 de octubre de 2026, se le habían vinculado 6.417 casos, con Ontario a la cabeza (2.390) seguido de Alberta (2.299) [18]. El director de la OPS, Jarbas Barbosa, calificó la pérdida de revés que «también es reversible» [17]. El propio estatus de Estados Unidos será examinado por la OPS en su reunión de noviembre de 2026, después de que se aplazara la revisión prevista para abril [19] [20].
La eliminación se pierde cuando un mismo linaje del sarampión circula de forma continua durante 12 meses o más ✓ Hecho establecido [21]. Canadá rebasó ese umbral tras un brote que comenzó en octubre de 2024 [2]. La comisión de verificación de la OMS en Europa dictaminó que el Reino Unido, España, Austria, Armenia, Azerbaiyán y Uzbekistán habían restablecido la transmisión a partir de los datos de 2024 [3]. En el caso de Estados Unidos, la comisión de la OPS consideró en noviembre de 2025 que la eliminación se mantenía, aunque con serias reservas, y aplazó su siguiente revisión a noviembre de 2026 [20] [19].
Los retrocesos europeos son menos espectaculares en cifras, pero igual de reveladores. El anuncio, a finales de enero de 2026, de que el Reino Unido había perdido el estatus de eliminación —por segunda vez, tras haberlo perdido en 2018 y recuperado en 2021— llegó acompañado del mismo veredicto para España y Austria ✓ Hecho establecido [3] [5]. Inglaterra registró 2.911 casos confirmados por laboratorio en 2024, la cifra más alta desde 2012 [3]. En el conjunto del Reino Unido, la cobertura de la primera dosis de la triple vírica (ROR) bajó del 95,3 % en 2016 al 92,3 % en 2024, y la de la segunda, del 88,2 % al 84,4 % [5]. No son las estadísticas de un país que ha dejado de creer en las vacunas, sino las de un sistema que ya no llega a tiempo a todos los niños; una distinción sobre la que este informe vuelve una y otra vez, porque la respuesta política depende de acertar con ella.
Una aritmética implacable
Por qué un 92 % es un suspenso
El sarampión tiene un número básico de reproducción de entre 12 y 18, lo que significa que cada caso contagia a entre 12 y 18 personas en una población totalmente susceptible ✓ Hecho establecido [7]. De ahí se deriva un umbral de inmunidad colectiva del 92 % al 94 %, y como dos dosis de ROR tienen una eficacia del 97 %, no del 100 %, el objetivo de vacunación ronda el 95 % [22]. Apenas hay margen de error.
La aritmética del sarampión es sencilla e implacable. El número básico de reproducción, R0, es el promedio de personas a las que contagia un infectado en una población sin inmunidad alguna. Las revisiones sistemáticas sitúan el del sarampión entre 12 y 18, muy por encima del de la gripe, en torno a 1 o 2, o del de la cepa original del SARS-CoV-2, de alrededor de 2 o 3 ✓ Hecho establecido [7]. La proporción de la población que debe ser inmune para detener la transmisión sostenida equivale a 1 menos 1 dividido entre R0. Con un R0 de 12, el resultado es del 91,7 %; con 18, del 94,4 % [7]. La vacunación es muy eficaz, pero no perfecta: según los CDC, una dosis de ROR tiene una eficacia del 93 % frente al sarampión, y dos dosis, del 97 % [22]. Si se divide el umbral de inmunidad entre la eficacia de la vacuna, la cobertura necesaria con dos dosis ronda el 95 %, la cifra que la OMS utiliza como objetivo ✓ Hecho establecido [22] [13].
Eso deja un margen de dos o tres puntos porcentuales entre una población protegida y una expuesta. Estados Unidos se encuentra dentro de ese margen, en el lado equivocado. La cobertura nacional de ROR en preescolar fue del 92,5 % en el curso 2024-2025 y del 92,4 % en el de 2025-2026, el quinto y el sexto año consecutivos por debajo del 95 % ✓ Hecho establecido [23] [24]. Las exenciones subieron del 3,3 % al 3,6 % en 2024-2025 y a cerca del 4,0 % en 2025-2026, con 24 estados por encima del 5 % [23] [24]. Unos 286.000 niños empezaron preescolar en 2024-2025 sin constancia de haber recibido la ROR [23]. En Inglaterra, la cobertura con dos dosis a los cinco años fue del 83,7 % en 2024-2025, más de 11 puntos por debajo del objetivo ✓ Hecho establecido [25]. A lo largo de 2024, solo cuatro países de la UE/EEE alcanzaron el 95 % con la segunda dosis [13].
Las medias nacionales, además, subestiman el peligro, porque la susceptibilidad no se reparte de manera uniforme. Los niños sin vacunar se agrupan —en determinadas escuelas, congregaciones, barrios y comunidades lingüísticas—, y el sarampión avanza a través de esos núcleos, no de los promedios ◈ Evidencia sólida [26] [27]. El condado de Gaines, en Texas, donde comenzó el brote del oeste del estado en 2025, tenía en el curso 2023-2024 una tasa de exención en preescolar del 18 %, casi uno de cada cinco niños [26]. Las mayores cadenas de transmisión de Canadá recorrieron comunidades menonitas de habla bajo alemana del suroeste de Ontario, donde la cobertura ha sido históricamente baja [27]. Un estado con un 92 % puede albergar decenas de escuelas con un 70 %. La cifra nacional indica la probabilidad de que un brote empiece en algún lugar; las cifras de esos núcleos indican hasta dónde crecerá una vez que empiece.
- R0 de 12 a 18: cada caso contagia a entre 12 y 18 personas susceptibles, frente a 1 o 2 en el caso de la gripe estacional [7] ✓ Hecho establecido.
- Umbral de inmunidad del 92 % al 94 %: resultado de restar a 1 el cociente de 1 entre R0 [7] ✓ Hecho establecido.
- Eficacia de la vacuna del 93 % y del 97 %: tras una y dos dosis de ROR, respectivamente [22] ✓ Hecho establecido.
- Objetivo de cobertura de en torno al 95 %: el nivel con dos dosis que convierte la vacunación en inmunidad poblacional [22] [13] ✓ Hecho establecido.
- Brecha observada: preescolares estadounidenses al 92,4 %, Inglaterra al 83,7 % con dos dosis a los cinco años y solo cuatro países de la UE/EEE en el objetivo [24] [25] [13] ✓ Hecho establecido.
Esa aritmética explica por qué el canario es el sarampión y no otra de las enfermedades prevenibles mediante vacunación. La poliomielitis, la difteria y la tos ferina tienen números de reproducción más bajos, de modo que una población puede alejarse más del objetivo antes de sufrir brotes sostenidos ◈ Evidencia sólida [7]. Al sarampión le bastan unos pocos puntos de deslizamiento. Eso es precisamente lo que lo hace útil como herramienta diagnóstica: detecta el deterioro cuando las demás enfermedades aún guardan silencio. El regreso de la tos ferina en 2024 —14.905 casos en Inglaterra frente a 856 el año anterior, y 35.435 en Estados Unidos frente a 7.063— muestra que la misma advertencia se está extendiendo a otros patógenos, aunque en la tos ferina influyan también la pérdida de inmunidad con el tiempo y los ciclos naturales, además de la cobertura [28] [29].
Una cobertura nacional del 92 % parece cercana al objetivo, pero el sarampión no conoce medias nacionales: conoce listas de alumnos y congregaciones. La estadística relevante para las políticas públicas es la proporción de niños que viven en núcleos de baja cobertura, y la mayoría de los países no la publican ni a tiempo ni con el nivel de detalle necesario [23] [26].
El sarampión, además, causa más daño del que sugieren sus síntomas agudos. Un estudio publicado en 2015 en Science por Michael Mina y sus colegas constató que el sarampión debilita la resistencia a otras infecciones durante dos o tres años, y que en varios países las muertes por infecciones distintas del sarampión seguían la incidencia de este con ese desfase, tanto antes como después de la introducción de la vacuna ✓ Hecho establecido [30]. En 2019, un equipo que analizó el perfil de anticuerpos de 77 niños neerlandeses no vacunados descubrió que el sarampión había borrado entre el 11 % y el 73 % del repertorio de anticuerpos previo de cada niño [31]. Mina describió el resultado como «la prueba más sólida hasta la fecha de que la amnesia inmunitaria existe y afecta a nuestra auténtica memoria inmunitaria a largo plazo» [31]. Un brote deja tras de sí, por tanto, una cohorte de niños que durante un tiempo son más vulnerables a todo lo demás.
Por último, esa aritmética explica por qué cambios pequeños en las políticas o en la confianza pueden tener consecuencias enormes. En un debate político, una caída de un punto en la cobertura nacional parece insignificante. En una enfermedad con un R0 de 15, puede marcar la diferencia entre casos importados esporádicos que se extinguen solos y cadenas continuas de transmisión que se prolongan durante un año y acaban con el estatus de eliminación ◈ Evidencia sólida [7] [21]. Estados Unidos registró 1.282 casos en 2019 y conservó por muy poco su estatus de eliminación aquel año [32] [21]. Seis años después, el país vuelve a aguardar un veredicto de la OPS, con más casos y un margen más estrecho [20].
Leer el diagnóstico
Lo que los brotes revelan sobre los sistemas que hay detrás
Entre 2019 y 2021, 67 millones de niños en todo el mundo se quedaron sin alguna o sin ninguna de sus vacunas sistemáticas, y la cobertura cayó en 112 países ✓ Hecho establecido [33]. En los países ricos, la brecha está tardando en cerrarse más de lo que la pandemia por sí sola puede explicar. Los datos de los brotes apuntan a tres fallos distintos: el acceso, el seguimiento y la confianza.
Si el sarampión es un diagnóstico, la pregunta útil es qué diagnostica exactamente. Las pruebas apuntan no a uno, sino a tres fallos que se solapan. El primero es el acceso: la dificultad práctica de vacunar a un niño a tiempo, que golpea con más fuerza a las familias más pobres y con más movilidad ◈ Evidencia sólida [34] [35]. El segundo es el seguimiento: el deterioro de los sistemas —enfermeras de visita domiciliaria, controles al ingresar en la escuela, avisos y recaptación— que antes localizaban a los niños que se habían saltado una dosis ◈ Evidencia sólida [36] [37]. El tercero es la confianza: el declive y la polarización de la confianza en las vacunas y en las instituciones que las recomiendan ◈ Evidencia sólida [38] [6]. Cada uno de estos fallos genera brotes, pero cada uno requiere un remedio diferente, y buena parte del debate público reduce los tres a un único relato sobre el sentimiento antivacunas.
La pandemia dejó al descubierto los tres a la vez. La OMS y UNICEF estimaron que, entre 2019 y 2021, 67 millones de niños en todo el mundo se quedaron sin alguna o sin ninguna de sus vacunas sistemáticas —48 millones de ellos sin recibir ni una sola— y que la cobertura cayó en 112 países ✓ Hecho establecido [33]. UNICEF lo describió como la erosión de más de una década de avances logrados con gran esfuerzo [33]. Su encuesta del informe Estado Mundial de la Infancia 2023 constató que la importancia percibida de las vacunas infantiles había disminuido en 52 de 55 países tras el inicio de la pandemia, con algunas de las caídas más acusadas en Japón y Corea del Sur ✓ Hecho establecido [39]. Los datos de cobertura de 2025 revelan una fuga distinta en la cadena: 7,3 millones de lactantes recibieron su primera dosis contra la difteria, el tétanos y la tos ferina y abandonaron después el calendario antes de la primera dosis contra el sarampión; niños que llegaron al sistema y a los que el sistema perdió después [11].
Un estudio longitudinal publicado en el BMJ constató que la diferencia en la cobertura de la segunda dosis de ROR entre las zonas menos y más desfavorecidas de Inglaterra pasó de 5,3 a 11,5 puntos porcentuales entre 2019 y 2023, y que el número de niños de cinco años susceptibles al sarampión se multiplicó por unos 20 en las zonas más desfavorecidas ◈ Evidencia sólida [34]. Los datos que UNICEF Reino Unido presentó al Parlamento situaban la cobertura de 2024-2025 en el 87,8 % en el quintil menos desfavorecido, frente al 78,3 % en el más desfavorecido [37].
Inglaterra ofrece los datos más claros sobre los fallos de acceso y de seguimiento. La cobertura con dos dosis de ROR a los cinco años cayó durante cinco años consecutivos hasta el 83,9 % en 2023-2024, la más baja desde 2009-2010, y volvió a retroceder hasta el 83,7 % en 2024-2025 ✓ Hecho establecido [40] [25]. Londres se situaba en el 73,3 % en 2023-2024, frente al 89,7 % del noreste [40]. Los autores del estudio del BMJ sobre las desigualdades concluyeron que «estos hallazgos respaldan con firmeza la necesidad urgente de reforzar de forma eficaz los sistemas de vacunación, en proporción al grado de necesidad» ◈ Evidencia sólida [34]. Un estudio cualitativo realizado en Newham, en el este de Londres, halló que los obstáculos descritos por los padres mezclaban la dificultad para conseguir cita con el médico de cabecera con la desconfianza surgida tras la pandemia: acceso y actitud superpuestos en los mismos hogares [35].
Detrás de esas cifras hay una historia de plantillas. Las enfermeras de visita domiciliaria (health visitors) son las que visitan en casa a las familias con niños pequeños y, a menudo, las primeras en advertir que falta una vacuna. Después de que la contratación de este servicio pasara del NHS a los ayuntamientos en 2015, y de que se recortara la subvención de salud pública destinada a estos, el número de estas enfermeras en Inglaterra cayó alrededor de un 21 % entre 2016 y 2021, según un estudio del University College de Londres (UCL) ◈ Evidencia sólida [36]. El Institute of Health Visiting informa de que, en la mayoría de las autoridades locales, la carga de trabajo supera los niveles seguros [36] [41]. Cuando desaparecen las personas cuyo trabajo consiste en encontrar a los niños que se han quedado sin vacunar, la cobertura cae primero allí donde más niños se quedan atrás, que es exactamente el gradiente que halló el estudio del BMJ [34].
El sarampión es el virus más contagioso del mundo, y estos datos vuelven a demostrar que aprovechará cualquier brecha en nuestras defensas colectivas.
— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, noviembre de 2025 [8]El fallo de confianza es real, pero tiene una forma concreta. La confianza en la propia vacuna ROR sigue siendo alta en la mayoría de los países ricos. En Estados Unidos, el Pew Research Center constató en 2025 que el 84 % de los adultos considera que los beneficios de la ROR superan sus riesgos, incluido el 78 % de los republicanos ✓ Hecho establecido [38]. Una encuesta a padres realizada en 2025 por KFF y The Washington Post halló que el 90 % considera importante la ROR [42]. Lo que se ha desplomado es el apoyo a los mecanismos institucionales que rodean la vacunación. Según Pew, el apoyo a exigir la ROR para asistir a la escuela pública cayó del 82 % en 2019 al 69 % en 2025, y del 79 % al 52 % entre los republicanos ✓ Hecho establecido [38]. Gallup halló que la proporción de estadounidenses que consideran la vacunación infantil extremadamente importante bajó del 64 % en 2001 al 40 % en 2024 [43].
Esa polarización ya se aprecia en los historiales médicos, no solo en las encuestas. Un estudio publicado en agosto de 2026 en The Lancet Regional Health – Americas cruzó los historiales de 46.924 niños con los censos electorales de sus padres y halló que la brecha partidista en el rechazo a las vacunas alcanzaba 9,2 puntos porcentuales entre los niños nacidos en 2021, tras ampliarse unos 0,25 puntos al año desde aproximadamente el año 2000 ◈ Evidencia sólida [6]. La brecha era 3,3 puntos mayor en los estados que permiten exenciones no médicas [6]. Los autores concluyeron que «la identidad política se ha convertido en un factor cada vez más importante en las decisiones sobre la salud infantil» [6]. Europa muestra una versión más antigua del mismo patrón: el Wellcome Global Monitor constató en 2018 que el 33 % de la población de Francia no estaba de acuerdo con que las vacunas fueran seguras, la proporción más alta del mundo [44].
Los fallos de acceso se corrigen con comodidad: consultas por la tarde, vacunación en farmacias, campañas de recuperación en las escuelas. Los fallos de seguimiento se corrigen con personal y datos: enfermeras de visita domiciliaria, sistemas de avisos y registros que señalen las dosis omitidas. Los fallos de confianza se corrigen despacio, con mensajeros creíbles e instituciones coherentes. Los datos de los brotes permiten saber qué fallo predomina en cada lugar, siempre que alguien se moleste en mirarlos [34] [35] [6].
El valor diagnóstico del sarampión reside en combinar estas señales. Allí donde los brotes siguen el mapa de la pobreza y las brechas de cobertura coinciden con los servicios infradotados, el problema es sobre todo de acceso y de seguimiento, como ocurre en buena parte de Inglaterra y en Rumanía ◈ Evidencia sólida [34] [4]. Allí donde los brotes recorren comunidades con altas tasas de exención y una oposición organizada, como en el condado de Gaines o en zonas del suroeste de Ontario, predominan la confianza y la identidad [26] [27]. Y donde se dan ambas cosas —donde unos servicios debilitados se topan con una confianza polarizada—, los brotes se convierten en esas cadenas largas, que atraviesan varias jurisdicciones, que acaban con el estatus de eliminación. Ese es el patrón que muestra Norteamérica desde 2024 [2] [1].
El balance humano
Muertes, camas de hospital, inmunidad perdida y la factura
El brote del oeste de Texas mató a dos niños no vacunados y obligó a hospitalizar a 99 personas en 2025 ✓ Hecho establecido [16]. En 2026, 451 estadounidenses habían sido hospitalizados por sarampión a mediados de octubre [1]. Detrás de los recuentos de casos hay muertes, daños inmunitarios a largo plazo y costes de salud pública superiores a 30.000 dólares por caso.
El coste humano del regreso del sarampión está concentrado y recae sobre todo en los niños. El 26 de febrero de 2025 murió en Lubbock (Texas) un niño en edad escolar no vacunado, la primera muerte por sarampión en Estados Unidos desde 2015 ✓ Hecho establecido [45]. Semanas después murió un segundo niño en el mismo brote, y un adulto falleció en Nuevo México [16] [15]. Cuando el brote del oeste de Texas se dio por concluido, el 18 de agosto de 2025, había causado 762 casos y 99 hospitalizaciones, y más del 94 % de los afectados no estaban vacunados o se desconocía su situación vacunal [16]. En julio de 2025 murió un niño en el Alder Hey Children’s Hospital de Liverpool, que había atendido 17 casos graves en las semanas anteriores [46]. En Canadá murieron dos bebés prematuros expuestos al sarampión antes de nacer [17].
El propio recuento de muertes de 2026 en Estados Unidos es objeto de controversia, y eso forma parte de la historia. A mediados de octubre, los CDC habían confirmado dos muertes por sarampión, mientras que los informes del estado de Pensilvania y de los forenses elevaban la cifra a cinco o seis ⚖ Controvertido [1] [47]. La diferencia obedece a los retrasos en la notificación y a la decisión federal de basarse en las estadísticas nacionales de mortalidad en lugar de en los informes de casos de los estados [1]. Las muertes por sarampión rara vez se registran de inmediato: muchas se deben a neumonías o encefalitis que aparecen días o semanas después del exantema, y algunas a una rara enfermedad cerebral, la panencefalitis esclerosante subaguda, que surge años más tarde [48]. Un recuento que espera a cada certificado de defunción irá por detrás de un brote que avanza deprisa, y en un clima polarizado, ese retraso se convierte a su vez en fuente de desconfianza.
En los países ricos, la hospitalización es el indicador más fiable de la gravedad. Los CDC estiman que aproximadamente una de cada cinco personas no vacunadas que contraen el sarampión en Estados Unidos acaba hospitalizada ✓ Hecho establecido [48]. En 2026, la tasa observada fue del 10 % en conjunto y del 15 % entre los menores de cinco años [47]. De los 4.410 casos contabilizados hasta el 15 de octubre, el 42 % tenía entre 5 y 19 años y el 41 % eran adultos, señal de que la brecha de inmunidad se extiende ya más allá de los lactantes, hasta niños mayores y jóvenes adultos que se saltaron dosis hace años [1]. En el conjunto de la Región Europea de la OMS, más del 40 % de los casos de 2024 fueron menores de cinco años, y más de la mitad de los casos notificados requirieron hospitalización [4].
El sarampión deja, además, daños que nunca aparecen en sus propias estadísticas. Las investigaciones sobre la amnesia inmunitaria indican que a una epidemia de sarampión le siguen dos o tres años de exceso de muertes y enfermedades por otras infecciones, porque el virus borra una parte sustancial de la memoria inmunitaria que los niños han ido construyendo ✓ Hecho establecido [30] [31]. En el estudio de 2019, los niños perdieron de media alrededor del 40 % de su repertorio de anticuerpos tras un sarampión grave y el 33 % tras uno leve [31]. Nada de eso figura en el recuento de muertes por sarampión. Aparece, de forma difusa, en los ingresos por neumonía y en las recetas de antibióticos de los años posteriores a un brote: costes reales que casi nunca se atribuyen al sarampión que los causó.
Los niños que más riesgo corren en un brote son los demasiado pequeños para vacunarse: la primera dosis de ROR se administra normalmente entre los 12 y los 15 meses en Estados Unidos y a los 12 meses en el Reino Unido. Dependen por completo de la inmunidad de quienes los rodean. Los dos bebés canadienses que murieron y el 15 % de menores de cinco años hospitalizados en Estados Unidos son el coste directo de las brechas de cobertura entre niños mayores y adultos [17] [47] [22].
Frenar los brotes, además, sale caro. Un análisis dirigido por los CDC sobre 11 brotes ocurridos en Estados Unidos entre 2001 y 2018 halló un coste mediano de la respuesta de salud pública de 32.805 dólares por caso y de 152.308 dólares por brote, con costes por caso que oscilaban entre 7.396 y 76.154 dólares ✓ Hecho establecido [49]. El brote de 2019 en el condado de Clark (Washington), con 71 casos, costó en total unos 3,4 millones de dólares, es decir, 47.479 dólares por caso, de los que aproximadamente 2,3 millones correspondieron a la respuesta de salud pública y 1,0 millón a la pérdida de productividad [50]. Cada caso obliga a rastrear y contactar a decenas de personas expuestas, comprobar su inmunidad y, en ocasiones, ponerlas en cuarentena. A esos precios, los 4.410 casos registrados en Estados Unidos en 2026 suponen, con una simple multiplicación del coste mediano por caso, un gasto de respuesta de salud pública muy superior a 100 millones de dólares antes de contar ninguna factura médica [49] [1].
El sarampión no regresa solo. Inglaterra registró 14.905 casos de tos ferina en 2024 y diez muertes de lactantes; Estados Unidos, 35.435 casos ◈ Evidencia sólida [28] [29]. En Japón, los casos de tos ferina superaron los 31.000 a mediados de 2025, ocho veces el total de 2024, en parte por cepas resistentes a los macrólidos [51]. En 2022 se detectó poliovirus en las aguas residuales de Londres, y ese mismo año un joven del condado de Rockland (Nueva York) quedó paralizado por un poliovirus derivado de la vacuna que, según los muestreos de aguas residuales, llevaba en torno a un año circulando de forma silenciosa [52]. Europa vivió su mayor brote de difteria en unos 70 años, con 359 casos en 2022 [53]. Son enfermedades con epidemiologías distintas, pero comparten la misma condición previa: una población con bolsas crecientes de personas no inmunes.
La estructura de costes del problema es perversa. Vacunar a un niño contra el sarampión es barato y se hace una o dos veces. Responder a un brote es caro y se hace cuando los niños ya están en el hospital ◈ Evidencia sólida [49] [50]. Los presupuestos que financian la prevención —atención primaria, visitas domiciliarias de enfermería, subvenciones de salud pública— son precisamente los que se han recortado en Inglaterra y, desde 2025, en Estados Unidos [36] [54]. Los que financian la respuesta a los brotes son presupuestos de emergencia, a los que se recurre a posteriori. Un sistema que ahorra en los primeros acabará gastando ese dinero, con intereses, en los segundos.
Seis países, una misma señal
Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Rumanía, Alemania y Japón, frente a frente
Ningún país rico es inmune al regreso del sarampión, pero el patrón varía: Norteamérica muestra largas cadenas alimentadas por las exenciones y la polarización; Inglaterra, un gradiente ligado a la pobreza; Rumanía, una cobertura desplomada, y Japón, la fragilidad de la propia eliminación ◈ Evidencia sólida [55] [13]. Compararlos permite separar la señal general del ruido local.
Estados Unidos es hoy la mayor prueba de si un país rico puede mantener la eliminación del sarampión bajo tensión política. Declaró la eliminación en 2000, después de que el rebrote de 1989-1991 causara más de 55.000 casos y 123 muertes, sobre todo entre niños en edad preescolar no vacunados de zonas urbanas pobres: un fallo de acceso, no de convicciones ✓ Hecho establecido [32] [56]. El rebrote actual tiene otro perfil. Las exenciones en preescolar rondan ya el 4 % a escala nacional y superan el 5 % en 24 estados, y los brotes de 2026 se han propagado por Utah, Pensilvania, Nueva York y otros estados en cadenas que la OPS examina ahora [24] [1] [20]. Noel Brewer, que preside el comité estadounidense encargado de documentar la eliminación del sarampión, declaró a STAT en agosto de 2026 que el fracaso del país a la hora de evitar muertes infantiles por una enfermedad prevenible era solo suyo [20].
Canadá es el país que ya ha cruzado el umbral. Su estatus de eliminación, vigente desde 1998, terminó el 10 de noviembre de 2025 ✓ Hecho establecido [2]. Canadá concentró en torno a la mitad de todos los casos de sarampión de las Américas en 2025, con una transmisión centrada en comunidades menonitas de habla bajo alemana del suroeste de Ontario y en Alberta, la provincia más castigada en proporción a su población [27]. El brote se dio por terminado el 19 de octubre de 2026, tras 6.417 casos vinculados [18]. Canadá demuestra que un país de renta alta, con sanidad universal y sin ninguna política federal antivacunas organizada, puede perder igualmente la eliminación cuando las brechas de cobertura se concentran en comunidades muy cerradas y con poco contacto con los servicios convencionales.
Inglaterra combina una media nacional en descenso con un acusado gradiente social. La cobertura con dos dosis de ROR a los cinco años fue del 83,7 % en 2024-2025, la más baja desde 2009-2010, con Londres en el 73,3 % en 2023-2024 ✓ Hecho establecido [25] [40]. La brecha vinculada a la pobreza se duplicó con creces entre 2019 y 2023 [34]. El Reino Unido perdió por segunda vez el estatus de eliminación en enero de 2026 [3] [5]. Vanessa Saliba, epidemióloga consultora de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA), advirtió de que las infecciones pueden volver con rapidez cuando cae la vacunación infantil [5]. El caso inglés es lo más parecido a un diagnóstico puro del sistema: la confianza en la ROR no se ha hundido, pero los servicios que la administran se han ido adelgazando.
Rumanía es el caso europeo extremo. Notificó 30.692 casos de sarampión en 2024 según la OMS Europa, y 27.568 casos y 18 muertes según la vigilancia del ECDC a escala de la UE, más de tres cuartas partes de todos los casos de la UE/EEE ese año ✓ Hecho establecido [4] [13]. La cobertura con la primera dosis en Rumanía había caído por debajo del 80 % en 2023, al igual que en Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Macedonia del Norte [4]. Los brotes rumanos se prolongan desde hace años, lo que convierte al país en una advertencia sobre adónde conduce una cobertura baja y sostenida cuando pasa a ser la norma y no la excepción [13] [4].
Alemania y Japón representan dos versiones distintas de un éxito parcial. Alemania introdujo en marzo de 2020, con la Ley de Protección contra el Sarampión (Masernschutzgesetz), la obligación de vacunarse contra el sarampión para acudir a guarderías y escuelas, con multas de hasta 2.500 euros ✓ Hecho establecido [57]. Según los datos disponibles, la cobertura con dos dosis a los 24 meses subió del 70 % al 77 %, y al ingresar en la escuela, del 89 % al 92 % entre 2019 y 2023, aunque solo dos estados federados alcanzan el 95 % [58]. Alemania registró 637 casos en 2024 [13]. Japón, cuya eliminación del sarampión se verificó en 2015, registró 265 casos en 2025 y 498 casos confirmados hasta la semana 20 de 2026, más que en cualquier año completo desde 2020 ✓ Hecho establecido [59] [55]. La cobertura con la primera dosis bajó del 95,4 % en el ejercicio fiscal 2022 al 92,7 % en el ejercicio fiscal 2024 [55].
La historia de Japón aporta una segunda lección: las sacudidas políticas resuenan durante décadas. El país retiró su vacuna ROR en 1993, después de que se registraran casos de meningitis aséptica asociados a la cepa Urabe del virus de la parotiditis en aproximadamente una de cada 900 dosis, y desde entonces la vacunación contra las paperas sigue siendo voluntaria ✓ Hecho establecido [60]. Por otra parte, un brote de rubéola en 2018-2019 superó los 5.000 casos, sobre todo entre hombres de cuarenta y cincuenta años que no se habían vacunado de niños, y cinco bebés nacieron con síndrome de rubéola congénita [61]. Japón respondió con pruebas de anticuerpos y vacunación gratuitas para los hombres nacidos entre 1962 y 1979 [61]. Los autores de un estudio de 2026 sobre el rebrote del sarampión en Japón extrajeron una conclusión general: la eliminación es reversible en cualquier lugar [55].
Leídos en conjunto, los seis países muestran que la señal del sarampión es general, pero sus causas son locales. En Norteamérica, los factores dominantes son la legislación sobre exenciones, la concentración comunitaria y la polarización política ◈ Evidencia sólida [6] [24] [27]. En Inglaterra, el factor es un sistema de administración de vacunas cada vez más escaso y desigualmente repartido [34] [36]. En Rumanía, un fallo de acceso de larga duración [4]. En Japón, la aritmética de los casos importados al encontrarse con una cobertura que ha caído justo por debajo del 95 % [55]. Alemania demuestra que la obligatoriedad puede elevar la cobertura sin alcanzar, por sí sola, el objetivo [58]. Cada uno de estos países podría contarse una historia tranquilizadora sobre su media nacional. El sarampión ha sido más honesto.
La respuesta política
Obligatoriedad, presupuestos y el giro estadounidense
Italia, Francia, Alemania, California y Nueva York endurecieron sus requisitos de vacunación entre 2015 y 2020, y en la mayoría de los casos la cobertura aumentó ◈ Evidencia sólida [63] [65] [66]. Desde 2025, la política federal de Estados Unidos ha ido en sentido contrario: ha desmantelado el comité asesor nacional de vacunas, ha recortado el calendario infantil y ha reducido la financiación de la salud pública [67] [68] [54].
Las herramientas políticas para elevar la cobertura están bien probadas. Los requisitos de vacunación para entrar en la escuela y en la guardería son la palanca más poderosa, y las pruebas sobre su eficacia son en general positivas ◈ Evidencia sólida [63] [65] [66]. La ley italiana de 2017 elevó de cuatro a diez el número de vacunas infantiles obligatorias y vetó el acceso a las guarderías a los niños sin vacunar. La cobertura con la primera dosis contra el sarampión, que había caído del 90,4 % en 2013 al 85,3 % en 2015, subió al 94,4 % en 2019 [63]. Francia amplió su lista de vacunas obligatorias de tres a once para los nacidos a partir de 2018; en Auvernia-Ródano-Alpes, la cobertura con la primera dosis de ROR a los 12 meses pasó del 85,5 % al 87,7 % [64]. La obligación alemana de 2020 elevó la cobertura con dos dosis al ingresar en la escuela del 89 % al 92 % [58].
Las pruebas norteamericanas apuntan en la misma dirección. La ley SB277 de California, en vigor desde 2016, suprimió las exenciones por convicciones personales para la escolarización; la proporción de niños de preescolar sin el calendario al día bajó al 4,87 % en 2017, aunque las exenciones médicas casi se triplicaron porque algunas familias encontraron una vía alternativa ◈ Evidencia sólida [65]. Nueva York derogó las exenciones religiosas en junio de 2019, en plena oleada de brotes, y un estudio de cohortes posterior halló que la cobertura aumentó en las escuelas situadas fuera de la ciudad de Nueva York sin un incremento compensatorio de las exenciones médicas [66]. La política australiana No Jab No Pay, que desde 2016 vinculó las prestaciones familiares a la vacunación, logró poner al día a casi uno de cada cinco jóvenes que no estaban completamente vacunados contra el sarampión en sus dos primeros años [69], aunque un estudio de la Universidad de Australia Occidental sostuvo que la cobertura ya venía aumentando y que el efecto de la medida se había exagerado ⚖ Controvertido [70].
Desde 2025, la política federal de Estados Unidos ha avanzado en la dirección opuesta. El 9 de junio de 2025, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., destituyó a los 17 miembros del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) de los CDC, el órgano que fija el calendario nacional de vacunación, y nombró a ocho sustitutos ✓ Hecho establecido [67]. En septiembre de 2025, el comité reconstituido votó en contra de la vacuna combinada contra el sarampión, la parotiditis, la rubéola y la varicela para menores de cuatro años [71]. El 5 de enero de 2026, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) redujo de 17 a 11 las enfermedades incluidas en el calendario infantil sistemático, sin seguir el procedimiento habitual del ACIP [68]. El 16 de marzo de 2026, un juez federal dictó una medida cautelar que dejó en suspenso los nuevos nombramientos del ACIP, las votaciones del comité reconstituido y el calendario de enero [72].
El daño institucional fue más allá del calendario. La Casa Blanca destituyó a la directora de los CDC, Susan Monarez, el 28 de agosto de 2025, menos de un mes después de su confirmación, y varios altos cargos presentaron su dimisión ✓ Hecho establecido [73]. En marzo de 2025, el HHS canceló 11.400 millones de dólares en subvenciones de la época de la pandemia destinadas a los departamentos de salud estatales y locales, un dinero que financiaba en parte la vacunación sistemática y la vigilancia epidemiológica [54]. En junio de 2025, Estados Unidos retiró un compromiso de 1.600 millones de dólares con Gavi, la alianza internacional para las vacunas [74]. En septiembre de 2025, Florida anunció un plan para suprimir todas las obligaciones de vacunación, incluidas las exigidas para la escolarización, aunque en abril de 2026 el Parlamento estatal no había eliminado ninguna y se había limitado a añadir una exención por motivos de conciencia [75] [76].
Hay niños que sufren y mueren por una enfermedad que ya sabemos prevenir, y ese fracaso es enteramente nuestro.
— Noel T. Brewer, presidente del Comité Nacional de Sostenibilidad para la Eliminación del Sarampión de EE. UU., agosto de 2026 [20]La respuesta federal al brote de Texas ilustró ese giro. Durante el brote, Kennedy promovió la vitamina A y el aceite de hígado de bacalao como tratamientos, en lugar de poner la vacunación en primer plano ◈ Evidencia sólida [77]. La OMS recomienda, en efecto, la vitamina A para los niños con sarampión, sobre todo donde la carencia es frecuente, y en esos contextos reduce los desenlaces graves [9]. Pero el Covenant Children’s Hospital de Lubbock atendió a niños con sarampión que presentaban niveles elevados de vitamina A y alteraciones de la función hepática, y un pediatra local afirmó que algunos padres administraban dosis altas en lugar de vacunar [78]. Peter Hotez, del Baylor College of Medicine, señaló que la vitamina A se convierte en «una distracción» frente a la vacunación de los niños [77]. El problema no era la vitamina, sino que el mensaje oficial sustituyera la prevención por el tratamiento.
| Riesgo | Gravedad | Evaluación |
|---|---|---|
| Pérdida del estatus de eliminación en EE. UU. | La OPS revisa el estatus de Estados Unidos en noviembre de 2026 tras cadenas continuas desde enero de 2025; los 4.410 casos registrados a mediados de octubre hacen probable que se constate una transmisión ininterrumpida [20] [1]. | |
| Alteración del calendario federal y del comité asesor | Una medida cautelar ha suspendido el calendario de enero de 2026 y el ACIP reconstituido, pero la disputa deja a médicos y padres con recomendaciones contradictorias [72] [68]. | |
| Aumento de las exenciones en los estados de EE. UU. | Las exenciones en preescolar rondan el 4 % a escala nacional y superan el 5 % en 24 estados, lo que concentra la susceptibilidad en núcleos [24]. | |
| Deterioro de los sistemas de vacunación en Inglaterra | El número de enfermeras de visita domiciliaria cayó alrededor de un 21 % en cinco años, y la brecha socioeconómica en la segunda dosis de ROR se duplicó con creces [36] [34]. | |
| Recortes en la financiación mundial | UNICEF advierte de que el déficit de financiación limita la vacunación contra el sarampión de más de 15 millones de niños en contextos frágiles, lo que aumenta la presión de los casos importados sobre los países ricos [79]. |
El panorama de la financiación internacional agrava el nacional. En abril de 2025, la OMS y UNICEF alertaron de que los recortes en la financiación de la salud mundial ponían en peligro los avances contra el sarampión, y la directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, afirmó que la crisis de financiación estaba «limitando gravemente nuestra capacidad de vacunar contra el sarampión a más de 15 millones de niños vulnerables en países frágiles y afectados por conflictos» ✓ Hecho establecido [79]. Los países ricos importan el sarampión de dondequiera que circule. El rebrote de 2026 en Japón se debió en gran medida a casos importados, y la máxima responsable de salud pública de Canadá advirtió, al darse por terminado el brote, de que el país debía esperar nuevos casos vinculados a viajes [55] [18]. Infrafinanciar la vacunación en el extranjero multiplica las chispas que caen sobre las brechas de cobertura nacionales.
Todas las obligaciones estudiadas aquí elevaron la cobertura, pero ninguna alcanzó por sí sola el 95 % con dos dosis, y California demostró cómo las familias decididas sortean las normas. La obligatoriedad corrige la brecha de confianza en el margen. No hace nada por el niño cuya familia no consigue cita, o al que nadie hace un seguimiento [65] [58] [34].
El terreno en disputa
Donde las pruebas se dividen
Cuatro cuestiones dividen a investigadores y responsables políticos: si la obligatoriedad eleva la cobertura o endurece la oposición; si la caída de la cobertura refleja reticencia o un acceso deficiente; si las cifras oficiales de mortalidad exageran el riesgo en los países ricos, y hasta qué punto la desconfianza institucional impulsa el declive ⚖ Controvertido [80] [81] [34] [6]. En todas ellas hay pruebas en ambos sentidos.
La primera cuestión en disputa es si los requisitos de vacunación elevan la cobertura o endurecen la oposición ⚖ Controvertido [80] [81]. Los datos de cobertura de Italia, Francia, Alemania, California y Nueva York muestran aumentos tras el endurecimiento de los requisitos [63] [64] [58] [65] [66]. Un estudio experimental con población estadounidense halló que exigir la vacunación reforzaba la intención de vacunarse en todos los niveles de reactancia psicológica, el rasgo que lleva a las personas a resistirse cuando se les dice lo que deben hacer [80]. En el otro lado, la investigación cualitativa de la politóloga Katie Attwell constató que las políticas de mano dura pueden afianzar la oposición de una minoría comprometida, y la experiencia de California mostró que las familias decididas a evitar la vacunación pueden desplazarse hacia las exenciones médicas [81] [65]. El balance de las pruebas favorece los requisitos para elevar la cobertura media; la incógnita es qué efecto tienen en los núcleos más reacios, que es donde empiezan los brotes.
La segunda cuestión es si la caída de la cobertura es sobre todo un problema de reticencia o de acceso ⚖ Controvertido [34] [38]. En Estados Unidos, el debate público lo plantea como reticencia, y el aumento de las exenciones no médicas respalda ese enfoque en el caso de una minoría creciente [24] [6]. Pero en Inglaterra los mayores descensos se dan entre las familias más desfavorecidas, mientras la confianza declarada en la ROR sigue siendo alta, lo que apunta al acceso y al seguimiento [34] [37]. El rebrote estadounidense de 1989-1991, que mató a 123 personas, se debió a la falta de acceso en las zonas urbanas, no a las convicciones [32]. El estudio de Newham sugiere que ambos factores suelen coexistir en la misma familia: el progenitor con dudas leves que además no consigue cita con facilidad es aquel cuyo hijo se queda sin vacunar [35]. Tratar cada brecha como reticencia supone gastar dinero en persuasión allí donde bastaría con facilitar las cosas.
Los CDC afirman que casi entre 1 y 3 de cada 1.000 niños infectados de sarampión morirán por complicaciones respiratorias y neurológicas ⚖ Controvertido [48]. Las tasas observadas recientemente en los países ricos varían: Estados Unidos registró tres muertes entre más de 2.250 casos en 2025, aproximadamente 1,3 por cada 1.000, mientras que Canadá registró dos muertes de lactantes entre 6.417 casos del brote, alrededor de 0,3 por cada 1.000 [15] [18]. Los verificadores de datos han rebatido tanto afirmaciones que exageraban la mortalidad como otras que la minimizaban, y las tasas basadas en un número reducido de muertes son inestables [82].
La tercera cuestión es la propia tasa de mortalidad. La cifra de los CDC, de 1 a 3 muertes por cada 1.000 niños infectados, es la estimación de referencia en salud pública ⚖ Controvertido [48]. Los escépticos sostienen que exagera el riesgo en los países de renta alta con cuidados intensivos modernos, y señalan las tasas observadas, muy inferiores, en el brote de Canadá [18] [82]. Los investigadores de salud pública responden que la muerte no es más que el desenlace más visible: la hospitalización de uno de cada cinco casos no vacunados, la encefalitis, la amnesia inmunitaria y esa rara pero mortal enfermedad cerebral que puede aparecer años después constituyen la carga principal [48] [30]. La disputa de 2026 sobre el recuento de muertes en Estados Unidos muestra cómo este debate se politiza: una cifra oficial más baja se interpreta en un bando como motivo de tranquilidad y en el otro como ocultación [1] [47].
La cuarta cuestión es hasta qué punto la pérdida de confianza en las instituciones impulsa el retroceso de la cobertura. Las encuestas dejan claro que el apoyo a los requisitos escolares ha caído con fuerza entre los republicanos de Estados Unidos, y el estudio de historiales médicos de 2026 demuestra que la identidad partidista ya predice el rechazo a las vacunas en los niños pequeños ◈ Evidencia sólida [38] [6]. Los datos de Gallup muestran un largo declive de la proporción de estadounidenses que consideran extremadamente importante la vacunación infantil [43]. Pero la confianza en la propia vacuna ROR sigue siendo alta en ambos partidos, y las caídas de cobertura en Inglaterra y Japón se produjeron sin un realineamiento partidista comparable ⚖ Controvertido [38] [55] [25]. En Norteamérica, la desconfianza es un poderoso amplificador, pero no una explicación universal.
La tesis del fallo de los sistemas
En Inglaterra, la brecha en la cobertura de la segunda dosis de ROR entre las zonas menos y más desfavorecidas pasó de 5,3 a 11,5 puntos entre 2019 y 2023 [34].
El número de enfermeras de visita domiciliaria en Inglaterra cayó alrededor de un 21 % entre 2016 y 2021 [36].
En 2025, 7,3 millones de lactantes de todo el mundo recibieron una primera dosis de DTP, pero nunca llegaron a su primera dosis contra el sarampión [11].
El rebrote estadounidense de 1989-1991 se debió a la falta de acceso en las zonas urbanas, no a las convicciones [32].
El 84 % de los estadounidenses, incluido el 78 % de los republicanos, considera que los beneficios de la ROR superan sus riesgos [38].
La tesis del fallo de la confianza
La brecha partidista en el rechazo a las vacunas infantiles alcanzó 9,2 puntos entre los niños nacidos en 2021 [6].
El apoyo republicano a exigir la ROR en las escuelas cayó del 79 % en 2019 al 52 % en 2025 [38].
Las exenciones en preescolar en Estados Unidos rondaron el 4 % en 2025-2026 y superaron el 5 % en 24 estados [24].
En 2025-2026 se destituyó al comité asesor nacional de vacunas y se recortó el calendario infantil [67] [68].
La importancia percibida de las vacunas infantiles disminuyó en 52 de 55 países tras el inicio de la pandemia [39].
Ambas tesis no son excluyentes, y los brotes de 2025 y 2026 sugieren que se refuerzan mutuamente ◈ Evidencia sólida [34] [6]. Cuando los servicios escasean, las familias con más probabilidades de quedar fuera son las más pobres y peor conectadas. Cuando la confianza se polariza, las familias con más probabilidades de excluirse se concentran en determinadas comunidades. El sarampión aprovecha ambos tipos de brecha y se propaga con mayor rapidez allí donde se superponen: en una congregación con muchas exenciones atendida por un centro de salud desbordado, o en un barrio desfavorecido con una plaza de enfermera de visita domiciliaria sin cubrir y unos padres cuyas dudas nadie tiene tiempo de atender [35] [26].
Detrás del debate sobre la confianza está el ecosistema de la desinformación, cuya escala es más fácil de medir que su efecto. En 2021, el Center for Countering Digital Hate atribuyó a doce cuentas el 65 % de 812.000 publicaciones antivacunas difundidas en Facebook y Twitter durante seis semanas; una de ellas era la de Robert F. Kennedy Jr. ◈ Evidencia sólida [83]. Meta cuestionó la metodología [83]. El artículo que sembró las dudas modernas sobre la ROR, publicado por Andrew Wakefield en The Lancet en 1998, fue retirado por completo en 2010 [62]. Un cuarto de siglo de desmentidos no ha impedido que la afirmación central siga circulando, lo que sugiere que corregir la información es necesario, pero insuficiente. Nadie confía en un dato más de lo que confía en la institución que se lo transmite [84] [38].
Lo que nos dice el canario
El sarampión como medida de la salud de los sistemas
El regreso del sarampión a Norteamérica y Europa no es, ante todo, una historia sobre un virus. Es una medición de si los sistemas sanitarios siguen llegando a todos los niños y de si la ciudadanía sigue confiando en las instituciones que le piden que los vacune ◈ Evidencia sólida [34] [6] [14]. En ambos aspectos, las lecturas de 2024 a 2026 son las peores en una generación.
Las pruebas reunidas en este informe sustentan una conclusión clara. El sarampión ha vuelto a los países más ricos porque la cobertura ha caído unos pocos puntos por debajo del 95 % aproximado que exige el virus, y porque esos puntos se concentran en núcleos donde los brotes empiezan y crecen ◈ Evidencia sólida [22] [7] [26]. Las causas de la caída varían según el país —acceso y plantillas en Inglaterra, exenciones y polarización en Estados Unidos, concentración comunitaria en Canadá, fallo de acceso prolongado en Rumanía, casos importados en Japón—, pero el resultado es el mismo: la eliminación, que en su día se dio por permanente, ha resultado ser reversible [55] [2] [3].
Eso convierte al sarampión en un instrumento diagnóstico de valor excepcional. Su número de reproducción, de entre 12 y 18, le permite detectar brechas de inmunidad que enfermedades más lentas tardarían años en revelar ✓ Hecho establecido [7]. La tos ferina, la poliomielitis y la difteria ya lo han seguido de vuelta a los países ricos entre 2022 y 2025 [28] [52] [53]. Un país que vigile de cerca los brotes de sarampión, y se pregunte dónde y por qué se producen, obtiene una alerta temprana sobre la solidez de todo su programa de vacunación infantil y, en términos más amplios, sobre si su atención primaria y sus servicios de salud pública siguen llegando a las familias que más los necesitan.
Los brotes de Inglaterra siguen un gradiente de pobreza cada vez más acusado en la cobertura de la segunda dosis de ROR, y los de Norteamérica, los núcleos de exenciones y el rechazo partidista ◈ Evidencia sólida [34] [6] [24]. La eliminación en Canadá terminó en comunidades con poco contacto con los servicios convencionales, y Estados Unidos afronta una revisión de la OPS tras 4.410 casos en 2026 [27] [1] [20].
Las lecciones políticas se desprenden del diagnóstico. Donde el problema es el acceso, el remedio es la comodidad: consultas por la tarde y los fines de semana, vacunación en farmacias, campañas de recuperación en las escuelas y recaptación activa de los niños que se saltan dosis ◈ Evidencia sólida [34] [35]. Donde el problema es el seguimiento, el remedio son las plantillas y los datos: enfermeras de visita domiciliaria, enfermeras escolares y registros que señalen en tiempo real las dosis omitidas [36] [37]. Donde el problema es la confianza, la obligatoriedad eleva la cobertura media, pero los núcleos donde prenden los brotes necesitan además mensajeros locales creíbles e instituciones nacionales coherentes [80] [81] [63]. Ninguna palanca alcanza por sí sola el 95 %, como demuestra el éxito parcial de Alemania [58].
- Para las agencias de salud pública: publicar la cobertura por escuela y por barrio, no solo las medias nacionales, para que los núcleos de riesgo sean visibles antes de que empiecen los brotes [23] [26] ◈ Evidencia sólida.
- Para los sistemas sanitarios: financiar el personal de seguimiento —enfermeras de visita domiciliaria y enfermeras escolares— que localiza a los niños sin vacunar, porque la cobertura cae primero allí donde ese personal escasea [36] [34] ◈ Evidencia sólida.
- Para los legisladores: los requisitos de vacunación para la escolarización con exenciones limitadas elevan la cobertura, como demuestran Italia, Francia, Alemania, California y Nueva York [63] [64] [58] [65] [66] ✓ Hecho establecido.
- Para los donantes internacionales: financiar la vacunación contra el sarampión en el extranjero reduce los casos importados que siembran brotes en casa [79] [55] ◈ Evidencia sólida.
- Para quien lea datos de brotes: tratar cada brote como un informe sobre el sistema y preguntarse qué fallo predomina en ese lugar: el acceso, el seguimiento o la confianza [34] [6] ◈ Evidencia sólida.
Estados Unidos es el caso que habrá que seguir en los próximos meses. La OPS debe revisar su estatus de eliminación en noviembre de 2026, tras unas cadenas de transmisión que comenzaron en enero de 2025 ✓ Hecho establecido [19] [20]. Si Estados Unidos pierde su estatus, se sumará a Canadá y al Reino Unido en el grupo de países ricos que lograron una de las victorias más nítidas de la salud pública y luego la dejaron escapar. La causa no será el virus, que no ha cambiado, sino la aritmética de unos pocos puntos porcentuales, las instituciones que antes los cubrían y la confianza que hacía funcionar a esas instituciones.
La metáfora del canario resulta acertada en un sentido más. Los mineros no vigilaban a los canarios por preocupación por los pájaros; los vigilaban porque estos detectaban un peligro invisible antes de que alcanzara a los propios mineros ◈ Evidencia sólida [8] [7]. El sarampión desempeña ese papel para los sistemas sanitarios. Está detectando un deterioro que, si no se ataja, se manifestará en la tos ferina, la poliomielitis y la difteria, y en una pérdida más general de la capacidad de llegar a la ciudadanía y de persuadirla [28] [52] [53]. Las lecturas de 2024 a 2026 son claras. Que los países ricos las tomen como una advertencia o como ruido determinará lo que muestren las próximas.